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Por: Arq. Mario Andrés Ojeda Casanova.
Candidato a Maestro en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

HÁBITAT SOCIAL, LA BUSQUEDA DE UNA INTERVENCION INTEGRAL.

“…José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tal buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora de hacer calor…”.

-Gabriel García Márquez
Cien años de soledad.1

Se podría definir hábitat como las características físicas, naturales, espaciales, sociales, culturales y económicas, reunidas en torno al contexto vivencial de una comunidad.2

El interés particular en la presentación a ustedes esta breve síntesis de un trabajo conceptual más extenso es, identificar el proceso de conformación de la llamada “informalidad”3 en relación a la configuración socio-espacial presente en conformación de ciudad en el contexto como el nuestro, enfocado a la construcción del Hábitat.

Dentro del entendimiento de las dinámicas del crecimiento de la ciudad, con todas las diferencias que enmarca la diversidad de entornos, tradiciones y costumbres de cada territorio que se reflejan en la producción y generación de espacios habitacionales y la manera como estos son vividos por su ocupantes, específicamente en una ciudad intermedia con proyección de crecimiento poblacional, la cual tiene como característica preponderante, el ser influenciado por las diversas relaciones con la región y contextos alternos de particularidades diferentes a su desarrollo propio.

Los asentamientos populares autogenerados, van tejiendo su territorio como un hilván cada vez más complejo, en que grandes sectores de nuestra población hacen parte, construyendo un reflejo de la imagen de la ciudad que, en gran medida es el común denominador del escenario urbano colombiano y latinoamericano. Esta expresión física, se ve claramente manifiesta en la situación económica, social, política, en la concepción de imaginarios y en la cultura como marco de expresiones intangibles que se ven expresadas en la construcción social del hábitat de estos individuos y la forma de habitar en esta colectividad.

Distante de considerarse caótica o improvisada, esta forma de construir la ciudad posee su propia lógica, coherente con las necesidades y las posibilidades de los pobladores, los cuales conforman en el espacio maneras de interacción social particulares, alternativos a las vividas bajo el esquema de la formalidad, configurando así la conexión con la sociedad “normalizada” y dando pie a lo que Manuel Castell identifica como “la forma del espacio es el resultado de las relaciones sociales”.

El habitar, es el arte de expresión de un grupo (como comunidad) en su proceso de construcción del territorio, desde la pragmática autodidacta de sus gentes; es el estado del arte de la evolución de su nicho habitacional forjado por la experiencia, la prueba y el error, en el intento de crear su cobijo individual, familiar y tejer enlaces en la sociedad.

La construcción del hábitat, su apropiación y la forma de vivirlo, como un sistema social
comunitario

Hábitat: soporte físico /
Habitar: relación y procesos

El hombre, en la construcción de su territorio, mezcla y superpone tiempos y espacios, realiza reproducciones de elementos e imágenes que proyectan su visión del futuro con las bases de su pasado y donde la construcción de su hábitat es un ejercicio social, identificando la existencia de una memoria y de su expresión en un marco social en el espacio de cultura e identidad.

Hábitat implica vivir en un lugar, habitar es afirmar la presencia de la vida en el territorio.4

En el desarrollo de las urbes y en especial la producción del hábitat, se caracterizan las prácticas paralelas a la solución planteada por el orden de la lógica estatal gubernamental y legal utilizado por el modelo preponderante en la concepción ideal de un conjunto urbano. Existe dentro del margen del espacio en las periferias de la y en su propio interior, otra ciudad alterna la cual se construye y modifica día a día, producida al margen de las políticas públicas y de los productos inmobiliarios y asistencia promovidos por la iniciativa privada.

Esta alteridad enmarcada por la ciudad formal, se realiza con grandes esfuerzos tanto físicos, económicos, humanos y sociales, donde las familias y la comunidad de este entorno característico, han producido una gran variedad de asentamientos, generando unas soluciones habitacionales propias, que ayudan de esta manera a suplir el déficit de vivienda y sobre todo, está acorde a su condición económica caracterizada por sus bajos ingresos.

Esta, casi anónima, oculta para muchos, se ha constituido la ciudad informal, espontanea y dinámica la cual debido a estas características, presenta signos relacionados a la condición de emergencia, condición de la cual sobresale la especialidad de ser inconclusa en su conformación y por la cual desarrolla la particularidad de ser procesivo, así logra poco a poco la expansión de la vivienda, del barrio y en consecuencia el desarrollo comunitario del conjunto.

Así, la falta de comprensión y entendimiento sobre la complejidad de los procesos sociales envuelven la construcción de espacios enmarcados en esta condición en la búsqueda de una producción del hábitat social. El fenómeno y la magnitud de los asentamientos humanos precarios evidencian, sin lugar a dudas, el esfuerzo de la población que ante la necesidad de un lugar para vivir y la imposibilidad de adquirir en el mercado viviendas adecuadas a su capacidad en relación a proporción por tamaño y a su capacidad adquisitiva, las han ido construyendo, paso a paso, en diversas modalidades, combinaciones y métodos.

