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Cooperemos por el agua limpia, segura, y su uso racional

Juan Carlos Sapién, Gerente de Proyectos de Soluciones Habitacionales

Maria Luisa Zanelli, Gerente de Incidencia y Alianzas

Departamento de Vivienda y Asentamientos Humanos

Habitat para la Humanidad América Latina y Caribe

 

El 71% de la superficie del planeta es agua, el 2.5% es agua dulce, y sólo el 1% de ésta, es apta para el consumo humano[1]; si esta pequeña cuota que nos brinda el planeta sigue siendo utilizada de manera irracional y descontrolada particularmente en zonas urbanas, el agua podría no lograr una tasa suficiente de renovación frente a la demanda; o podría estar tan contaminada que sería prácticamente inútil. Mientras tanto, el agua de lluvia se desaprovecha casi totalmente en las ciudades, se transforma en aguas grises generadoras de problemas ambientales. Lograr agua limpia, segura, y su uso racional es sin duda uno de los problemas más serios que debemos enfrentar en las próximas décadas[2].

 

En el 2002[3], el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales  estableció que “El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna”, y lo define como “el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico”. En el 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas[4] reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. Reducir la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potables  es la meta 7 de los Objetivos del Milenio al 2015. Este marco ha permitido avances en la descentralización, regulación y control de servicios en la región[5].

 

En América Latina, el 21% de las viviendas urbanas latinoamericanas no tienen la infraestructura básica necesaria y un 9%  carece de agua potable[6].  Se estima que el 40% del agua tratada se pierde por un mal funcionamiento de la infraestructura, fugas[7] y usos inadecuados, mientras que las políticas tarifarias no siempre cubren los costes de operación y raramente benefician a los más pobres[8]. Guatemala, Haití, Nicaragua y Bolivia son los países con niveles más críticos de acceso a agua concentrándose de manera significativa en los barrios marginales[9] de las  ciudades.

 

Hábitat para la Humanidad – Región América Latina y Caribe HPH ALC identifica las cadenas de valor de agua y saneamiento en ámbitos locales, se involucra en educación para la vivienda saludable, tecnologías adecuadas, empoderamiento de las mujeres y grupos vulnerables para influir en mejorar la gestión del agua. Ejemplo de cómo HPH ALC está exitosamente involucrándose desde un enfoque comunitario:

 

El proyecto Varjada en Brasil, el acceso al agua fue facilitado a través de tecnologías adecuadas como la captación de agua de lluvia. Involucrando a los líderes comunitarios se identificó que el agua potable fue la mayor necesidad comunitaria. El agua no solo fue significativa para mejorar la calidad de vida, sino también para las mujeres que invertían varias horas cada día recolectando agua desde largas distancias. Una vez que se resolvió el problema del agua, las mujeres empezaron a invertir más tiempo en actividades, como la producción y venta de artesanías, incrementando sus ingresos, mejorando la calidad de sus viviendas,  invirtiendo más en la educación de sus hijos y experimentando un mayor nivel de autoestima. Además, se organizaron en una asociación, por el desarrollo de la comunidad[10].

 

En la comunidad “La Gallina”, Nicaragua  se conforman el comité de agua y saneamiento, y el comité de prevención de desastres; se forman facilitadores comunitarios para el cambio de comportamiento en agua y saneamiento, y en educación financiera; las familias son capacitadas en autoconstrucción, producción de materiales, uso y mantenimiento de la tecnología de inodoro ecológico; se informa sobre ley de Vivienda, y pasos para legalizar la propiedad; la comunidad elabora su plan de riesgos y amenazas; a través de un trabajo en alianza (gobierno nacional y local, ONG, la comunidad, el sector privado, voluntarios, agencias internacionales, y las familias) se optimizan los recursos para invertir en agua y saneamiento; con todo ello se busca expandir el alcance de la intervención en agua, saneamiento e higiene a una transformación más integral de la comunidad[11].

El agua es un factor clave en el desarrollo socio económico, la erradicación de la pobreza, la equidad social, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental.

Los crecientes niveles de urbanización en la región, los efectos del cambio climático, y el impacto que la ausencia del agua limpia tiene en la salud[12] llama a la acción que enfrente de manera urgente  los desafíos que implican mejorar el acceso de individuos y comunidades al agua potable y condiciones de vida higiénicas. A partir de ello, las recomendaciones:

v  Mayor cooperación y participación entre gobiernos, agencias internacionales, organizaciones no-gubernamentales, sector privado, y comunidades; pues el acceso a recursos financieros, capacitación, tecnología, políticas adecuadas son aún barreras que requieren intervención para garantizar el acceso a agua limpia;

v  Incrementar la voluntad política de los gobiernos, la gestión del agua requiere cooperación efectiva entre niveles de gobierno, garantizar el agua como un derecho humano; y el equilibrio entre las  diferentes necesidades y prioridades en la sociedad;

v  Garantizar que el derecho al agua no se limite a ofrecer infraestructuras. Existen desafíos importantes en términos de eficiencia, disponibilidad, calidad, asequibilidad y continuidad. Superarlos requiere la revisión y el perfeccionamiento de los modelos de gobernanza, gestión y financiación;

v  Desarrollar un enfoque territorial, integral , multidisciplinario considerando factores culturales, educativos y científicos en su diferentes dimensiones legales, institucionales y económico, sociales y políticos;

v  Asumir abordajes metodológicos que priorizan el protagonismo comunitario; promueven procesos educativos y de sensibilización en la prácticas concreta (formación en la acción); mejoramiento de las condiciones físicas; reducir las prácticas individuales (o incluso comunitarias) de desperdicio de agua potable; fortalecimiento de capacidad de gestión del servicio; y generación de conocimientos y propuestas para la transformación de las políticas y sistemas que inciden en la problemática.


[2] Para mayor información visitar http://www.revistaciencias.unam.mx

[3] Observación General Nº 15 sobre el Derecho al Agua http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/human_right_to_water.shtml;

[4] Resolución 64/292,

[5] Estado de las Ciudades en América Latina y Caribe, ONU Habitat 2012 p.79

[6] Un espacio para el desarrollo: Los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe, BID; p.2

[7] Debido a las fugas en las redes de distribución urbana se pierde hasta un 50%  del líquido, que equivales a 250 a 500 millones de m3 de pérdida de agua potable al año en las megas ciudades; lo que equivaldría a abastecer alrededor de 10 a 20 millones de personas más en cada gran ciudad. http://www.unesco.org/water/news/newsletter/247_es.shtml y en http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/swm_cities_zaragoza_2010/pdf/facts_and_figures_long_final_spa.pdf

[8] ONU HABITAT 2012, p. 80

[10] Para  mayor información sobre esta experiencia, escriba a: dmoraes@habitatbrasil.org.br; o visite: www.habitatbrasil.org.br

[11] Para  mayor información sobre estas experiencias, escriba a: fmatus@habitatnicaragua.org.ni; o  viste:www.habitatnicaragua.org

[12] UNICEF calcula a nivel mundial que más de 400 millones de niños sufren por una falta de acceso seguro a este recurso. La organización mundial cree que la falta de agua potable contribuye anualmente a la muerte de 1.5 millones de niños menores de 5 años, debido a la diarrea.

