Boletín de Promoción Defensa e Incidencia Nº2

Por Martha Arébalo, Ph.D en Diseño con especialidad en Estudios Urbanos, Universidad Autónoma Metropolitana de México, Sede Azcapotzalco, Coordinadora Centro Cooperativo Sueco.

El discurso oficial en Bolivia afirma que el Programa de Vivienda Social y Solidaria, marca el punto de inflexión entre un Estado que dejó la atención de la Vivienda a la iniciativa privada y desarticuló la institucionalidad del Sector; y un nuevo Estado, que asume plenamente su obligación social, especialmente con los sectores más pobres.

Bajo la consigna “por el derecho humano a la vivienda, juntos construyamos un lugar donde vivir bien”, el Vice Ministerio de Vivienda y Urbanismo del Estado Plurinacional de Bolivia afirma haber entregado, a enero del 2010, un total de 11.354 viviendas con una inversión de Bs. 205.569.198 (US $29.158.750). Asimismo, da cuenta que estas acciones se desarrollaron dentro del marco del Programa de Vivienda Social y Solidaria (PVS), creado el 12 de Julio del 2006 con el objetivo de atender las necesidades habitacionales de los sectores de población de menores ingresos, bajo un carácter solidario y equitativo, que incorpora a grupos urbanos y rurales de todo el País. Sus recursos provienen de los aportes del 2% patronal público y privado y una contraparte de los sectores atendidos que alcanza como máximo al 30% del costo total de la vivienda (Vice Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Memoria Institucional, 2009).   

Se reconocen dos etapas en la  implementación del Programa de Vivienda Social y Solidaria, la primera del 2006 al 2009, y la segunda del 2009 al 2010, se informa que se entregaron 13.412 viviendas nuevas con una ejecución presupuestaria de Bs. 811. 239.672 (US$115.069.45) y la generación de 106.124 empleos. 

Ambas fases centran su accionar en cinco subprogramas, orientados a atender tanto el déficit cualitativo como el cuantitativo. Sus características son distintas y puede afirmarse, que plantean dar cobertura de manera diferenciada tanto a los sectores más vulnerables de la población boliviana, como aquellos con ingresos bajos y medios bajos.

Observando los resultados por programa, algunos muestran un funcionamiento mínimo y al mostrar sus logros se informa sobre la cantidad de viviendas nuevas, las mejoradas y los empleos logrados. En ningún momento se presentan resultados específicamente relacionados con las orientaciones distintas de cada subprograma.
 
Bolivia: Google imagesLa misma fuente informa la existencia en el país, de un déficit cuantitativo aproximado a las 300.000 viviendas y un cualitativo de cerca de un millón de viviendas, de las cuales el 67% se ubica en el área urbana y el 37% en el área rural. Estos datos, poco consistentes e incompletos no visualizan claramente la problemática, aún dentro de sus características de información cuantitativa. Sin querer establecer relaciones lineales entre el déficit y el número de unidades habitacionales producidas. Es observable que difícilmente cualquier programa de vivienda va a poder remontar esta situación, mucho más aún si sus orientaciones plantean aspectos discursivos que en los  hechos no se concretan, no sólo en resultados sino en procedimientos, formas de operar, y relaciones sinérgicas con otros procesos ligados a las transformaciones que vive el País.

Aún cuando la información presentada transparenta sucesivos ajustes del PVS, no da cuenta de la fragilidad del Vice Ministerio y su accionar errático, fácilmente demostrable a partir de un dato conocido, hasta el momento, durante las dos gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma (2006-2010), el país ha visto pasar 9 Viceministros del sector, aspecto que muestra las dificultades del Gobierno en la temática. Para los bolivianos y bolivianas que apostamos por el proceso de cambio que vive Bolivia y conocemos de la urgente necesidad de una acertada política de vivienda, este accionar y sus resultados no reflejan de ninguna manera las posibilidades de acción que se podían tener considerando el proceso de transformación que está instrumentando el actual gobierno.