Los fenómenos que suceden en los asentamientos informales tiene expresiones y manifestaciones concretas en términos económicos, que es necesario conocer, dimensionar y contextualizar para, “formular algunas hipótesis orientadas a establecer correctivos y estímulos a través de políticas públicas y fuerzas de la economía de mercado que conduzcan a superar limitaciones de la producción social en cuanto a calidad, productividad y sostenibilidad urbana”.5

En otras palabras lo que se denomina “producción social del hábitat”, tiene que ser delimitado, cuantificado y analizado en términos económicos para comprender su magnitud, sus flujos y para poder dilucidar democráticamente las mejores opciones de política pública e instrumentos de fomento y apoyo, que potencien y mejoren la capacidad y calidad de la producción social en una perspectiva simbiótica y corresponsable de sociedad y estado, ciudad y ciudadanía.6

Esta idea normativa, como concepto de cuantificación sobre la calidad de vida, se queda corto al relacionar el manejo de la informalidad y la espacialidad de esta en relación al fenómeno social en las que aquí se desarrollan, solo con el aspecto económico, financiero y fiscal, cuando el valor agregado de estos asentamientos es la riqueza social y cultural que en la base de esta descansa, la cooperación, la relación interpersonal y la construcción social, aspectos y características presentes fundamentalmente hasta el proceso de consolidación. La seguridad y la convivencia están incluidas dentro de esas virtudes en las primeras etapas de ese crecimiento, factores que lastimosamente se van perdiendo a medida que se logra una madurez del conjunto por tantos motivos, pero sobre el cual sobresale el mismo abandono del estamento público, el distanciamiento de la articulación urbana, la localización del asentamiento y la necesidad de unos pocos del control, a como de lugar del territorio.

El objetivo final debe ser el de brindar elementos que permitan hacer otra lectura al fenómeno, desde una perspectiva crítica pero concreta en efectividad que parte de reconocer el esfuerzo y los aportes tangibles e intangibles de los pobladores, como un recurso vital capaz de ser orientado y aprovechado con mayor eficiencia para beneficio de los asentamientos populares y del conjunto de la sociedad.

Los diversos imaginarios, costumbres y hábitos, se entremezclan para crear la heterogeneidad compartida por la gente que construye su diario vivir. La ciudad informal, responde a nada más que el porcentaje necesario para el desarrollo de las personas que lo habitan, esta, es la producción habitacional que más se aproxima a ser equitativa en la proporción física de la construcción, que si bien se dice, carece de espacios abiertos verdes y de congregación presentes en el urbanismo formal, estos viven e interactúan apropiándose de la calle y los intersticios como parte de el espacio vivencial de su casa, integrándose al barrio como sistema integral de habitabilidad.

Por esto, los desarrollos autogenerados, han estado más cerca a las demandas y requerimientos habitacionales de los grupos quienes los producen, ya que ellos mismos han hecho a su medida, según sus capacidades y necesidades, en el cual dentro de su proceso de consolidación, estos asentamientos, presentan mejores condiciones de habitabilidad, sustentabilidad y debido a su paulatino proceso de construcción, genera cohesiones sociales características, diferentes a las presentadas en la ciudad formal y crean pertenencia con el territorio, la relación con el lugar (topofilia).

Así pues, la mirada que se le debe dar al hábitat como tal, entendiéndolo como un sistema complejo, en el cual confluyen diversos factores que afectan, condicionan y dan el lineamiento para el funcionamiento optimo del mismo, donde hábitat no solo se debe entender como problema-solución de vivienda (del cual es una parte muy importante y prima sobre otros factores), pero en el cual se deben aplicar programas que refuercen ese sistema básico de generación y provisión de cobijo, los cuales sean el medio de inclusión a la ciudad (como hecho físico y a la sociedad como complemento socio-cultural).

En relación a esto, la noción de hábitat debe ser integral y aplicada no solo al tratamiento único de la vivienda (en todos los ámbitos en los cuales esta se desarrolla, siendo informal, formal, emergencia, reubicación…etc.). Hábitat es la conjunción de sistemas habitacionales, educativos y espacio público con razón social en el marco del desarrollo sistémico incluido el compromiso económico entre las partes (oportunidades de empleo y seguridad social), para el crecimiento integral de los sujetos urbanos. Por eso, el solo tratamiento de la vivienda como solución final, no es suficiente, menos aún, en el contexto de ciudades intermedias con limitados recursos y expectativas de crecimiento y oportunidad para la gran población en estado de informalidad.

Por esto, los planes, programas y proyectos deben ser integrales donde las prácticas de generación de vivienda y de reubicación destinadas a este grupo poblacional tienen que ser incluyentes, con seguimiento constante desde la pedagogía y el desarrollo cultural, exaltando las capacidades y el valor social de los hombres y mujeres que día a día construyen la ciudad alterna, en la que los proyectos espaciales y urbanos compongan ese vinculo tanto físico espacial como social, donde el urbanismo, genere urbanidad y sea la plataforma de integración con estos satélites habitacionales, la periferia y la marginalidad, en la real búsqueda del HÁBITAT SOCIAL.

Cuáles son las intervenciones que se deben hacer y cuál es el mejor método, no se discutirá en esta breve reflexión introductoria a la temática del “problema” del hábitat, las propuestas así como es la expresión de la vida en la informalidad, deben venir del aporte colectivo no solo de los técnicos y profesionales, sino de la dirigencia gubernamental y de los mismos moradores quienes modelan y son los supervivientes del día a día en nuestras ciudades, donde el respeto por la riqueza social y el orden expresado en los ámbitos urbanos informales no se desconozcan, tratando de convertirlos en el puente para la equidad y el entendimiento en la base de la diversidad de opciones oficiales como populares para solventar el mismo problema al déficit habitacional cualitativo.

*articulo basado en el trabajo de investigación denominado HABITARTE, Estudio de la Apropiación de la Vivienda y su Contexto en los Procesos de Formación, Expansión y Consolidación Barrial en Asentamientos Autoproducidos en Ladera. Manizales 1990 _ 2005.

1 GARCIA MARQUEZ, Gabriel. Cien Años de Soledad. Editorial Oveja Negra. 1984.

2 Seminario de Investigación, Línea de Profundización en Arquitectura y Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Documento Trabajo de Grado Posadas Nativas, Hábitat Transitorio de Ocio. Luís Eduardo Cerón Portilla. Mario Andrés Ojeda Casanova. 2005.

3 Informalidad esta referida a todas las actividades en desarrollo en forma paralela y/o alterna a las tradicionalmente
establecidas. Generalmente, estas están relacionadas al los aspecto económico en mayor medida, incluyendo para el caso el empleo, la educación y la vivienda.