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La semana pasada, lideres globales, gigantes corporativos y trabajadores humanitarios se reunieron en Brasil para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable (Río+20). El discurso se centró en el empleo, la energía, las ciudades, la alimentación, el agua, los océanos y los desastres naturales. Mientras es animante saber que dentro de cada una de estas categorías, se dio atención alguna a la problemática de la vivienda inadecuada, el tema claramente merece más espacio en la mesa, dado a su profundo impacto en muchas áreas de la agenda. Abordar el tema de la vivienda inadecuada y la falta de acceso a la ciudad permitirá que todas esas soluciones sean posibles.

La vivienda es reconocida como un derecho básico en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y es un catalizador clave para romper el ciclo de pobreza. Vivir en una vivienda adecuada significa mejor salud para toda la familia; una niñez con mejor rendimiento escolar y mayores oportunidades de medios de sustento para los padres. En Hábitat para la Humanidad, somos testigos de la posibilidad de este impacto diario y transformativo en las familias y las personas.

Un ejemplo de esta “sostenibilidad social”, y de como Hábitat para la Humanidad está exitosamente involucrado en el proceso, es el proyecto de Varjada en Brasil. Involucrando a los líderes comunitarios en el proceso de toma de decisiones, Hábitat aprendió que, a pesar de otras prioridades propuestas por la organización, el agua potable fue la mayor necesidad comunitaria. La comunidad, como un total, entendió la conexión; el agua no solo fue significativa para la calidad de vida, sino también para las mujeres que invirtieron varias horas cada día recolectando agua desde largas distancias—y por lo tanto, clave para la sostenibilidad de la comunidad entera.

¿Porque la conexión? Una vez que se resolvió el problema del agua, las mujeres empezaron a invertir más tiempo en otras actividades, como la producción y venta de artesanías. Esto, a su vez, permitió a las familias incrementar sus ingresos y mejorar la calidad de sus viviendas, a su vez que se desarrollaban profesionalmente, invirtiendo más en la educación de sus hijos y experimentando un mayor nivel de autoestima. Además, a través del mercadeo de su artesanía, las mujeres de la comunidad se organizaron en una asociación, a través del cual continúan empujando la mejora y desarrollo general de la comunidad. 

Este ejemplo demuestra como las soluciones relacionadas a la vivienda—agua potable, estructuras más solidas, más y más saludables baños —contribuyen a la sostenibilidad de las comunidades al largo plazo, si se toma en cuenta las dinámicas humanas y sociales. Historias semejantes contribuyen al incremento de las tasas de empleo y salud mejorado. Resolviendo las necesidades sociales, de las cuales la vivienda es una, resulta en una vida más sana. Es un hecho tanto para los países desarrollados, como las que se encuentran en el proceso de desarrollo. Una encuesta recién realizada con doctores en los Estados Unidos, mostró que el 43 por ciento deseaban poder distribuir recetas para mejores condiciones de vivienda, por que esto contribuiría a una mejor salud.

Solo podemos contemplar un futuro sostenible si la problemática de la vivienda inadecuada llegue a ser un tema prioritario y recibe su debido reconocimiento—es el eje sobre el cual tantos otros temas se desarrollan.

La simple acción de construir una vivienda adecuada y asequible mejora las oportunidades de la vida. Para abordar la problemática de la vivienda inadecuada en una escala masiva requiere la unificación de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil para encontrar soluciones. Rio+20 es una de las plataformas donde esto puede suceder, pero con la atención limitada para la vivienda, es una oportunidad perdida.

Publicado en razonpublica.com, 2011, por Alejandro Florián Borbón

Borbón ha trabajado en diferentes aspectos de la producción social de vivienda desde 1982, y actualmente es el director nacional de Hábitat para la Humanidad Colombia.

La vivienda es un derecho constitucional, y sin embargo más del 15 por ciento de los bogotanos no la tienen. La administración de la ciudad ha relegado esta necesidad a renglones secundarios, pero es mucho lo que puede y debe hacerse, tanto respecto del entorno externo que es decisivo para la vivienda como en su mejoría “de puertas para adentro”.

Una política en crisis
La política de vivienda popular o vivienda de “interés social” en Bogotá pasa por una época entre gris y oscura, tanto en lo relativo a su lectura e interpretación, como en cuanto a su eficacia respecto de los cuantiosos recursos presupuestales e institucionales que convergen en la ciudad de forma privilegiada:

  • Subsidios nacionales.
  • Subsidios distritales.
  • Subsidios de las Cajas de Compensación.
  • Todas las entidades financieras públicas y privadas.
  • Todos los gremios del sector y la mayor parte de sus principales actores.
  • Centros universitarios de primer orden.

El mal momento que atraviesa esta política se debe tanto al agotamiento del modelo de intervención sectorial -gobernado por intereses gremiales- como a la incapacidad de gestionar correctamente los instrumentos y recursos con que cuenta la administración de la ciudad. La crisis se ve agrava por la pérdida de confianza que acompaña a los escándalos que han afectado la administración del alcalde Samuel Moreno.

Y así, mientras las autoridades siguen en la indolencia, la ciudadanía sigue resolviendo como puede sus necesidades habitacionales, de manera espontánea en la gran mayoría de los casos es decir a través de mecanismos alternativos (informales) con graves consecuencias sobre la calidad de vida, la convivencia y el presupuesto público.

El lastre de la informalidad
En efecto: de las 817.000 viviendas producidas durante el período inter-censal 1993-2005, 440.000 (el 54 por ciento) fueron informales. La informalidad en materia de vivienda no solo es un problema de calidad de vida para los ciudadanos que habitan en tales condiciones, sino que propicia un ambiente para justificar y legitimar comportamientos que deterioran la convivencia y apalancan los conflictos.

Además todas las carencias que conlleva la informalidad se traducen inevitablemente en costos fiscales crecientes, que arrastramos como un pesado lastre y pagamos por décadas todos los ciudadanos.

La vivienda es un derecho
Las acciones de gobierno deberían adoptar la perspectiva de la vivienda como derecho fundamental, tal como lo ordena la Constitución de Colombia: la vivienda es un derecho ciudadano y no una simple mercancía; el Estado tiene obligaciones que se traducen en competencias legales y en recursos institucionales.

Ha sido justamente la Corte Constitucional quien ha desarrollado la interpretación sobre el contenido y la exigibilidad de este derecho, en particular para aquellos grupos cuyas condiciones son vulnerables y requieren protección especial para lograr la igualdad, no solo formal sino material en el goce del mismo.

El contenido y alcances del derecho a la vivienda se rigen por un conjunto de normas dispersas, tanto nacionales como locales, además de los compromisos derivados del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), ratificado por Colombia mediante Ley 74 de 1968 [1]. Dada la gran complejidad que significa satisfacer el derecho a la vivienda, es muy amplio el conjunto de normas que buscan garantizarlo:

  • Normas de ordenamiento territorial y planificación (acciones y funciones públicas directamente relacionados con la generación de suelo y con condiciones de acceso y calidad a infraestructuras adecuadas);
  • Normas sobre condiciones y mecanismos de financiamiento de la vivienda;
  • Normas referentes a la construcción y a la sismo-resistencia que deben tener las edificaciones;
  • El derecho a la vivienda digna está consagrado en el artículo 51 de la Constitución [2].