Si bien el discurso oficial, recupera los planteamientos de la Nueva Constitución Política del Estado en torno a la vivienda y el hábitat adecuado como un derecho humano y pone en evidencia algunos cambios en la forma de mirar el problema, la información de los resultados y la forma de presentar éstos, no muestra diferencia alguna en relación con lo hecho anteriormente. Datos globales invisibilizan la atención o el abandono a estratos, grupos sociales o grupos étnicos específicos; el impulso o la ausencia de políticas afirmativas que se expresen en resultados diferenciados por género mostrando una mayor cantidad de mujeres, madres solteras o jefas de hogar favorecidas; el número de matrimonios jóvenes que pudieron solucionar su problema de vivienda; o el segmento etario de pertenencia de los grupos atendidos. En verdad, es obvio que estas generalizaciones están orientadas a ocultar la ausencia de acciones específicas destinadas a corregir las brechas de género, generación o grupos sociales vulnerables.

De manera similar no se muestran resultados relacionados con una política de suelos, aspecto fundamental en Bolivia por las dificultades de acceso de los grupos populares al suelo, sobre todo en las capitales de departamento. Tampoco se dan mayores referencias sobre los efectos del uso de tecnologías apropiadas, los logros relativos a las condiciones de habitabilidad alcanzadas por las soluciones entregadas o los efectos en la formación de comunidades activas. Esto deja ver un programa, que en los hechos está prioritariamente dirigido a satisfacer las expectativas de ganancia del sector de la construcción, olvidando nuevamente las condiciones, necesidades y demandas satisfechas o insatisfechas de los grupos populares.

Reconociendo las diferencias interpretativas del “vivir bien”, básicamente éste planteamiento paradigmático implica un cambio en el modelo de desarrollo y el acercamiento a elementos o pilares que sustenten esta transformación. En la problemática de la vivienda y el hábitat, el sistema capitalista  hace del suelo y la vivienda mercancías con un valor de cambio que imposibilita la adecuada realización de su valor de uso. Hasta el momento el Programa tiene consideraciones insuficientes y discursivas sobre este problema y no muestra resultados que den cuenta de acciones bajo formas distintas o alternativas a la propiedad privada del suelo y la vivienda.

Pese al planteamiento recreativo del sentido comunitario y social, no se incluyen posibilidades de propiedad colectiva de la tierra, derecho de uso de la vivienda antes que derecho propietario u otras formas imaginativas de encarar el problema. Es claro que solamente cuando se logre arrancar al suelo y la vivienda para los grupos desposeídos del mercado capitalista, se estará realmente dando curso a un cambio en el modelo de desarrollo, y sentando las bases de “construcción de un lugar para vivir bien”.

Si bien un documento en borrador, al parecer en corrección en el momento, define una Política de Vivienda de mayor coherencia apoyada en la conceptualización del “vivir bien” como “un nuevo concepto de desarrollo que recoge las cosmovisiones de los pueblos indígenas originarios, fuertemente vinculadas al respeto de la naturaleza y a un modo de realización humana desde una vivencia holística comunitaria (Política General de Vivienda y Hábitat, Vice Ministerio de Vivienda y Hábitat, 2010),  y pone en evidencia la necesidad del enfoque de género, generacional, de ciudadanía, de derechos humanos, intercultural, diferencial, territorial, poblacional y participativo, ecológico, de resolución de conflictos y de gestión de riesgos, sus planteamientos se centran fundamentalmente en el derecho a la integralidad del hábitat en la unidad suelo, vivienda, entorno, servicios y equipamientos sociales y sus aplicación en la práctica no se vislumbra hasta el momento.

Determinaciones más claras que recuperen los acercamientos del Plan Nacional de Desarrollo (Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien, 2006) que entiende el Vivir Bien como el acceso y disfrute de los bienes materiales y la realización afectiva, subjetiva y espiritual, en armonía con la naturaleza y en comunidad con los seres humanos, son olvidadas. En ese marco, el Vivir Bien de las mujeres, diferente al Vivir Bien de los hombres aún dentro de un mismo grupo social, además de expresarse en el hogar, está también presente en las formas cotidianas en que los géneros viven su hábitat, la ciudad o su asentamiento humano y en una acceso diferenciado a los recursos, los sistemas financieros, la representaciones organizacionales y otros.

Dada nuestra condición de Estado Plurinacional es imprescindible que las acciones muestren la atención a esta pluralidad, al reconocimiento de los derechos de los grupos vulnerables y a la necesidad de instrumentar medidas afirmativas que acorten las brechas de género, generación y grupo social y étnico.

   

About these ads