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“No tienes que viajar al otro extremo del mundo para dar ayuda o hacer la diferencia. Muchos de los problemas que vemos en un país subdesarrollado los podemos encontrar muy cerca de nosotros”.
Mi nombre es Charles Adams y me gustaría compartir mi experiencia con todos ustedes. El 18 de marzo del 2009 llegué a mi lugar de destino: Asunción, Paraguay. Tan pronto como pisé suelo Paraguayo supe que mi vida cambiaría…para bien claro está.
En enero del año 2008, tuve la maravillosa oportunidad de estudiar en el extranjero, en Ghana, con mi Alma Mater, la Universidad de Elon. Mientras estuve en Ghana, fui testigo de algunas de las horribles situaciones que existían en el mundo, también llegué a comprender lo fuerte que pueden llegar a ser las personas.
Al regresar de mi viaje a Ghana, me prometí volver a África en cuanto tuviera otra oportunidad. La suerte estuvo de mi lado al concederme mi deseo en poco tiempo. Casi un mes después, mi hermana Catherine me preguntó si quería acompañarla a un viaje de misión a Kenia, Uganda y Ruanda. Inmediatamente dije que SI, sin preguntar detalles ni pedir permiso a mis padres.
Estos viajes, junto con mi interés personal me encaminaron al concepto del voluntariado o de ofrecer mi tiempo a otros. Cuando decidí ser voluntario, supe inmediatamente que quería hacerlo en el extranjero. Siempre me ha apasionado viajar y conocer tantas culturas como se pueda; hacer esto permite a las personas tener mayor conocimiento en diferentes áreas y abrir su mente a nuevas posibilidades.
Animado por esto, empecé a investigar en Internet. Eventualmente, encontré la página de Internet de Hábitat para La Humanidad Internacional y me enteré acerca del Programa Internacional para Voluntarios. Enseguida empecé a mandar varios correos electrónicos para averiguar más acerca de la posición, que era lo que tendría que hacer como voluntario y para determinar si el voluntariado era realmente lo que quería hacer. Después de pensarlo detenidamente, decidí que estaba tomando el camino correcto y haciendo lo apropiado.
Toda mi vida he tenido el deseo y la voluntad de ayudar a quienes lo necesitan. Reconozco que he sido privilegiado y he podido hacer muchas cosas en mi vida, mientras otros, desafortunadamente, no han tenido tanta suerte. El simple hecho de ir a la cocina, tomar un vaso de agua fría del refrigerador y beberlo es una tarea aparentemente simple. Sin embargo, no lo es, aunque muchas veces lo damos por sentado.
A continuación, fui convocado para venir aquí, a Paraguay y ser voluntario en el Programa de Aldea Global. Soy Asistente Voluntario de Movilización donde ayudo a planificar, organizar e implementar la logística de los viajes para los voluntarios internacionales y nacionales. Debido a que somos 2 personas en el departamento, pudimos dividir la carga de trabajo y pude enfocarme principalmente en los voluntarios internacionales. Básicamente nos encargamos de conversar con el líder o lideres de cada equipo e investigar sobre lo que el grupo quiere hacer durante su estancia. Luego, tomando en cuenta las necesidades y requerimientos, hacemos el plan de trabajo diario.
Ser parte de este programa ha sido muy emocionante, he podido hacer amigos de todo el mundo. Actualmente, tengo amigos en Irlanda, Canadá, Australia y Paraguay. También he agregado unos cuantos amigos estadounidenses a mi lista.
El tiempo que he pasado aquí me ha enseñado a sobrevivir por mi cuenta y me ha dado una nueva y profunda confianza. He sido capaz de construir una casa de la nada. Por supuesto, este proceso es fácilmente llevado a cabo cuando estás rodeado de personas maravillosas que te abren sus brazos y hogares. Regularmente se referirán a ti como el Yankee, Gringo, Americano, Norte Americano, Extranjero…del vecindario. Las personas aquí son increíblemente amistosas y cálidas lo que hace más fácil disfrutar mi estadía.
Actualmente, estoy en el proceso de organizar mis planes para el próximo año. El tiempo transcurrido aquí ha sido tan grandioso que he decidido regresar y trabajar en este país un año más. Esto me ha llevado a invertir tiempo mandando correos electrónicos a diferentes empresas y reunirme con varias personas para encontrar trabajo. Durante este proceso he tenido que valerme de las habilidades sobre negocios aprendidas en la universidad pero aplicadas a mi entorno actual. Esto significa utilizar un idioma diferente al mío, por lo tanto, si soy capaz de ir a varias empresas y entrevistarme en español, estoy seguro que cuando sea el momento de regresar a mi país y tener entrevistas de trabajo, no tendré de que preocuparme. Si puedo hacer esto en un segundo idioma, ¡hacerlo en mi idioma natal será muy fácil!