De conformidad con el texto constitucional, el Estado colombiano debe promover:

a) planes de vivienda,
b) sistemas adecuados de financiación a largo plazo, y
c) formas asociativas de ejecución de estos programas.

Sin embargo, como dije, satisfacer este derecho implica un complejo conjunto de componentes y atributos, lo cual significa que una política que pretenda garantizar este derecho, así sea de forma progresiva, debe partir de una definición de la “vivienda digna”.

Como instrumento para interpretar el derecho a la vivienda, la Corte Constitucional adoptó la Observación General No. 4 del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales. [3]

En este documento se destaca la noción de adecuación en el contexto dinámico de la progresividad del derecho a la vivienda, atendiendo la complejidad y diversidad de factores que en distintos continentes y culturas interactúan, para hacer posible o impedir el acceso y disfrute de una vivienda adecuada, en particular para los sectores de población más vulnerable.

Dos tipos de atributos -y de esfuerzos
El concepto de vivienda adecuada implica pues satisfacer un cierto número de cualidades parametrizables, que en conjunto son y significan mucho más que una mercancía, y más que un simple techo con cuatro paredes:

-Un subconjunto de los atributos de la Observación No 4 pueden calificarse como atributos colectivos, y son aquellos externos a la vivienda; por ejemplo, las redes de servicios públicos, los accesos, la localización.

-Un segundo grupo podría calificarse de atributos internos de la vivienda o propiamente domésticos, y son aquellos que se dan “de puertas para adentro” (sus condiciones de habitabilidad, por ejemplo).

Los atributos colectivos o externos deberían ser la prioridad de la política pública y de los esfuerzos gubernamentales, por su naturaleza determinante para lograr el objetivo y por la dificultad para ser garantizados. En efecto: estos atributos suponen recursos de planeación, inversión y gestión que están más allá de la capacidad individual de cada familia, y al mismo tiempo son los que en el largo plazo tienen mayor impacto sobre la calidad de vida de todo el vecindario.

Tal es el caso de la localización adecuada, el de la seguridad respecto de riesgos físicos o ambientales, el de los espacios verdes y de recreación, el de la conectividad vial y el transporte, el de los servicios públicos –principalmente agua y energía–, y los servicios sociales de salud, educación, cultura, etc.

Para que la vivienda cumpla con los atributos referidos a la casa en sí misma, “de puertas para adentro”, se requiere de otro tipo de esfuerzos, donde también es necesario el concurso del Estado, en un grado y función diferentes, pero con la posibilidad de contar con el esfuerzo propio de las familias, en un amplio abanico de opciones financieras, cuyo suministro y gestión aportan los mercados y a los cuales se accede según las capacidades y condiciones socio-económicas de cada grupo poblacional.

De tal manera que el apoyo estatal para alcanzar la adecuación de una vivienda en cuanto a sus atributos internos, puede ir desde aquellas familias que requieren apoyo en todos los componentes, hasta aquellos que requieren solo un pequeño apalancamiento financiero.

Como demuestra la propia experiencia de Bogotá, las familias han mejorado con su esfuerzo individual -en la medida de las posibilidades y con enormes limitaciones técnicas- las condiciones materiales de muchas viviendas consideradas individualmente, pero difícilmente pueden, por sí mismas, lograr la cobertura y la calidad de otros atributos como los servicios públicos, la localización adecuada, la conectividad y la movilidad adecuadas, el acceso a los servicios sociales, la recreación, la seguridad etc.

De hecho Bogotá ha tenido que invertir billones de pesos en desmarginalización y mejoramiento de barrios.

El déficit de vivienda
¿Quiénes no han podido satisfacer dignamente el derecho a la vivienda en Bogotá? ¿Donde están localizados?

  • Bogotá tiene en total 1.978.528 hogares y solo 1.713.437 viviendas [4].
  • En términos convencionales cuantitativos, el universo de hogares bogotanos que no tienen satisfecho su derecho a una vivienda digna asciende a 307.945 [5] (15,56 por ciento del total).
  • En principio, 145.822 hogares del universo no poseen, pero teóricamente aspiran a poseer vivienda propia [6].
  • 162.124 hogares bogotanos presentan algún tipo de carencia o insatisfacción de su derecho a la vivienda, constituyendo el llamado deficit cualitativo [7]: estructura, hacinamiento, servicios públicos.

Aun cuando la ciudad cuenta con buenos instrumentos de medición, que arrojan incluso información desagregada por localidades, las definiciones básicas sobre el significado y alcance de las categorías del déficit no alcanzan a dar cuenta precisa de los fenómenos que habríamos de identificar y cuantificar: o no se establece la representatividad estadística de la muestra o se presentan contradicciones entre diferentes fuentes “oficiales”, fenómeno que se aprecia incluso en las líneas de base que adoptó el presente plan de desarrollo.

En efecto, el plan de desarrollo de la administración Moreno, incluyó nuevas categorías en el déficit cualitativo, para atender realidades de gran impacto:

  • el reconocimiento de viviendas construidas sin licencia;
  • el refuerzo estructural;
  • el mejoramiento de condiciones de habitabilidad;
  • el mejoramiento de barrios;
  • el mejoramiento de vivienda rural y
  • la presencia del arrendamiento como opción habitacional para un importante número de bogotanos (más del 50 por ciento en estratos uno y dos).

 Sin embargo las líneas de base no han sido revisadas ni validadas, tarea sin la cual cualquier propuesta de política en materia de vivienda social resulta incompleta y sesgada.

Soluciones interesantes dentro del portafolio de competencias que ya cuenta con definiciones legales
Profundizar en la eficacia y reducción de los costos de transacción de los instrumentos de ordenamiento y gestión de suelo, como los planes parciales y zonales, la declaratoria de desarrollo prioritario, el anuncio de proyecto, la recuperación de plusvalías etc, es un imperativo para el adecuado cumplimiento del principio legal de la “función Pública del Urbanismo”.

Varios trabajos académicos demuestran el potencial existente para redensificar de forma inteligente la ciudad, reestructurando zonas urbanas y mejorando barrios y viviendas, sin tener que expulsar a sus actuales ocupantes, pero ampliando y optimizando la opción del arrendamiento, mediante esfuerzos orientados a aprovechar al máximo los atributos colectivos que ya la ciudad brinda en infraestructura, transporte, salud y educación.

Sin embargo, para lograr este propósito se necesita:

  • Superar la barrera que implica la captura de la institucionalidad por parte de los gremios o de los intereses partidistas.
  • Propiciar un trabajo más integral, técnico y ponderado, que dé cuenta tanto del costo social como del costo fiscal de la inequidad y de la segregación socio-espacial en el mediano y en el largo plazo.
  • Ampliar el concepto de cierre financierodel individuo y del proyecto a la ciudad como un todo, para restablecer la equidad en materia habitacional y para dar a los ciudadanos de menores ingresos oportunidad de invertir en otras necesidades que mejoren su calidad de vida y contribuyan a dinamizar la economía local.
  • Generar, bajo el liderazgo de la administración, suelo urbanizado y opciones de edificabilidad en áreas de renovación y mejoramiento para soluciones de vivienda de interés social y de interés prioritario.
  • Reconocer el arrendamiento como opción habitacional, de interés social y trabajar en los mecanismos institucionales para superar sus limitaciones y conflictos derivados de la informalidad.