4 Saldarriaga Roa, Alberto. Habitar como fundamento de la disciplina de la arquitectura. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006. Pág. 4_5.

5 http://www.fedevivienda.org.co/psh/

6 ibíd.

BIBLIOGRAFIA

· BOLLNOW, Otto Friedrich. HOMBRE Y ESPACIO. Editorial Labor, S.A. 1969.

· CERÓN PORTILLA, Luís Eduardo. OJEDA CASANOVA, Mario Andrés. Seminario de Investigación, Línea de Profundización en Arquitectura y Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Documento Trabajo de Grado Posadas Nativas, Hábitat Transitorio de Ocio. 2005.

· CLIFFORT, Geetva. LA INTERPRETACION DE LAS CULTURAS. Descripción densa: hacia una teoría interpretativa de la Cultura.

· DUHAU, Emilio. HÁBITAT POPULAR Y POLÍTICA URBANA. Universidad Autónoma Metropolitana. México 1998.

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· PEYLOUBET, Paula. HABITAT POPULAR, MATERIALIZACION DE UN PAISAJE SOCIAL DIVERSO. CULTURA DE PLURALIDAD. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006.

· ROMERO, Gustavo. LA PARTICIPACION EN EL DISEÑO URBANO Y ARQUITECTÓNICO EN LA PRODUCCIÓN SOCIAL DEL HÁBITAT. Red XIV “Tecnologías sociales y producción social del hábitat”: subprograma para viviendas de interés social HABYTED del programa iberoamericano de ciencia y tecnología para el desarrollo. CYTED México, 2004.

· SALDARRIAGA ROA, Alberto. Habitar como fundamento de la disciplina de la arquitectura. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006.

· SANTOS, Milton. LA NATURALEZA DEL ESPACIO. Técnica y Tiempo, Razón y Emoción. Editorial Ariel S.A. Barcelona, 2000.

· TAPIA, Ricardo. Vivienda progresiva y procesos de participación. Conferencia proclamación II concurso de vivienda social CONVIVE II. Revista ESCALA, SOCIEDAD COLOMBIANA DE ARQUITECTOS. Bogotá, 2007.

· UN-HÁBITAT. HÁBITAT Y DESARROLLO HUMANO. Cuadernos PNUD. Investigaciones sobre desarrollo humano. CENAC, UN-HÁBITAT, PNUD Colombia.

· YORY, Carlos Mario. TOPOFILIA O LA DIMENSION POETICA DEL HABITAR. Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Segunda edicion marzo 2007.

· www.fedevivienda.org.co

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By: Mario Andrés Ojeda Casanova, Architect.
Masters candidate in Habitat, National University of Colombia, Bogota.

SOCIAL HABITAT – THE SEARCH FOR INTEGRATED INTERVENTIONS.

“…José Arcadio Buendía, who was one of the most enterprising men ever known in the village, had positioned the houses in such a way, that from any one of them a person could reach the river with an equal amount of energy and arranged the streets with such good sense that no house would receive more sun than another during the hottest hour of the day…”

-Gabriel García Márquez
100 Years of Solitude.1

Habitat can be defined as the combined physical, natural, spatial, social, cultural and economical characteristics that make up the experiential context of a community.2

The particular interest of this brief synthesis of a more extensive conceptual work is to identify the process of appointing the term “informality”3 to the socio-spatial configuration present in the formation of the city within a context such as ours, with a special focus on the construction of habitat.

Within an understanding of the dynamics of city growth, are the differences that mark the diverse surroundings, customs and traditions of each territorial space, reflected in the production and generation of housing and the manner in which these are lived in by their occupants. Medium-sized cities with a high potential for population growth are highly susceptible to the diverse relationships in the region and the alternative contexts different from its own particular manner of development.

Self-built, informal communities knit their territory into an ever more complex design; in which large sectors of the population take part. This construction is a reflection of the city that, in great part, is the common denominator in urban Colombia and Latin America. Its physical expression is clearly manifested in the economic, social and political situation, in the conception of imagination and culture as a framework for intangible expressions that become apparent in the social construction of habitat by these individuals, and the form of collectively inhabiting this space.

Rather than chaotic or improvised, this form of city development has its own logic, coherent with the necessities and possibilities of its inhabitants. They shape the space within particular methods of social interaction – alternative to those within the formal housing system, and thus create a connection to “normalized” society, making possible Manual Castell’s conclusion, “the shape of the space is a result of social relationships.” 

To inhabit, is the art of expression of a particular group (such as a community) in its process of construction of a territory with the self-taught, experiential abilities of its people. It is the art of the evolution of its “habitational” niche, forged by experience, trial and error, with the intent of creating individual and family shelter and to weave links among society.

The constitution of habitat, its appropriation and the manner of living within it, as a social community system.

Habitat: physical support /
Inhabit: relationships and processes

The human being, in the construction of his territory, mixes and superimposes time and space, reproduces elements and images that project his vision of the future with the grounding of his past. The construction of his habitat is a social exercise, identifying the existence of a memory and its expression within a social framework in the context of culture and identity.

Habitat implies living in a place, to inhabit is to affirm the presence of life on the land.4

In the development of major cities, particularly the production of habitat, the practices parallel to the proposed solution are characterized by the order of government and legal logic used by the predominant conception of the ideal urban complex. In the outskirts and within the city itself, an alternate city exists—built and modified day after day; produced outside the margins of public policies, real estate products and assistance from private initiatives.

This “other” city, framed by the formal city, is created with tremendous physical, economic, human and social effort. Families and the communities within this characteristic environment have produced a great variety of settlements. In each they generate their own housing solutions, and thus contribute to the supply of housing needed to overcome the housing deficit and, above all, doing this according to their economic condition (typically characterized as low-income).