Quiero dejar claro que al decir que “esta gente abre sus hogares a todas las personas” …literalmente me refiero a que abren su puerta principal y, más específicamente, su cocina. Es IMPOSIBLE entrar a la casa de alguien sin llegar a su cocina y comer algo. No importa si acabas de comer o si vas a hacerlo después, tienes que comer algo ahí. Cuando te preguntan si quieres algo de comer, no es realmente una pregunta, es una orden: vas a comerte la empanada que te ofrecen como si tu vida dependiera de ello. No puedes ser descortés y negarte, así que cuando regresas a casa y tu familia y amigos notan tu cara un poco más gorda y un nuevo hoyo ha aparecido en tu cinturón, ¡no te preocupes!, tienes una excusa. Todo lo que tienes que decir es que estabas acoplándote a la cultura del país y no querías parecer descortés o ignorante.
No solamente he hecho nuevas amistades y mejorado la confianza en mí mismo, sino que también he aprendido a vivir verdaderamente y apreciar las cosas que tengo. He pasado un año entero viviendo únicamente con los recursos básicos y nada más. Pronto aprendes que hay tiempos bastante duros a veces, pero al final siempre se sobrevive. Por ejemplo, he pasado un año sin ir a comer a Subway, o probar las papas fritas de Chili’s, sin aire acondicionado y sin ver la temporada de football de la NFL, ha sido verdaderamente difícil pero lo he logrado. Me ha ayudado mucho el saber que mi equipo (los Redskins de Washington) tuvo una temporada muy mala, pero de cualquier manera, un verdadero fanático quiere ver a su equipo jugar aún si pierde. He aprendido una importante lección: no te sientas avergonzado por tener todas las cosas que tienes, de hecho, acéptalas, agradécelas y luego haz lo que debas hacer para dar algo a cambio.
Cuando me siento a pensar sobre el tiempo que he pasado aquí, siempre me viene a la mente el grupo que tuvimos en Julio. En Julio, recibimos a tres grupos de Aldea Global al mismo tiempo. La logística fue una pesadilla ya que tuvimos que hacer una cantidad exorbitante de planes tomando en cuenta cada pequeño detalle. Afortunadamente, pudimos arreglarlo de manera que todos los grupos pudieran trabajar en el mismo sitio de construcción. En total, habían 31 personas de Irlanda (17), Canadá (12), Australia (2). Puedo decir sinceramente que no se perdió ni un segundo con estos grupos, siempre había algo que llamaba tu atención. Pero también, cuando estás a cargo de 31 personas (algunos mayores que yo), siempre surge algo.
En la semana que trabajamos en Itapúa, Paraguay, construimos ocho casas en solo cinco días. Escogí al grupo de Irlanda por ser un equipo poco usual. De las 17 personas, solamente ocho eran originarias de Irlanda, las otras nueve venían de diferentes países: España, Zimbabue, Polonia, África del Sur, Moldavia, Austria, Vietnam, Rumania e Italia. Deben estarse preguntando el porqué de tantas nacionalidades en un solo grupo, déjenme explicarles: el líder de este equipo está a cargo de una organización que ayuda a jóvenes irlandeses en riesgo y muchas de las personas de los otros países radican en Irlanda ayudando a Fergus con su trabajo.
En el transcurso de la semana, el grupo socializó y todos se volvieron muy buenos amigos. Para mantener el buen ambiente y llevar un poco de Irlanda a Paraguay, Fergus y algunos de “los muchachos” trajeron sus guitarras y mandolinas. Cada noche había concierto en el hotel y una nueva canción a la hora de la comida. Durante la semana cantamos las siguientes canciones: The Boxer, Take Me Home (Country Road), American Pie, The Galway Girl, Whiskey in the Jar, You Are Not Alone, Let It Be… y la lista sigue.
Además de cantar canciones (y… ¡ah claro! …construir casas), también jugamos varios partidos de fútbol. La mayoría de estos partidos eran dentro de un gimnasio y cada juego tiene su propia historia. Aunque hablo ahora de este grupo, hay por contar muchas más historias y chistes.
Quiero que sepan que cualquiera que esté interesado en ser voluntario no tienes que viajar al otro extremo del mundo para dar ayuda o hacer la diferencia. Muchos de los problemas que vemos en un país subdesarrollado los podemos encontrar muy cerca de nosotros. Me imagino que cualquiera que de un paseo por su ciudad invariablemente verá pobreza, gente sin hogar y con hambre en las calles. Muchos de nosotros hemos sido muy afortunados de tener un techo donde vivir, comida en nuestra mesa cada día y personas que nos cuidan y aman. Ser voluntario es algo que debes hacer por tu propia cuenta sin esperar recibir nada a cambio.
Ser voluntario de Hábitat para la Humanidad Paraguay ha sido una experiencia excepcional y espero que aquellos que están leyendo esto (si aún siguen haciéndolo) consideren la opción del voluntariado en un futuro. Los recuerdos, las amistades y la experiencia valen cada minuto y cada centavo invertido.
¡Gracias por tomarse el tiempo para leer mi blog y buena suerte en todos sus proyectos futuros! Reciban bendiciones desde el corazón de América del sur.
Charles (Carlos) Adams

Un agradecimiento especial a voluntaria Cariño Roche Garcia por traducción de esta entrada.
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