*Alejandro Florián Borbón, Abogado Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado en diferentes aspectos de la producción social de vivienda desde 1982. Fue director ejecutivo de Fedevivienda entre 1992 y 2008 y actualmente es Director Regional del Centro para El derecho a la Vivienda y contra los Desalojos (COHRE). Ha participado además en varios espacios directivos en organizaciones como la junta del Inurbe 1996-1998 y Metrovivienda 2000-2003 y actualmente en el Consejo de Directores de la Coalición Internacional Hábitat.

Para ver las notas de pie de página, pose el mouse sobre el número sin dar click.

Las mujeres en Hábitat para la Humanidad México demuestran que son algo más que amas de casa, luchando por romper estereotipos, constructoras de algo más que una casa convertidas en pilares de su hogar.

Hoy, el 8 de marzo de 2011, se cumple el centenario del Día Internacional de la Mujer… “cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su Día, pueden contemplar una tradición de exactamente 100 años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo.” (HREA.net)

Para la familia de Hábitat para la Humanidad, es un día para celebrar los logros sociales, políticos, económicos, personales de las mujeres en cuanto a su derecho a la vivienda adecuada y a la ciudad.  También es un llamado a la reflexión y acción.

Hoy, nos hemos preguntado: ¿Cuales logros estamos celebrando en nombre de las mujeres?; ¿Cómo estamos contribuyendo a cambiar nuestra realidad?; ¿Qué visión tenemos para el futuro?

También reconocemos hoy los miles de rostros femeninos que han trabajado por la causa como parte de la familia Hábitat para la Humanidad.

“Una mujer es tan fuerte como quiere ser. Todo está dentro de ti.  La lucha que te llevará lejos la debes luchar contigo misma. Convéncete que sí puedes,  y que te mereces todo y más. ¡Feliz Día a todas esas bellas mujeres y a los hombres que nos valoran!”

- Eugenia Salazar, Desarrollo de Recursos, Costa Rica

“Cambiamos la realidad cuando trabajamos con mujeres jefas de hogar para que conozcan sus derechos en tener acceso a vivienda adecuada. Cuando reconocemos que hay distintos tipos de familias a las cuales servir y no solo pensamos en la familia nuclear. Cuando no le pedimos a la mujer que venga con su compañero a las charlas informativas que brindamos en nuestros programas”.

- Lina Maria Obando, Aprendizaje Organizacional, Costa Rica

“Hoy celebro el hecho de que por primera vez en años se está viendo en todos estos ámbitos a la mujer como un igual y no sólo eso sino que como una persona capaz y dura competencia”.

- Katerina Kliwadenko, Comunicaciones, Chile

“Cada vez que incorporamos a las mujeres en cada uno de los procesos que Hábitat establece para la construcción de una vivienda adecuada, estamos contribuyendo a eliminar las barreras que obstaculizan caminar hacia una cultura de equidad y democracia; cuando desde nuestra quehacer profesional reconocemos el potencial que tienen las mujeres y desde lo cotidiano vamos tejiendo espacio de incorporación en la toma de decisiones”.

- Jessica Magaly Deras, Incidencia Política, Honduras



“Conmemoro cuando la mujer pudo votar como ciudadana, conmemoro cuando las mujeres en nuestro país no tenemos que  ponernos el  “de” en el apellido cuando nos casamos. Cuando mujeres han logrado roles públicos y son reconocidas por ello”.

- Lina Maria Obando, Aprendizaje Organizacional, Costa Rica

“En Hábitat, estamos garantizando que la mujer tenga acceso a tenencia segura de tierras, haciéndola ser propietaria o co-propietaria legal de la propiedad y/o vivienda.

“Estamos siendo intencionales en los procesos de selección de familias, tratando de buscar la equidad de género en la selección.

“Estamos facilitando el acceso a crédito y micro-crédito para vivienda y tenencia segura a las mujeres. Estamos formando a la mujer en temas del derecho a la vivienda, educación legal, etc.

“Estamos entablando alianzas interinstitucionales que fomenten el desarrollo de capacidades, empoderamiento y creación de medios de ingresos en las comunidades en las que trabajamos, con especial atención en las mujeres.

“Estamos asegurando que la mujer tenga igualdad de oportunidades e igual participación en los procesos comunitarios y de desarrollo”.

- Rossa Yvonne Nuñez, Desarrollo de Recursos, República Dominicana

“Mi visión es un mundo sin violencia social, política y económica. Un mundo donde el ser mujer no implica desventajas; donde lo femenino no es menospreciado ni considerado inferior”.

- Flora Calderón-Steck, Movilización de Voluntariado, Costa Rica

“Mi visión en el tema de la vivienda la mujer va a seguir siendo protagonista, pero ahora con todos los conocimientos necesarios, exigiendo una vivienda digna según sus necesidades y no una impuesta”.

- Katerina Kliwadenko, Comunicaciones, Chile

 

“Creo que es posible desde nuestro trabajo contribuir a cambiar la realidad de desigualdad en el acceso a la vivienda adecuada. Empezamos por tomar conciencia que los procesos de vivienda no son neutrales y que son matizados por dinámicas de género. Prestando atención de cómo nuestro diseños programáticos e intervenciones afectan de forma diferente a los hombres y a las mujeres”.

- Flora Calderón-Steck, Movilización de Voluntariado, Costa Rica

“Mi visión para el futuro es ver a mujeres y hombres, en espacio de toma de decisiones juntos, como compañeros construyendo un mundo más justo”.  

- Jessica Magaly Deras, Incidencia Política, Honduras

“Hoy, más que todo celebro el logro de mi madre, que con el apoyo de mi papá hizo grandes cosas con su casita, los estudios de las hijas y muchísimas cosas más, mientras trabajaba fuera de la casa y cuidaba a su familia”.

- Lucy Vásquez, Gestión de Proyectos, Costa Rica

“Hoy celebro el reconocimiento de la participación de las mujeres en la construcción de sociedades justas. Espero un mundo de paz y armonía, con la participación de todos los seres humanos”.

- Zaira Regueyra Edelman, Analista de Proyectos, Costa Rica

“Las mujeres estamos llevando nuestro poder de convocatoria solidaria al campo del voluntariado al ser la estadística más alta, siendo un ejemplo en su capacidad de multiplicidad de roles.

“¿Visión para el futuro? Una humanidad sin distingos por cuestiones de género sino por el contrario – unida por ideales conjuntos y en armonía”.

- Mitssy Rovira, Movilización de Voluntariado, Costa Rica

En Hábitat para la Humanidad, los eventos de Women Build - construcciones por mujeres – han ayudado a levantar más de 1.800 viviendas al nivel mundial, y han brindado apoyo a cientos de proyectos que ayudan a las mujeres. El programa sigue creciendo, potenciando a las mujeres a lo largo del mundo para que cambien la realidad de ellas mismas y de sus familias y comunidades. Este trabajo sería imposible sin el apoyo de miles de personas como tú. ¡Gracias!

“Los cambios inician por una, y son cambios en lo cotidiano. Yo cambio, para que mi mundo también cambie”.