This nearly anonymous process, often hidden from view, creates the “informal city.” It is spontaneous and dynamic, and due to these characteristics presents signs that indicate a condition of emergency.  What stands out most is that its conformation is unfinished, and for this reason progressive—little by little managing to expand the house, expand the neighborhood, and in consequence develope the community as a whole.

Thus, in the search for a production of social habitat, there is a lack of understanding and comprehension of the complexity of the social processes involved in the construction of spaces framed by this condition. The phenomenon and the magnitude of informal human settlements prove, without a doubt, the efforts of a population that is facing the need for a place to live—and the impossibility of acquiring that place within the market for adequate housing as related to their particular purchasing power—have resulted in a self-built solution, constructed over time with diverse models, methods and combinations of these.

The phenomenon that take place in informal settlements has concrete expressions and manifestations in economic terms. It is necessary to know, gauge and contextualize these processes, in order to “formulate hypothesis oriented towards the establishment of disciplines and incentives through public policy and economic market forces that drive a settlement to overcome the limitations of social production in terms of quality productivity and urban sustainability.”5

In other words, what is coined “the social production of housing,” has to be specified, quantified and analyzed in economic terms in order to understand its magnitude and its processes, and to democratically elucidate the best options for public policy and incentivation tools that will strengthen and improve the capacity and quality of social production in a symbiotic manner and with the joint responsibility of society, State, city and citizen.6

This potential rule as a concept of quantification of the quality of life does not begin to describe the relationship between the management of informality and spatiality to the social phenomenon under which it is developed. It only describes the economic, financial and physical aspect, when the added-value of these settlements is the social cultural richness based in cooperation, interpersonal relationships and social construction—characteristics fundamentally present all the way through to the process of consolidation. Security and coexistence are included within these virtues in the first phases of growth—factors that are unfortunately lost when maturity is achieved, thanks to these same virtues—but through which the same abandonment by the public class, the distancing of urban articulation, the localization of the settlement and the need of a few in control of the territory in any way possible stand out.

The final objective should be to provide elements that allow another lesson to be learned from this phenomenon. From a critical perspective, but yet concrete in effectiveness that begins with a recognition of the efforts and tangible and intangible contributions of inhabitants as a vital resource to be oriented and utilized as efficiently as possible for the benefit of low-income settlements and from societal partnership.

Diverse imaginations, customs and habits combine to create a diversity shared among the people that build their daily existence. The informal city responds to no more than the percentage needed for the development of the people who inhabit it. This type of housing production is closest to being equitable in terms of the physical distribution of construction, however often lacks in open green and public spaces that are present in formal urbanizations. Informal settlements live and interact by taking ownership of the street and other spaces as part of the living space of the home, integrating them into the neighborhood as an integral system of  habitability.

For this reason, self-generated development methods have been closest to the demand and housing needs of the groups that produce them. The families themselves have carried out the work, according to their ability, capacity and needs. These settlements present the best conditions of habitability, sustainability and, due to their gradual construction process, generate social cohesions different from those present in the formal city. They create a sense of “membership” with the space and a relationship to place (topofilia).

Thus, the examination that should be given to habitat as such, understands it as a complex system where diverse factors unite and affect, condition and delineate the optimal functionality of this system—where habitat is not only understood has a housing problem-solution (which is a very important and prime part among other factors). Programs should be applied that re-enforce this basic system of generation and provision of shelter at which inclusion into the city is at the center (both as a physical action and society as a socio-cultural complement).

In relation to this, the notion of habitat should be integral, and applied not only to the treatment of housing (in all of the ways that it is developed, being informal, formal, emergency, relocation, etc.).  Habitat is the combination of systems—housing, education, public space—with social logic within the framework of systematic development that includes economic commitment of each actor (employment opportunities and social security), for the integral growth of urban actors. For this reason, the sole treatment of housing as the final solution is not enough—even less in the context of medium-sized cities with limited resources, an expectation of growth and great potential for a population in a state of informality.

In conclusion, plans, programs and projects should be integral in the sense that the practices of housing generation and relocation geared towards this sector of the population should be inclusive, with constant follow-up in terms of pedagogy and cultural development. The capacity and social value of the men and women who day after day build an alternative community should be praised. These spatial and urban projects make up this physical and social link, where urbanization generates urbanity and is the platform of integration with these housing satellites—the outskirts and marginality—in the real search for SOCIAL HABITAT.

What are the interventions that should be taken, and what is the best method? This will not be discussed in this brief introductory reflection on the housing “problem,” the proposals of which are, for example, the expression of life in informality, should be created with collective participation and not just by technicians and professionals. They should instead be facilitated by government and the same inhabitants that model and live day to day in our cities, where respect for social richness and the order expressed in informal settlements is not ignored. They should attempt to use these virtues as a bridge for equality and understanding based in the diversity of official options as popular options to resolve the problem of a qualitative housing deficit.

*Article based on the research project, HABITARTE: Study of the Appropriation of Housing and its Context in Processes of Neighborhood Formation, Expansion and Consolidation in Self-Produced Settlements in Ladera. Manizales 1990 _ 2005.

1 GARCIA MARQUEZ, Gabriel. Cien Años de Soledad. Editorial Oveja Negra. 1984.

2 Seminario de Investigación, Línea de Profundización en Arquitectura y Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Documento Trabajo de Grado Posadas Nativas, Hábitat Transitorio de Ocio. Luís Eduardo Cerón Portilla. Mario Andrés Ojeda Casanova. 2005.

3 Informalidad esta referida a todas las actividades en desarrollo en forma paralela y/o alterna a las tradicionalmente
establecidas. Generalmente, estas están relacionadas al los aspecto económico en mayor medida, incluyendo para el caso el empleo, la educación y la vivienda.

4 Saldarriaga Roa, Alberto. Habitar como fundamento de la disciplina de la arquitectura. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006. Pág. 4_5.

