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La semana pasada, lideres globales, gigantes corporativos y trabajadores humanitarios se reunieron en Brasil para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable (Río+20). El discurso se centró en el empleo, la energía, las ciudades, la alimentación, el agua, los océanos y los desastres naturales. Mientras es animante saber que dentro de cada una de estas categorías, se dio atención alguna a la problemática de la vivienda inadecuada, el tema claramente merece más espacio en la mesa, dado a su profundo impacto en muchas áreas de la agenda. Abordar el tema de la vivienda inadecuada y la falta de acceso a la ciudad permitirá que todas esas soluciones sean posibles.

La vivienda es reconocida como un derecho básico en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y es un catalizador clave para romper el ciclo de pobreza. Vivir en una vivienda adecuada significa mejor salud para toda la familia; una niñez con mejor rendimiento escolar y mayores oportunidades de medios de sustento para los padres. En Hábitat para la Humanidad, somos testigos de la posibilidad de este impacto diario y transformativo en las familias y las personas.

Un ejemplo de esta “sostenibilidad social”, y de como Hábitat para la Humanidad está exitosamente involucrado en el proceso, es el proyecto de Varjada en Brasil. Involucrando a los líderes comunitarios en el proceso de toma de decisiones, Hábitat aprendió que, a pesar de otras prioridades propuestas por la organización, el agua potable fue la mayor necesidad comunitaria. La comunidad, como un total, entendió la conexión; el agua no solo fue significativa para la calidad de vida, sino también para las mujeres que invirtieron varias horas cada día recolectando agua desde largas distancias—y por lo tanto, clave para la sostenibilidad de la comunidad entera.

¿Porque la conexión? Una vez que se resolvió el problema del agua, las mujeres empezaron a invertir más tiempo en otras actividades, como la producción y venta de artesanías. Esto, a su vez, permitió a las familias incrementar sus ingresos y mejorar la calidad de sus viviendas, a su vez que se desarrollaban profesionalmente, invirtiendo más en la educación de sus hijos y experimentando un mayor nivel de autoestima. Además, a través del mercadeo de su artesanía, las mujeres de la comunidad se organizaron en una asociación, a través del cual continúan empujando la mejora y desarrollo general de la comunidad. 

Este ejemplo demuestra como las soluciones relacionadas a la vivienda—agua potable, estructuras más solidas, más y más saludables baños —contribuyen a la sostenibilidad de las comunidades al largo plazo, si se toma en cuenta las dinámicas humanas y sociales. Historias semejantes contribuyen al incremento de las tasas de empleo y salud mejorado. Resolviendo las necesidades sociales, de las cuales la vivienda es una, resulta en una vida más sana. Es un hecho tanto para los países desarrollados, como las que se encuentran en el proceso de desarrollo. Una encuesta recién realizada con doctores en los Estados Unidos, mostró que el 43 por ciento deseaban poder distribuir recetas para mejores condiciones de vivienda, por que esto contribuiría a una mejor salud.

Solo podemos contemplar un futuro sostenible si la problemática de la vivienda inadecuada llegue a ser un tema prioritario y recibe su debido reconocimiento—es el eje sobre el cual tantos otros temas se desarrollan.

La simple acción de construir una vivienda adecuada y asequible mejora las oportunidades de la vida. Para abordar la problemática de la vivienda inadecuada en una escala masiva requiere la unificación de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil para encontrar soluciones. Rio+20 es una de las plataformas donde esto puede suceder, pero con la atención limitada para la vivienda, es una oportunidad perdida.

Leer en español

Last week, Global leaders, corporate titans and aid workers gathered in Brazil for the UN Sustainable Development Conference (Rio+20). The discussion centered on jobs, energy, cities, food, water, oceans and disasters. While it’s heartening to know that within each of these categories some attention was given to substandard housing, the issue clearly deserved greater room at the table, given its profound impact on many of these areas on the agenda. Tackling substandard housing helps to make all those things possible.

Shelter is acknowledged as a basic human right in the Universal Declaration of Human Rights, and is a fundamental catalyst in breaking the cycle of poverty. Living in a decent home means improved health for the entire family; children doing better at school and increased livelihood opportunities for parents. At Habitat for Humanity, we are witness to this transformational impact on families and individuals on daily basis.

An example of this “social sustainability”, and how Habitat for Humanity is successfully involved in the process, is the Varjada Project in Brazil.  By involving Varjada community leaders in decision-making, Habitat learned that, despite other suggested priorities, potable water was the most urgent communal need. The community as a whole understood the connection; water was significant not only for individual quality of life, but also for the women who invested many hours of their day gathering water from long distances—and therefore, vital to the sustainability of the entire community. 

Why the connection? Once the water issue was addressed, the women began to invest more time in other activities, such as the production and sale of handmade crafts. This, in turn, allowed families to increase their income and improve the quality of their housing, develop professionally, invest more in their children’s education and experience a higher level of self-esteem. Furthermore, through the marketing of their handmade goods, the women in the community organized into an association, through which they continue to push the overall improvement and development of the community.
 
This shows how housing-related solutions—potable water, safer structures, healthier bathrooms, and more—contributes to the long-term sustainability of communities  if human and social dynamics are taken into account. Similar stories relate to increasing employment opportunities and improving health. Addressing social needs, of which adequate housing is one, leads to greater health. This is as true in developed countries as it is in developing nations. A recent survey of physicians in the U.S. showed that 43 percent wished they could write prescriptions for housing assistance, as this would lead to improved health.

We can only begin to contemplate a sustainable future if the issue of substandard housing is elevated and given its due recognition – it’s the lynchpin on which so much else rests.

The relatively simple act of building a safe and decent home increases life chances. To tackle poverty housing on its massive scale takes bringing governments, the private sector and civil society together to find solutions. Rio+20 is one platform where this can happen, but with limited attention devoted to housing, it’s an opportunity missed.

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