- Zaira Regueyra Edelman, Analista de Proyectos, Costa Rica

¿Cuales logros estás celebrando tú?, ¿Cómo estás contribuyendo a cambiar la realidad?… ¿Qué visiones tienes para el futuro?

Por Ana Cutts, Directora Nacional, Hábitat para la Humanidad Argentina

La problemática habitacional de la Ciudad de Buenos Aires se manifiesta, explota y llega a matar. Difícilmente esta situación se resuelva en poco tiempo. Mientras las autoridades ponen parches y “atan con alambre”, la solución esta cada día más lejos. Esta problemática que vemos allá en el Sur de la Ciudad, también está a metros del obelisco, en el barrio más turístico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Boca, a metros de la Casa Rosada. Allí coexisten inmuebles tomados, conventillos con riesgo de derrumbe, hoteles pensión donde viven de 8 a 10 personas en un cuarto de medidas mínimas; condiciones iguales o peores de las que nos muestran con asombro los medios de las “lejanas villas del sur”.

Mientras debatimos los planes de vivienda, en todas las ciudades del mundo un porcentaje creciente de familias elijen el alquiler justo como una solución transitoria y viable. Pero en Buenos Aires, hasta las posibilidades de alquilar departamentos en condiciones adecuadas son escasas o nulas. Detrás de una fachada pintoresca se esconden la usura, la violencia, el peligro estructural y el desamparo de quienes están excluidos del mercado formal de alquileres.

Desde hace dos años Hábitat para la Humanidad Argentina, ofrece a estas familias un proyecto de “Alquileres Tutelados”, donde aportamos una garantía y acompañamiento social para acceder a alquileres en ambientes adecuados. Sin embargo, solo hemos podido ubicar a 4 familias, de las más de 100 que tenemos registradas, por dos razones muy vinculadas a la situación que explotó en el sur de la ciudad de Buenos Aires

  • Incompetencia de la ley en resolver incumplimientos de contratos de alquiler.
  • Falta de unidades en oferta para alquilar.

Además, hace un año que tramitamos los permisos necesarios para poder construir unidades adecuadas para alquileres justos en el barrio de La Boca pero existen muchos obstáculos que van desde la burocracia, hasta posiciones mezquinas y poco realistas que ignoran la emergencia habitacional en la que esta la ciudad. Existen más de 100 mil unidades en desuso o mal uso en Buenos aires, mientras otras 100 mil familias viven en condiciones que hoy atentan contra la salud y el futuro de sus/nuestros niños.

Urge una decisión política para apoyar los diferentes proyectos que presentan las organizaciones no gubernamentales, enfocados en el hábitat urbano y con el fin de reacondicionar estos espacios y aliviar la emergencia habitacional de, entre otros, el barrio más turístico y también más precario de la Ciudad de Buenos Aires.

Reproducido con el permiso de la autora.
Ver original en Noticias HPHA.

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Publicado con permiso de COHRE.
 
16 de Agosto de 2010 – Se estima que en la mayoría de los países de América Latina, entre el 30 y el 60 por ciento de las mujeres ha sufrido violencia doméstica en algún momento de sus vidas. Claro que la cifra real es probablemente mucho mayor ya que muchas no denuncian este tipo de crimen.
 
La última edición del popular boletín de COHRE sobre Derecho a la Vivienda y Derecho a la Ciudad en América Latina, explora ésta crisis mediante las experiencias de algunas de las activistas que trabajan el tema en América Latina, detalla los principales desafíos, y posibles soluciones para aquellas mujeres para quienes el hogar se ha transformado en una prisión.
 
En su articulo, Elba Núñez, investigadora del  Comité de América Latina y el Caribe para la defensa de los derechos de las mujeres, Cladem Paraguay, expone algunos de los desafíos y límites para el cumplimiento del derecho de las mujeres a una vivienda adecuada.
 
Por su parte, Patricia Guerrero, fundadora de la Liga de Mujeres Desplazadas de Colombia, aborda algunas de las respuestas que se han dado desde las organizaciones sociales a las problemáticas de vivienda sufridas por las mujeres. En su artículo, Guerrero relata la construcción de la Ciudad de las Mujeres, una experiencia habitacional única en la región desarrollada por y para mujeres.
 
Como relata Victoria Ricciardi, autora de un reciente informe de COHRE sobre el derecho de las mujeres a la vivienda en Argentina, Brasil y Colombia, en su artículo, la cantidad de refugios disponibles para víctimas de violencia doméstica en los países estudiados son extremadamente limitados y, con períodos de estadía de menos de seis meses, las soluciones a largo plazo son casi nulas.

Para leer el boletín de COHRE sobre Derecho a la Vivienda y Derecho a la Ciudad en America Latina, haz clic aquí.

Para ver el último informe de COHRE sobre el derecho a la vivienda para victimas de violencia doméstica, por favor haz clic aquí.

Para más información contacte:
Eliane Drakopoulos | Director of Communications | COHRE – Centre on Housing Rights and Evictions | 83, rue de Montbrillant | 1202 Geneva, Switzerland | T +41 (0)22 734 1028 | M +41 (0)789 106 745 |
eliane@cohre.org | www.cohre.org

Por Marta Elena Hernández 

Desde niñas, jugando a “la casita”, las mujeres latinoamericanas nos apropiamos del espacio doméstico como un ámbito fundamental en nuestras vidas. Culturalmente se nos enseña que “somos de la casa”, aun cuando la casa no sea nuestra. A pesar de que día a día tenemos mayor presencia y responsabilidad en los espacios públicos, el proceso de socialización nos sigue responsabilizando por la casa y por los procesos familiares y comunitarios que se desarrollan en torno a ella. 

Acceder a una vivienda adecuada , es un desafío difícil para un alto porcentaje de los aproximadamente 230 millones de pobres en América Latina y, de manera especial para las mujeres, pues su exposición a la pobreza es más alta que la de los hombres en todos los países de la región (1.15 veces mayor), situación que se agrava con el aumento de la jefatura de hogar femenina, la cual se vive en aproximadamente el 32% de los hogares latinoamericanos. 

La sobrecarga de trabajo no remunerado, el cuido de terceros, la inseguridad de la tenencia de la tierra que habitan, el limitado acceso a servicios básicos, la precariedad de sus viviendas y su incidencia en las condiciones de salud y educación de ellas y de sus hijos, son solo algunos de los factores que contribuyen sensiblemente a que se siga perpetuando el círculo de la pobreza.  

A estos factores se une la exclusión histórica de su reconocimiento como sujeto de derechos, pues a pesar de los avances significativos en algunas de las legislaciones nacionales, se mantienen prácticas que obstaculizan el acceso y ejercicio pleno de su ciudadanía.  

La brecha de pobreza por género exige políticas de largo plazo, con el fin de promover el reconocimiento de su derecho “… a una vivienda adecuada, es decir, a un espacio protegido, privado y seguro, donde tenga un sentimiento de pertenencia y conexión con sus raíces, y donde pueda disfrutar de sus otros derechos y desarrollar actividades reproductoras y productivas”. Así como para “proporcionar seguridad jurídica sobre la tenencia e igualdad de acceso a la tierra a todas las personas, incluidas las mujeres y a emprender reformas para dar a la mujer acceso pleno y equitativo a los recursos económicos, incluido el derecho a la herencia y la propiedad de la tierra”.  