5 http://www.fedevivienda.org.co/psh/

6 ibíd.

BIBLIOGRAPHY

· BOLLNOW, Otto Friedrich. HOMBRE Y ESPACIO. Editorial Labor, S.A. 1969.

· CERÓN PORTILLA, Luís Eduardo. OJEDA CASANOVA, Mario Andrés. Seminario de Investigación, Línea de Profundización en Arquitectura y Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Documento Trabajo de Grado Posadas Nativas, Hábitat Transitorio de Ocio. 2005.

· CLIFFORT, Geetva. LA INTERPRETACION DE LAS CULTURAS. Descripción densa: hacia una teoría interpretativa de la Cultura.

· DUHAU, Emilio. HÁBITAT POPULAR Y POLÍTICA URBANA. Universidad Autónoma Metropolitana. México 1998.

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· PEYLOUBET, Paula. HABITAT POPULAR, MATERIALIZACION DE UN PAISAJE SOCIAL DIVERSO. CULTURA DE PLURALIDAD. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006.

· ROMERO, Gustavo. LA PARTICIPACION EN EL DISEÑO URBANO Y ARQUITECTÓNICO EN LA PRODUCCIÓN SOCIAL DEL HÁBITAT. Red XIV “Tecnologías sociales y producción social del hábitat”: subprograma para viviendas de interés social HABYTED del programa iberoamericano de ciencia y tecnología para el desarrollo. CYTED México, 2004.

· SALDARRIAGA ROA, Alberto. Habitar como fundamento de la disciplina de la arquitectura. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006.

· SANTOS, Milton. LA NATURALEZA DEL ESPACIO. Técnica y Tiempo, Razón y Emoción. Editorial Ariel S.A. Barcelona, 2000.

· TAPIA, Ricardo. Vivienda progresiva y procesos de participación. Conferencia proclamación II concurso de vivienda social CONVIVE II. Revista ESCALA, SOCIEDAD COLOMBIANA DE ARQUITECTOS. Bogotá, 2007.

· UN-HÁBITAT. HÁBITAT Y DESARROLLO HUMANO. Cuadernos PNUD. Investigaciones sobre desarrollo humano. CENAC, UN-HÁBITAT, PNUD Colombia.

· YORY, Carlos Mario. TOPOFILIA O LA DIMENSION POETICA DEL HABITAR. Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Segunda edicion marzo 2007.

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Today is the 30 anniversary of the death of Archbishop Oscar Romero, who was assassinated for his defense of justice, human rights and service to the excluded and the persecuted.

In the event, “30 Houses with Romero,” Habitat for Humanity El Salvador is celebrating the life and works of Archbishop Romero, while reflecting on Lent and building community.

In our Housing E-Newsletter, we have been lately sharing words from Archbishop Romero, borrowed from, “Prophets of a future not our own.” With immense respect for Romero and his mission, today we share with our readers the entire text.

Prophets of a future not our own

It helps, now and then, to step back and take the long view.
The kingdom is not only beyond our efforts, it is beyond our vision.

We accomplish in our lifetime only a tiny fraction
of the magnificent enterprise that is God’s work.

Nothing we do is complete,
which is another way of saying that the kingdom
always lies beyond us.

No statement says all that could be said.
No prayer fully expresses our faith.

No confession brings perfection.
No pastoral visit brings wholeness.

No program accomplishes the church’s mission.
No set of goals and objectives includes everything.
 
This is what we are about:
We plant seeds that one day will grow.

We water seeds already planted, knowing that they hold future promise.

We lay foundations that will need further development.
We provide yeast that produces effects beyond our capabilities.

We cannot do everything and there is a sense of liberation in realizing that.
This enables us to do something, and to do it very well.

It may be incomplete, but it is a beginning, a step along the way,
an opportunity for God’s grace to enter and do the rest.

We may never see the end results, but that is the difference
between the master builder and the worker.

We are workers, not master builders, ministers, not messiahs.
We are prophets of a future not our own.  Amen.

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Hoy es el 30 aniversario del martirio de Monseñor Oscar Romero, asesinado a causa de su defensa de la justicia, los derechos humanos y el servicio a las personas excluidas y perseguidas.

En el evento “30 Casas con Romero“, Hábitat para la Humanidad El Salvador, por su parte, está celebrando la vida y los hechos de Monseñor Romero, mientras reflexiona en la Cuaresma y construir comunidad.

En nuestro Boletín de Vivienda, hemos estado compartiendo palabras de Monseñor Oscar Romero, prestadas de su lectura, “Profetas de un futuro que no es nuestro”. Con muchísimo respeto por su persona y su misión, compartimos hoy con ustedes la lectura completa.

Profetas de un futuro que no es nuestro

De vez en cuando, dar un paso atrás nos ayuda
a tomar una perspectiva mejor.

El Reino no sólo está más allá de nuestros esfuerzos,
sino incluso más allá de nuestra visión.

Durante nuestra vida, sólo realizamos una minúscula parte
de esa magnífica empresa que es la obra de Dios.

Nada de lo que hacemos está acabado,
lo que significa que el Reino está siempre ante nosotros.

Ninguna declaración dice todo lo que podría decirse.
Ninguna oración puede expresar plenamente nuestra fe.

Ninguna confesión trae la perfección,
ninguna visita pastoral trae la integridad.

Ningún programa realiza la misión de la Iglesia.
En ningún esquema de metas y objetivos se incluye todo.

Esto es lo que intentamos hacer:
plantamos semillas que un día crecerán;
regamos semillas ya plantadas,
sabiendo que son promesa de futuro.

Sentamos bases que necesitarán un mayor desarrollo.
Los efectos de la levadura que proporcionamos
van más allá de nuestras posibilidades.

No podemos hacerlo todo y, al darnos cuenta de ello,
sentimos una cierta liberación.
Ella nos capacita a hacer algo, y a hacerlo muy bien.

