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Por Marta Elena Hernández 

Desde niñas, jugando a “la casita”, las mujeres latinoamericanas nos apropiamos del espacio doméstico como un ámbito fundamental en nuestras vidas. Culturalmente se nos enseña que “somos de la casa”, aun cuando la casa no sea nuestra. A pesar de que día a día tenemos mayor presencia y responsabilidad en los espacios públicos, el proceso de socialización nos sigue responsabilizando por la casa y por los procesos familiares y comunitarios que se desarrollan en torno a ella. 

Acceder a una vivienda adecuada , es un desafío difícil para un alto porcentaje de los aproximadamente 230 millones de pobres en América Latina y, de manera especial para las mujeres, pues su exposición a la pobreza es más alta que la de los hombres en todos los países de la región (1.15 veces mayor), situación que se agrava con el aumento de la jefatura de hogar femenina, la cual se vive en aproximadamente el 32% de los hogares latinoamericanos. 

La sobrecarga de trabajo no remunerado, el cuido de terceros, la inseguridad de la tenencia de la tierra que habitan, el limitado acceso a servicios básicos, la precariedad de sus viviendas y su incidencia en las condiciones de salud y educación de ellas y de sus hijos, son solo algunos de los factores que contribuyen sensiblemente a que se siga perpetuando el círculo de la pobreza.  

A estos factores se une la exclusión histórica de su reconocimiento como sujeto de derechos, pues a pesar de los avances significativos en algunas de las legislaciones nacionales, se mantienen prácticas que obstaculizan el acceso y ejercicio pleno de su ciudadanía.  

La brecha de pobreza por género exige políticas de largo plazo, con el fin de promover el reconocimiento de su derecho “… a una vivienda adecuada, es decir, a un espacio protegido, privado y seguro, donde tenga un sentimiento de pertenencia y conexión con sus raíces, y donde pueda disfrutar de sus otros derechos y desarrollar actividades reproductoras y productivas”. Así como para “proporcionar seguridad jurídica sobre la tenencia e igualdad de acceso a la tierra a todas las personas, incluidas las mujeres y a emprender reformas para dar a la mujer acceso pleno y equitativo a los recursos económicos, incluido el derecho a la herencia y la propiedad de la tierra”.  

El diseño y la definición de estrategias para una exitosa puesta en práctica de estas políticas y programas pasan por enfrentar desafíos tanto de carácter conceptual como metodológico. Algunos de estos son:  

  • Involucrar activamente en la toma de decisiones a las mujeres. Implementar las “acciones positivas o afirmativas” como instrumentos de equiparación de las desigualdades, asegurando igualdad de oportunidades para mujeres y hombres.
  • Reconocer la existencia de diversidad de tipos de familias, no solo la familia nuclear, sino hogares a cargo de mujeres, hogares unipersonales, y otra múltiple mezcla de “arreglos familiares”, que derivan en las necesidades habitacionales también diversas.
  • Privilegiar las familias con un alto número de miembros económicamente dependientes, debido a la mayor vulnerabilidad que esto conlleva.
  • Considerar los roles diferenciados de hombres y mujeres en el sostenimiento de las familias no solo en el ámbito económico, sino también afectivo, psicológico y de establecimiento de las redes sociales de apoyo comunitario.
  • Garantizar a las mujeres el acceso a financiamiento para vivienda en diversas modalidades por ejemplo créditos y subsidios.
  • Mejorar la protección legal de la tenencia de la tierra y la vivienda en sus diferentes modalidades: privadas, públicas, cooperativas, comunales.

Hay ejemplos de iniciativas que buscan visibilizar el rol de la mujer y que sirven para ir abriendo brechas, en la discusión y análisis de la temática al interior de las organizaciones nacionales de Hábitat para la Humanidad en América Latina. Algunos estos son:  

Hábitat para la Humanidad Bolivia: El Proyecto “Mujeres jefas de hogar, Gestoras del Derecho Humano a la Vivienda” implementado en Cochabamba y Santa Cruz (municipio La Guardia), está promoviendo que las mujeres reconozcan sus derechos y se apropien de ellos para participar de manera activa -desde sus casas, en sus barrios y en escenarios políticos- de manera que puedan revertir aquello que les afecta en su vida cotidiana y que no les permite vivir en condiciones de dignidad. También, el proyecto financiado por DFID que apunta a promover la práctica procedimental y actitudinal de la mujer como agente impulsor protagonista en la regularización de suelo.   

Hábitat para la Humanidad Brasil: El proyecto Mulheres Recriando Vidas provee una casa financiada mayormente con subsidios del gobierno y un microcrédito que se ajuste a su capacidad de pago. Desarrollado en la ciudad de Feira Nova, Estado de Pernambuco. A familias cuya principal fuente de ingresos es el raspado de yuca realizado por mujeres. Cada mujer recibe US$8 por tonelada de mandioca raspada. Su jornada de trabajo es de 12 a 16 horas.  

Hábitat para la Humanidad Costa Rica: La organización acogió la posibilidad ofrecida por el artículo 42 del Código de Familia, para que la propiedad de las viviendas que construye sean inscritas en el registro de la propiedad con “afectación al Patrimonio Familiar”, es decir que, no puede ser enajenado ni gravado, sino con el consentimiento de ambos cónyuges, ni puede ser perseguido por acreedores personales del propietario, salvo en deudas contraídas por ambos cónyuges. Lo que contribuye a que en caso de rompimiento de la relación de pareja, las mujeres y los niños no queden desprotegidos.  

Hábitat para la Humanidad El Salvador: Para el proyecto de reconstrucción para familias afectadas por la tormenta Ida, toda la información ha sido segregada para poder tener los datos de hombres y mujeres, y analizar como una situación de desastres puede afectar de manera diferenciada a las mujeres y a los hombres. De las 50 familias a beneficiar por este proyecto, el 66% tienen como cabeza de familia a mujeres; este porcentaje producto de la definición de criterios específicos de selección que priorizan apoyar de manera intencional a madres solteras y jefas de hogar.  

Hábitat para la Humanidad México: Proyecto Mujeres Moviendo el Mundo: que otorga a 300 mujeres jefas de familia de escasos recursos, soluciones habitacionales adecuadas y saludables, de acuerdo a sus necesidades y fortalece en las mujeres habilidades para el liderazgo y trabajo en grupo, para que participen en el proceso de construcción y se integren a organizaciones comunitarias.  

Hábitat para la Humanidad Costa Rica, Paraguay y Bolivia tienen en su plan estratégico a las familias con jefatura femenina como población meta prioritaria.  

Estos pasos nos motivan a seguir caminando para enfrentar el reto de la incorporación de la perspectiva de género en las estrategias programáticas diseñadas para el cumplimiento de la misión. Y que refleje de manera explícita en las acciones, proyectos y programas la intencionalidad de promover, divulgar y defender el derecho de las mujeres a la vivienda adecuada, a la tenencia segura y a ciudades seguras.  

Fuentes

  ONU. Consejo Económico y Social. COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS. DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES. La mujer y la vivienda adecuada. E/CN.4/2003/55 del 26 de marzo de 2003. Párrafo 4.

  CEPAL. Informe Panorama Social de América Latina 2009.  

  Secretaría General ‐ Coalición Internacional para el Hábitat. Resumen del Seminario Internacional. Las Mujeres y el Derecho a la Vivienda: Construyendo Hábitat desde la Dignidad. Barcelona, España. Noviembre 2008.  

  Declaración de Estambul 1996.

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