El diseño y la definición de estrategias para una exitosa puesta en práctica de estas políticas y programas pasan por enfrentar desafíos tanto de carácter conceptual como metodológico. Algunos de estos son:  

  • Involucrar activamente en la toma de decisiones a las mujeres. Implementar las “acciones positivas o afirmativas” como instrumentos de equiparación de las desigualdades, asegurando igualdad de oportunidades para mujeres y hombres.
  • Reconocer la existencia de diversidad de tipos de familias, no solo la familia nuclear, sino hogares a cargo de mujeres, hogares unipersonales, y otra múltiple mezcla de “arreglos familiares”, que derivan en las necesidades habitacionales también diversas.
  • Privilegiar las familias con un alto número de miembros económicamente dependientes, debido a la mayor vulnerabilidad que esto conlleva.
  • Considerar los roles diferenciados de hombres y mujeres en el sostenimiento de las familias no solo en el ámbito económico, sino también afectivo, psicológico y de establecimiento de las redes sociales de apoyo comunitario.
  • Garantizar a las mujeres el acceso a financiamiento para vivienda en diversas modalidades por ejemplo créditos y subsidios.
  • Mejorar la protección legal de la tenencia de la tierra y la vivienda en sus diferentes modalidades: privadas, públicas, cooperativas, comunales.

Hay ejemplos de iniciativas que buscan visibilizar el rol de la mujer y que sirven para ir abriendo brechas, en la discusión y análisis de la temática al interior de las organizaciones nacionales de Hábitat para la Humanidad en América Latina. Algunos estos son:  

Hábitat para la Humanidad Bolivia: El Proyecto “Mujeres jefas de hogar, Gestoras del Derecho Humano a la Vivienda” implementado en Cochabamba y Santa Cruz (municipio La Guardia), está promoviendo que las mujeres reconozcan sus derechos y se apropien de ellos para participar de manera activa -desde sus casas, en sus barrios y en escenarios políticos- de manera que puedan revertir aquello que les afecta en su vida cotidiana y que no les permite vivir en condiciones de dignidad. También, el proyecto financiado por DFID que apunta a promover la práctica procedimental y actitudinal de la mujer como agente impulsor protagonista en la regularización de suelo.   

Hábitat para la Humanidad Brasil: El proyecto Mulheres Recriando Vidas provee una casa financiada mayormente con subsidios del gobierno y un microcrédito que se ajuste a su capacidad de pago. Desarrollado en la ciudad de Feira Nova, Estado de Pernambuco. A familias cuya principal fuente de ingresos es el raspado de yuca realizado por mujeres. Cada mujer recibe US$8 por tonelada de mandioca raspada. Su jornada de trabajo es de 12 a 16 horas.  

Hábitat para la Humanidad Costa Rica: La organización acogió la posibilidad ofrecida por el artículo 42 del Código de Familia, para que la propiedad de las viviendas que construye sean inscritas en el registro de la propiedad con “afectación al Patrimonio Familiar”, es decir que, no puede ser enajenado ni gravado, sino con el consentimiento de ambos cónyuges, ni puede ser perseguido por acreedores personales del propietario, salvo en deudas contraídas por ambos cónyuges. Lo que contribuye a que en caso de rompimiento de la relación de pareja, las mujeres y los niños no queden desprotegidos.  

Hábitat para la Humanidad El Salvador: Para el proyecto de reconstrucción para familias afectadas por la tormenta Ida, toda la información ha sido segregada para poder tener los datos de hombres y mujeres, y analizar como una situación de desastres puede afectar de manera diferenciada a las mujeres y a los hombres. De las 50 familias a beneficiar por este proyecto, el 66% tienen como cabeza de familia a mujeres; este porcentaje producto de la definición de criterios específicos de selección que priorizan apoyar de manera intencional a madres solteras y jefas de hogar.  

Hábitat para la Humanidad México: Proyecto Mujeres Moviendo el Mundo: que otorga a 300 mujeres jefas de familia de escasos recursos, soluciones habitacionales adecuadas y saludables, de acuerdo a sus necesidades y fortalece en las mujeres habilidades para el liderazgo y trabajo en grupo, para que participen en el proceso de construcción y se integren a organizaciones comunitarias.  

Hábitat para la Humanidad Costa Rica, Paraguay y Bolivia tienen en su plan estratégico a las familias con jefatura femenina como población meta prioritaria.  

Estos pasos nos motivan a seguir caminando para enfrentar el reto de la incorporación de la perspectiva de género en las estrategias programáticas diseñadas para el cumplimiento de la misión. Y que refleje de manera explícita en las acciones, proyectos y programas la intencionalidad de promover, divulgar y defender el derecho de las mujeres a la vivienda adecuada, a la tenencia segura y a ciudades seguras.  

Fuentes

  ONU. Consejo Económico y Social. COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS. DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES. La mujer y la vivienda adecuada. E/CN.4/2003/55 del 26 de marzo de 2003. Párrafo 4.

  CEPAL. Informe Panorama Social de América Latina 2009.  

  Secretaría General ‐ Coalición Internacional para el Hábitat. Resumen del Seminario Internacional. Las Mujeres y el Derecho a la Vivienda: Construyendo Hábitat desde la Dignidad. Barcelona, España. Noviembre 2008.  

  Declaración de Estambul 1996.

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Por: Arq. Mario Andrés Ojeda Casanova.
Candidato a Maestro en Hábitat. Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

HÁBITAT SOCIAL, LA BUSQUEDA DE UNA INTERVENCION INTEGRAL.

“…José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tal buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora de hacer calor…”.

-Gabriel García Márquez
Cien años de soledad.1

Se podría definir hábitat como las características físicas, naturales, espaciales, sociales, culturales y económicas, reunidas en torno al contexto vivencial de una comunidad.2

El interés particular en la presentación a ustedes esta breve síntesis de un trabajo conceptual más extenso es, identificar el proceso de conformación de la llamada “informalidad”3 en relación a la configuración socio-espacial presente en conformación de ciudad en el contexto como el nuestro, enfocado a la construcción del Hábitat.

Dentro del entendimiento de las dinámicas del crecimiento de la ciudad, con todas las diferencias que enmarca la diversidad de entornos, tradiciones y costumbres de cada territorio que se reflejan en la producción y generación de espacios habitacionales y la manera como estos son vividos por su ocupantes, específicamente en una ciudad intermedia con proyección de crecimiento poblacional, la cual tiene como característica preponderante, el ser influenciado por las diversas relaciones con la región y contextos alternos de particularidades diferentes a su desarrollo propio.

Los asentamientos populares autogenerados, van tejiendo su territorio como un hilván cada vez más complejo, en que grandes sectores de nuestra población hacen parte, construyendo un reflejo de la imagen de la ciudad que, en gran medida es el común denominador del escenario urbano colombiano y latinoamericano. Esta expresión física, se ve claramente manifiesta en la situación económica, social, política, en la concepción de imaginarios y en la cultura como marco de expresiones intangibles que se ven expresadas en la construcción social del hábitat de estos individuos y la forma de habitar en esta colectividad.