Puede que sea incompleto, pero es un principio,
un paso en el camino,
una ocasión para que entre la gracia del Señor
y haga el resto.

Es posible que no veamos nunca los resultados finales,
pero esa es la diferencia entre el jefe de obras y el albañil.

Somos albañiles, no jefe de obra, ministros, no el Mesías.
Somos profetas de un futuro que no es nuestro. Amen.

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Ayudando a Haití: Hacerlo correctamente
Por Julie R. Grier
Traducido por Felipe Gurdian.

El 12 de Enero del 2010, a las 4:53 p.m., yo y mi comprometido nos encontrábamos en nuestra casa en el Barrio de Tugreau en Puerto Príncipe. Tres minutos más tarde, nos encontrábamos afuera en la calle, cubiertos en polvo y rodeados por los gritos  y las llamadas de gente que surgían a través de las calles.

Haití se ha convertido en mi segunda patria; mi comprometido es de Haití y me mude aquí para estar con el, pero no paso mucho tiempo antes de que empecé a amar a Haití por sí mismo. La devastación de estos pasados días ha sido de pesadilla y me rompe el corazón. Encontrar la luz al final de este túnel tan oscuro se ha vuelto casi imposible. La única esperanza que puedo encontrar en esta tragedia es la oportunidad fugaz para un cambio positivo a largo plazo, de la misma manera que Chicago pudo reconfigurarse completamente y pudo convertirse en una gran ciudad después del gran incendio de 1871.

Es indisputable que en este momento Haití ocupa ayuda a corto plazo (comida, tiendas de campaña, agua, etc.), pero igualmente ocupa planeamiento a largo plazo para un mejor futuro.  Lo que se ocupa es sacar a todo mundo de Puerto Príncipe, arrasar la tierra y comenzar de nuevo, esta vez con planificadores urbanos y otros profesionales calificados. Puede que suene extremo, pero considere que esta ciudad va a tener que ser arrasada de toda manera. Los edificios que permanecen están casi todos construidos con un frágil concreto a base de piedra caliza y han sido irreparablemente dañados. Los restos de los edificios que cayeron contienen un sinnúmero de cuerpos que pronto se volverán una fuente de bacteria y enfermedad que ciertamente puede agravar una situación ya desastrosa. Todos estos lugares tienen que ser demolidos, quemados y los restos removidos en el interés de la salubridad y seguridad pública. No es posible hacer esto con tanta gente todavía viviendo en la ciudad.

¿Pero qué hacer con toda esta gente? ¿Cómo es posible moverlos? La solución es una respuesta de doble acción: relocalización a las provincias y la provisión de campamentos temporales a largo plazo. Más de la mitad de la gente viviendo en Puerto  Príncipe no son de esa ciudad y provienen de poblados más pequeños a través  de la isla y mantienen familiares y amigos en esas regiones.  Se puede ayudar a esta gente – ofreciéndoles transporte, y quizás ofreciéndoles dinero para que encuentren vivienda o para que inicien empresas en esas áreas. Un gran porcentaje ya han sido relocalizados y ahora viven con relativa seguridad. Otra solución tiene que ser encontrada para aquellos que si son de Puerto Príncipe; principalmente la creación de varios campamentos de refugiados en las afueras de la ciudad y a lo largo del país. 

Estos campamentos tienen que proveer, como mínimo, comida, vivienda, agua y saneamiento, servicios de salud y seguridad para sus habitantes. Tienen que ser organizados como pequeñas ciudades por planificadores urbanos, a pesar que sean de tiendas de campaña. Lo más importante de todo es que se les haga claro a los habitantes que los campamentos no son hogares permanentes y que no pueden construir sus propias estructuras en o alrededor de ellos.  Más bien sirven como vivienda temporaria mientras se lleva a cabo la limpieza y reconstrucción de Puerto Príncipe. Las personas viviendo en campamentos deberían ser contratadas como trabajadores en la reconstrucción, así no solo creando muy-necesitados trabajos, sino también ofreciendo capacitación de trabajo. Los profesionales involucrados en la reconstrucción – cuya mayoría vendrán del exterior – podrán trabajar con profesionales Haitianos, oficiales de gobierno y otros grupos relevantes, no solo asesorando, sino también educando.  Las destrezas adquiridas en la reconstrucción de Puerto Príncipe podrán usarse en las secuelas de futuros desastres, incluyendo huracanes.

No hay duda que el costo del proyecto será más caro que simplemente llevar a cabo distribuciones de comida. El proyecto asegurará un futuro para Haití. En vez de fomentar la dependencia hacia ayuda de largo plazo, la cual ha permitido los prevalentes y peligrosos sistemas de construcción y gobernación de obras públicas, este plan empoderará a haitianos a contribuir en su propia recuperación, ofreciéndoles las destrezas para el futuro. Este plan podría salvar muchas vidas al reducir los múltiples peligros de vivir en un área de desastre. Todavía más importante, este plan podría significar la diferencia entre la vida y la muerte para millones de haitianos en el futuro.

La respuesta mundial hacia la devastación de Haití ha sido abrumadora y generosa. Pero si se dirige la crisis en términos de corto plazo se le negará al país la oportunidad para una recuperación verdadera. Un sinnúmero han muerto en la tragedia; hagamos un esfuerzo para que esas vidas no hayan sido perdidas por nada. Reto a todos involucrados en este esfuerzo – las Naciones Unidas, USAID, el gobierno Haitiano, donantes y organizaciones grandes y pequeñas – a que reúnan sus recursos, individualmente y en conjunto, para iniciar estos campamentos lo más pronto posible, así asegurando la salud pública y garantizando un inicio rápido a los esfuerzos de reconstrucción.

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Helping Haiti: Do it Right
By Julie R. Grier

At 4:53 p.m. on January 12, 2010, my fiancé and I were in our house in the Turgeau neighborhood of Port-au-Prince.  Three minutes later, we were standing in the road outside, enveloped in dust, surrounded by the screams and cries of people surging through the streets. 

Haiti has become my second nation; my fiancé is Haitian and I moved there to be with him, but it was not long before I came to love Haiti for itself.  To see the devastation of the past few days has been nightmarish, but also heart-breaking.  Finding the light at the end of this very dark tunnel has been almost impossible.  The only possible prospect for hope that I can find is the fleeting opportunity for long-term positive change this tragedy offers, in much the same way that the great fire of Chicago in 1871 allowed them to completely reconfigure that now-great city.

It is indisputable that Haiti needs short-term aid (e.g., food, tents, water, etc.) at this moment, but what it needs just as badly is long-term planning for a better future.  What is needed is to take everyone out of Port-au-Prince, raze it to the ground, and start anew, this time with urban planners and other skilled professionals.  This sounds extreme, but consider that the city will have to be razed in any case.  The buildings that remain are nearly all constructed out of fragile limestone-based concrete, which has rendered them damaged beyond repair.  The wreckage of the buildings that fell contains unknown numbers of bodies that will soon become sources of bacteria and disease certain to compound an already disastrous situation.  All of these places need to be bulldozed, burnt, and removed in the interest of public health and safety.  It is not possible to effectively do this with so many people still living in the city. 

But what to do with all of these people, how is it possible to remove them?  The answer is a two-pronged response: repatriation to the provinces and provision of temporary, but long-term camps.  More than half of all people living in Port-au-Prince now are not originally from that city, they hail from smaller towns all over the island and most still have family and friends in these regions.  By assisting these people in going back to the provinces – through transportation and perhaps seed money for finding housing or starting enterprises in these areas – a large percentage of the people are already removed from the city and living in relative safety.  For those who are from Port-au-Prince, another solution must be found, namely the creation of numerous ‘refugee’ camps outside of the city and throughout the country.

These camps would need to provide, at a minimum, food, shelter, water/sanitation, healthcare, and security for their inhabitants.  They would need to be organized as small cities by urban planners, even if they contain only tents.  Most importantly, it would need to be made clear to people that they cannot build their own structures at or near the camps, nor are the camps meant to be permanent homes.  Rather, they are meant to be temporary dwelling sites for no more than two years while the clearance and reconstruction of Port-au-Prince is undertaken.  People living in the camps could be hired as laborers to help in the rebuilding, which in addition to creating badly needed jobs, would be a form of on-the-job training.  The professionals involved in the reconstruction – most of whom will likely come from abroad – could work with Haitian professionals, government officials, and other relevant parties to not just advise, but also to educate.  Skills learned in the rebuilding of Port-au-Prince could be applied in the aftermath of future disasters, including hurricanes. 

Without question, the cost of such a project will be significantly higher than simply conducting food distributions.  But it would also ensure an actual future for Haiti.  Instead of contributing to long-term aid dependence and enabling the prevailing haphazard systems of construction and governance of public works, this plan would empower Haitians to contribute to their own recovery and provide them with useful skills for the future.  This plan could save many lives now by sparing the populace from the manifold dangers inherent in living in a disaster area, but importantly, it could also mean the difference between life and death for millions of future Haitians.   

The global response to Haiti has been overwhelmingly generous, but to address the crisis only in the short-term is to deny that country the opportunity to truly recover.  Untold thousands have died in the tragedy; let us make certain that their lives have not been lost for nothing.  I challenge everyone involved in this effort – the United Nations, USAID, the Haitian government, aid donors, and NGOs large and small – to muster their resources, individually and together, to start these camps as soon as possible in order to both ensure public safety and to ensure a quick start to the rebuilding efforts.

What are your thoughts on the short and long-term construction of Port-au-Prince?

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Entrevista › Julie T. Katzman, gerente general del FOMIN
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El FOMIN participará en la reconstrucción de Haití enfocándose en las áreas donde posee ventajas comparativas, como microfinanzas y remesas. Una red de alianzas con el sector privado ya está en marcha, dice su gerente general.

Diego Fonseca / Washington DC, Especial MicAméricas  
Febrero 23, 2010

El trabajo del FOMIN para articular respuestas a la crisis humanitaria de Haití ha sido incesante desde que el 12 de enero un terremoto destruyera Port-au-Prince. Julie T. Katzman, la gerente general, creó un grupo especial coordinado por la especialista María Teresa Villanueva e integrado por expertos en microfinanzas, remesas, vivienda y desarrollo de la empresarialidad, entre otras áreas. Ellos deben generar proyectos en alianza con el sector privado para volver a poner en marcha la rueda de la economía haitiana, donde desde antes del terremoto hay 340.000 beneficiarios de 20 proyectos del FOMIN.

Katzman visitó Haití en diciembre de 2009, en un viaje de seis días junto al presidente del BID, Luis Alberto Moreno, para conocer el tipo y la evolución de esos proyectos. “Veías al Haití pre-terremoto y veías al país más pobre y frágil del hemisferio y, cruelmente, veías también una oportunidad para que el FOMIN tuviera un impacto real”, dice Katzman. “Junto al BID vimos entonces una oportunidad de enfocar nuestras intenciones, sin exclusividad, en la capitalización del norte del país, especialmente en turismo”.

Katzman regresó a Washington, DC convencida de que para eso el FOMIN debía apostar a proyectos mucho más grandes que los pequeños emprendimientos que financiaba. Eso fue precisamente lo que discutía en una reunión con 10 ejecutivos de la institución la mañana del 12 de enero. Katzman dialogó con Diego Fonseca, gerente de contenidos de MicAméricas. Estos son los extractos de la conversación.