Distante de considerarse caótica o improvisada, esta forma de construir la ciudad posee su propia lógica, coherente con las necesidades y las posibilidades de los pobladores, los cuales conforman en el espacio maneras de interacción social particulares, alternativos a las vividas bajo el esquema de la formalidad, configurando así la conexión con la sociedad “normalizada” y dando pie a lo que Manuel Castell identifica como “la forma del espacio es el resultado de las relaciones sociales”.

El habitar, es el arte de expresión de un grupo (como comunidad) en su proceso de construcción del territorio, desde la pragmática autodidacta de sus gentes; es el estado del arte de la evolución de su nicho habitacional forjado por la experiencia, la prueba y el error, en el intento de crear su cobijo individual, familiar y tejer enlaces en la sociedad.

La construcción del hábitat, su apropiación y la forma de vivirlo, como un sistema social
comunitario

Hábitat: soporte físico /
Habitar: relación y procesos

El hombre, en la construcción de su territorio, mezcla y superpone tiempos y espacios, realiza reproducciones de elementos e imágenes que proyectan su visión del futuro con las bases de su pasado y donde la construcción de su hábitat es un ejercicio social, identificando la existencia de una memoria y de su expresión en un marco social en el espacio de cultura e identidad.

Hábitat implica vivir en un lugar, habitar es afirmar la presencia de la vida en el territorio.4

En el desarrollo de las urbes y en especial la producción del hábitat, se caracterizan las prácticas paralelas a la solución planteada por el orden de la lógica estatal gubernamental y legal utilizado por el modelo preponderante en la concepción ideal de un conjunto urbano. Existe dentro del margen del espacio en las periferias de la y en su propio interior, otra ciudad alterna la cual se construye y modifica día a día, producida al margen de las políticas públicas y de los productos inmobiliarios y asistencia promovidos por la iniciativa privada.

Esta alteridad enmarcada por la ciudad formal, se realiza con grandes esfuerzos tanto físicos, económicos, humanos y sociales, donde las familias y la comunidad de este entorno característico, han producido una gran variedad de asentamientos, generando unas soluciones habitacionales propias, que ayudan de esta manera a suplir el déficit de vivienda y sobre todo, está acorde a su condición económica caracterizada por sus bajos ingresos.

Esta, casi anónima, oculta para muchos, se ha constituido la ciudad informal, espontanea y dinámica la cual debido a estas características, presenta signos relacionados a la condición de emergencia, condición de la cual sobresale la especialidad de ser inconclusa en su conformación y por la cual desarrolla la particularidad de ser procesivo, así logra poco a poco la expansión de la vivienda, del barrio y en consecuencia el desarrollo comunitario del conjunto.

Así, la falta de comprensión y entendimiento sobre la complejidad de los procesos sociales envuelven la construcción de espacios enmarcados en esta condición en la búsqueda de una producción del hábitat social. El fenómeno y la magnitud de los asentamientos humanos precarios evidencian, sin lugar a dudas, el esfuerzo de la población que ante la necesidad de un lugar para vivir y la imposibilidad de adquirir en el mercado viviendas adecuadas a su capacidad en relación a proporción por tamaño y a su capacidad adquisitiva, las han ido construyendo, paso a paso, en diversas modalidades, combinaciones y métodos.

Los fenómenos que suceden en los asentamientos informales tiene expresiones y manifestaciones concretas en términos económicos, que es necesario conocer, dimensionar y contextualizar para, “formular algunas hipótesis orientadas a establecer correctivos y estímulos a través de políticas públicas y fuerzas de la economía de mercado que conduzcan a superar limitaciones de la producción social en cuanto a calidad, productividad y sostenibilidad urbana”.5

En otras palabras lo que se denomina “producción social del hábitat”, tiene que ser delimitado, cuantificado y analizado en términos económicos para comprender su magnitud, sus flujos y para poder dilucidar democráticamente las mejores opciones de política pública e instrumentos de fomento y apoyo, que potencien y mejoren la capacidad y calidad de la producción social en una perspectiva simbiótica y corresponsable de sociedad y estado, ciudad y ciudadanía.6

Esta idea normativa, como concepto de cuantificación sobre la calidad de vida, se queda corto al relacionar el manejo de la informalidad y la espacialidad de esta en relación al fenómeno social en las que aquí se desarrollan, solo con el aspecto económico, financiero y fiscal, cuando el valor agregado de estos asentamientos es la riqueza social y cultural que en la base de esta descansa, la cooperación, la relación interpersonal y la construcción social, aspectos y características presentes fundamentalmente hasta el proceso de consolidación. La seguridad y la convivencia están incluidas dentro de esas virtudes en las primeras etapas de ese crecimiento, factores que lastimosamente se van perdiendo a medida que se logra una madurez del conjunto por tantos motivos, pero sobre el cual sobresale el mismo abandono del estamento público, el distanciamiento de la articulación urbana, la localización del asentamiento y la necesidad de unos pocos del control, a como de lugar del territorio.

El objetivo final debe ser el de brindar elementos que permitan hacer otra lectura al fenómeno, desde una perspectiva crítica pero concreta en efectividad que parte de reconocer el esfuerzo y los aportes tangibles e intangibles de los pobladores, como un recurso vital capaz de ser orientado y aprovechado con mayor eficiencia para beneficio de los asentamientos populares y del conjunto de la sociedad.

Los diversos imaginarios, costumbres y hábitos, se entremezclan para crear la heterogeneidad compartida por la gente que construye su diario vivir. La ciudad informal, responde a nada más que el porcentaje necesario para el desarrollo de las personas que lo habitan, esta, es la producción habitacional que más se aproxima a ser equitativa en la proporción física de la construcción, que si bien se dice, carece de espacios abiertos verdes y de congregación presentes en el urbanismo formal, estos viven e interactúan apropiándose de la calle y los intersticios como parte de el espacio vivencial de su casa, integrándose al barrio como sistema integral de habitabilidad.

Por esto, los desarrollos autogenerados, han estado más cerca a las demandas y requerimientos habitacionales de los grupos quienes los producen, ya que ellos mismos han hecho a su medida, según sus capacidades y necesidades, en el cual dentro de su proceso de consolidación, estos asentamientos, presentan mejores condiciones de habitabilidad, sustentabilidad y debido a su paulatino proceso de construcción, genera cohesiones sociales características, diferentes a las presentadas en la ciudad formal y crean pertenencia con el territorio, la relación con el lugar (topofilia).

Así pues, la mirada que se le debe dar al hábitat como tal, entendiéndolo como un sistema complejo, en el cual confluyen diversos factores que afectan, condicionan y dan el lineamiento para el funcionamiento optimo del mismo, donde hábitat no solo se debe entender como problema-solución de vivienda (del cual es una parte muy importante y prima sobre otros factores), pero en el cual se deben aplicar programas que refuercen ese sistema básico de generación y provisión de cobijo, los cuales sean el medio de inclusión a la ciudad (como hecho físico y a la sociedad como complemento socio-cultural).

En relación a esto, la noción de hábitat debe ser integral y aplicada no solo al tratamiento único de la vivienda (en todos los ámbitos en los cuales esta se desarrolla, siendo informal, formal, emergencia, reubicación…etc.). Hábitat es la conjunción de sistemas habitacionales, educativos y espacio público con razón social en el marco del desarrollo sistémico incluido el compromiso económico entre las partes (oportunidades de empleo y seguridad social), para el crecimiento integral de los sujetos urbanos. Por eso, el solo tratamiento de la vivienda como solución final, no es suficiente, menos aún, en el contexto de ciudades intermedias con limitados recursos y expectativas de crecimiento y oportunidad para la gran población en estado de informalidad.