De http://www.iadb.org/micamericas/section/detail.cfm?id=6605&sectionID=SPCAL

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Por Falguni Vyas

En la comunidad de Carrefour, justo en las afueras de Puerto Príncipe, lo que solía ser una cancha de futbol, ahora es hogar para 340 personas.

Más de 80 por ciento de Carrefour sufrió daños a causa del terremoto el pasado 12 de enero, el mismo que desplazó a más de un millón de personas. Aquí, las tiendas de campaña se esparcen en las aceras, las isletas de las calles y en cualquier espacio que sobre.

Sorprendentemente, dentro de estos campamentos la vida sigue normal. Escucho risas y el parloteo de la gente. Niños y niñas juegan con suiza; las mujeres cocinan las viandas del día mientras los niños juguetean. Se venden dulces y almuerzos calientes y una iglesia lleva a cabo oraciones todos los días. Con el sol caliente cayendo sobre las variadas y coloridas tiendas, estas comunidades se ven vibrantes e industriosas.

Aquí conozco a Kevvens Sineus y a su madre, Marie Lucy Sineus. Kevvens con sus 10 años, es dulce y sonriente. Su madre le está dando de comer un almuerzo de arroz y frijoles. Marie Lucy conversa con nosotros, explicando que su situación se ha complicado ya que Kevvens perdió su pierna durante el terremoto. Dice que no tenían mucho antes del terremoto y que ahora tienen mucho menos.

Miro a Kevvens y se encuentra riéndose y compartiendo chistes con sus amigos y hace a su madre reír. Él nota una gota de sudor cayendo por la cara de su madre. Él se levanta y se la limpia.

Son grandes los riesgos que presentan estos albergues temporales a las masas de gentes desplazadas.  Además de preocupaciones sobre la salubridad y seguridad de estas viviendas, la temporada lluviosa, que se acerca rápidamente, demuestra cómo los albergues son un asunto crítico. Muchas de las ciudadelas se encuentran en zonas bajas, donde las inundaciones amenazan constantemente.

Los deslizamientos de tierra son otra preocupación. Puerto Príncipe está rodeado por cerros y colinas que fueron desestabilizados por el terremoto y pueden ser agravados por las fuertes lluvias.

Los albergues temporales, parte de la segunda etapa del Plan de Respuesta a Terremotos de Hábitat para la Humanidad, pueden que no sirvan como una solución permanente, pero tampoco comprometen la salud o la seguridad de familias como los Sineuses. Estas estructuras básicas tienen un esqueleto de madera y acero. Sus techos de metal y plástico ofrecen una barrera contra la lluvia y el viento.

Los primeros de estos albergues serán enviados a las comunidades de Leogane y Cabaret. Las familias que reciban estos albergues habrán limpiado sus lotes a través de programas como “dinero por trabajo” (Cash for Work).

Como parte de la fase de rehabilitación y limpieza en la recuperación de Haití, el programa “Dinero por trabajo” (Cash for Work) organiza a personas en barrios afectados y ofrece dinero como incentivo a cambio de labor en la limpieza de comunidades.

Haití tiene un largo camino que recorrer hacia la recuperación. Pero el pueblo es fuerte y comprometido. Ellos reconstruirán, y lo harán con una sonrisa.

Falguni Vyas es una especialista de mercadeo para Hábitat para la Humanidad Internacional, localizado en Atlanta.

Gracias a Felipe Gurdian por su apoyo voluntario en la traducción de esta entrada.

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By Falguni Vyas

In the community of Carrefour, Haiti, just outside Port-au-Prince, what used to be a soccer field is now home to 340 people.

Carrefour suffered more than 80 percent damage during the Jan. 12 earthquake that displaced more than a million people. Here, tent cities dot the sidewalks, medians and whatever space there is to spare.

Inside these camps, quite unexpectedly, it’s business as usual. I hear laughter and chatter. Children play with their jump ropes; women cook the day’s meal while the boys flirt with the girls. There are vendors selling candy bars and hot lunches and a church where daily prayer is held. With the hot sun shining down on the colorful and varied tents, these makeshift communities look vibrant and industrious.

Here I meet Kevvens Sineus and his mother, Marie Lucy Sineus. Kevvens is 10 years old, sweet and smiling. His mother is feeding him a lunch of rice and beans. Marie Lucy chats with us, explaining that their situation is made more difficult because Kevvens lost his leg in the earthquake. They didn’t have much before the earthquake, she says, and now they have a little less.

I look over at Kevvens, and he is laughing and cracking jokes with his friends, making his mom laugh. He notices a bead of sweat trickling down her face, and so he hoists himself up and wipes it away.

The risks that these temporary dwellings pose to the masses of displaced people are great. In addition to health and safety concerns, the fast-approaching rainy season further highlights that shelter is a critical issue. Many of the tent cities are built on flood plains; the threat of being submerged is constant.

Landslides are also a source for concern. Port-au-Prince is surrounded by hills that are already unstable because of the earthquake, and waiting to be aggravated by heavy rainfall.

The second phase of Habitat’s three-part earthquake response plan, transitional shelter, while not permanent provides a solution to a family like the Sineuses without further compromising their health and safety. These basic structures are framed in wood and steel. Metal roofs and plastic sheeting wrap the units to provide a barrier from wind and rain.

The first of these shelters are set to be delivered in the communities of Leogane and Cabaret, where families who receive them will clear their own lots, either through the “Cash for Work” program or as a form of “sweat equity.”

As a part of the rehabilitation and cleanup phase of the recovery, Cash for Work organizes local people in affected neighborhoods and provides cash incentives to clean up. In communities where this program may not be an option, families will earn sweat-equity hours.

Haiti has a long road of recovery ahead. But the people are strong and resilient—I’ve never come across such resolve in all my life. They will rebuild, and they will do it with a smile.

Falguni Vyas is a marketing specialist for Habitat for Humanity International, based in Atlanta.

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