Por esto, los planes, programas y proyectos deben ser integrales donde las prácticas de generación de vivienda y de reubicación destinadas a este grupo poblacional tienen que ser incluyentes, con seguimiento constante desde la pedagogía y el desarrollo cultural, exaltando las capacidades y el valor social de los hombres y mujeres que día a día construyen la ciudad alterna, en la que los proyectos espaciales y urbanos compongan ese vinculo tanto físico espacial como social, donde el urbanismo, genere urbanidad y sea la plataforma de integración con estos satélites habitacionales, la periferia y la marginalidad, en la real búsqueda del HÁBITAT SOCIAL.

Cuáles son las intervenciones que se deben hacer y cuál es el mejor método, no se discutirá en esta breve reflexión introductoria a la temática del “problema” del hábitat, las propuestas así como es la expresión de la vida en la informalidad, deben venir del aporte colectivo no solo de los técnicos y profesionales, sino de la dirigencia gubernamental y de los mismos moradores quienes modelan y son los supervivientes del día a día en nuestras ciudades, donde el respeto por la riqueza social y el orden expresado en los ámbitos urbanos informales no se desconozcan, tratando de convertirlos en el puente para la equidad y el entendimiento en la base de la diversidad de opciones oficiales como populares para solventar el mismo problema al déficit habitacional cualitativo.

*articulo basado en el trabajo de investigación denominado HABITARTE, Estudio de la Apropiación de la Vivienda y su Contexto en los Procesos de Formación, Expansión y Consolidación Barrial en Asentamientos Autoproducidos en Ladera. Manizales 1990 _ 2005.

1 GARCIA MARQUEZ, Gabriel. Cien Años de Soledad. Editorial Oveja Negra. 1984.

2 Seminario de Investigación, Línea de Profundización en Arquitectura y Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Documento Trabajo de Grado Posadas Nativas, Hábitat Transitorio de Ocio. Luís Eduardo Cerón Portilla. Mario Andrés Ojeda Casanova. 2005.

3 Informalidad esta referida a todas las actividades en desarrollo en forma paralela y/o alterna a las tradicionalmente
establecidas. Generalmente, estas están relacionadas al los aspecto económico en mayor medida, incluyendo para el caso el empleo, la educación y la vivienda.

4 Saldarriaga Roa, Alberto. Habitar como fundamento de la disciplina de la arquitectura. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006. Pág. 4_5.

5 http://www.fedevivienda.org.co/psh/

6 ibíd.

BIBLIOGRAFIA

· BOLLNOW, Otto Friedrich. HOMBRE Y ESPACIO. Editorial Labor, S.A. 1969.

· CERÓN PORTILLA, Luís Eduardo. OJEDA CASANOVA, Mario Andrés. Seminario de Investigación, Línea de Profundización en Arquitectura y Hábitat, Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales. Documento Trabajo de Grado Posadas Nativas, Hábitat Transitorio de Ocio. 2005.

· CLIFFORT, Geetva. LA INTERPRETACION DE LAS CULTURAS. Descripción densa: hacia una teoría interpretativa de la Cultura.

· DUHAU, Emilio. HÁBITAT POPULAR Y POLÍTICA URBANA. Universidad Autónoma Metropolitana. México 1998.

· HEIDEGGER. CONSTRUIR, MORAR, PENSAR. Ciencia y Técnica. Editorial Universidad Santiago de Chile. Santiago, 1993.

· PEYLOUBET, Paula. HABITAT POPULAR, MATERIALIZACION DE UN PAISAJE SOCIAL DIVERSO. CULTURA DE PLURALIDAD. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006.

· ROMERO, Gustavo. LA PARTICIPACION EN EL DISEÑO URBANO Y ARQUITECTÓNICO EN LA PRODUCCIÓN SOCIAL DEL HÁBITAT. Red XIV “Tecnologías sociales y producción social del hábitat”: subprograma para viviendas de interés social HABYTED del programa iberoamericano de ciencia y tecnología para el desarrollo. CYTED México, 2004.

· SALDARRIAGA ROA, Alberto. Habitar como fundamento de la disciplina de la arquitectura. Revista al Hábitat. Universidad Nacional de Colombia. Febrero 2006.

· SANTOS, Milton. LA NATURALEZA DEL ESPACIO. Técnica y Tiempo, Razón y Emoción. Editorial Ariel S.A. Barcelona, 2000.

· TAPIA, Ricardo. Vivienda progresiva y procesos de participación. Conferencia proclamación II concurso de vivienda social CONVIVE II. Revista ESCALA, SOCIEDAD COLOMBIANA DE ARQUITECTOS. Bogotá, 2007.

· UN-HÁBITAT. HÁBITAT Y DESARROLLO HUMANO. Cuadernos PNUD. Investigaciones sobre desarrollo humano. CENAC, UN-HÁBITAT, PNUD Colombia.

· YORY, Carlos Mario. TOPOFILIA O LA DIMENSION POETICA DEL HABITAR. Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Segunda edicion marzo 2007.

· www.fedevivienda.org.co

Entrevista › Julie T. Katzman, gerente general del FOMIN
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El FOMIN participará en la reconstrucción de Haití enfocándose en las áreas donde posee ventajas comparativas, como microfinanzas y remesas. Una red de alianzas con el sector privado ya está en marcha, dice su gerente general.

Diego Fonseca / Washington DC, Especial MicAméricas  
Febrero 23, 2010

El trabajo del FOMIN para articular respuestas a la crisis humanitaria de Haití ha sido incesante desde que el 12 de enero un terremoto destruyera Port-au-Prince. Julie T. Katzman, la gerente general, creó un grupo especial coordinado por la especialista María Teresa Villanueva e integrado por expertos en microfinanzas, remesas, vivienda y desarrollo de la empresarialidad, entre otras áreas. Ellos deben generar proyectos en alianza con el sector privado para volver a poner en marcha la rueda de la economía haitiana, donde desde antes del terremoto hay 340.000 beneficiarios de 20 proyectos del FOMIN.

Katzman visitó Haití en diciembre de 2009, en un viaje de seis días junto al presidente del BID, Luis Alberto Moreno, para conocer el tipo y la evolución de esos proyectos. “Veías al Haití pre-terremoto y veías al país más pobre y frágil del hemisferio y, cruelmente, veías también una oportunidad para que el FOMIN tuviera un impacto real”, dice Katzman. “Junto al BID vimos entonces una oportunidad de enfocar nuestras intenciones, sin exclusividad, en la capitalización del norte del país, especialmente en turismo”.

Katzman regresó a Washington, DC convencida de que para eso el FOMIN debía apostar a proyectos mucho más grandes que los pequeños emprendimientos que financiaba. Eso fue precisamente lo que discutía en una reunión con 10 ejecutivos de la institución la mañana del 12 de enero. Katzman dialogó con Diego Fonseca, gerente de contenidos de MicAméricas. Estos son los extractos de la conversación.

De http://www.iadb.org/micamericas/section/detail.cfm?id=6605&sectionID=SPCAL

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