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Por Francisco Leguizamón, D.B.A.
Hace un par de meses tuve la fortuna de escuchar a Bernardo Klisberg, ciudadano latinoamericano, que junto con Amartya Sen, premio Nóbel de Economía 1998, escribieron el libro: “Primero la gente,” el cual constituye una mirada desde la ética del desarrollo a los problemas del mundo globalizado. Como voluntario de Habitatat para la Humanidad de Costa Rica, estaba muy interesado en escuchar las palabras de un experto en el tema para luego compartirlas con mis colegas. Creo que todos los que asistimos quedamos no solo gratamente impresionados sino fuertemente motivados para promover el voluntariado en todas las formas posibles.
En efecto, durante su conferencia, Klisberg hizo una verdadera apología del voluntariado en América Latina. Sus afirmaciones, conclusiones y recomendaciones no fueron retóricas, sino cuidadosamente elaboradas con base en investigación seria. A continuación transcribo y hago un breve comentario sobre lo que él denominó las siete tesis sobre el Voluntariado en América Latina. Klisberg comienza colocándonos frente a una aparente paradoja sobre los voluntarios, “si no tienen incentivos económicos, ni actúan en el mercado, qué se puede esperar de ellos.- Según la mirada de los más ortodoxos economistas - serán marginales, y además ineficientes casi por definición.”
A partir de esta consideración, propone una forma de resolver la paradoja, mediante una mirada lúcida, poderosa, invitadora, no convencional, del rol del voluntariado latinoamericano, en su contribución al desarrollo.
El voluntariado es un gran productor de bienes y servicios sociales. En efecto, se estima que en América Latina existe un millón de organizaciones apoyadas por el trabajo voluntario, que actúan en diferentes campos: desde servicios de emergencia, pasando por necesidades básicas, medio ambiente, capacitación, hasta derechos humanos y procesos de paz. El territorio, proclive a muchos conflictos de diversa índole, constituye pues un campo fértil para el voluntariado. En Brasil, el aporte de la sociedad apoyada en el voluntariado supera el 2% del PIB. Recientemente el Presidente de Costa Rica, el Dr Oscar Arias, hizo un reconocimiento a la labor de Habitat en Costa Rica durante la ceremonia de inauguración del Proyecto Tambor, el cual, mediante la contribución de la empresa Florida Bebidas y más de mil voluntarios ayudó a resolver el problema de vivienda a damnificados del terremoto de Cinchona.
El Voluntariado es un constructor de capital social. Conforme Albert Hischaman, el capital social cuanto más se usa más crece. En sus palabras “El amor o el civismo no son recursos limitados o fijos, como pueden ser otros factores de la producción: son recursos cuya disponibilidad, lejos de disminuir, aumenta con el empleo.” Costa Rica en general, y Habitat para la Humanidad constituyen una buena demostración de la capacidad de sus habitantes para responder con vigor y presteza a sus compatriotas en situaciones de necesidad.
Es una falacia oponer Estado y voluntariado. El Estado, por definición, es considerado como el principal responsable de la atención a las causas sociales. La historia latinoamericana nos ha enseñado que esa responsabilidad no ha sido suficiente para alcanzar el propósito del desarrollo. Los países que han conseguido un desarrollo relativo mayor nos presentan un modelo en el que los esfuerzos conjuntos entre las instituciones de gobierno, y la sociedad civil organizada y apoyada por el voluntariado, contribuyeron efectivamente para alcanzar los objetivos propuestos. Klisberg afirma que la región debe superar la cultura de falsas oposiciones y prejuicios mutuos. Costa Rica constituye un buen ejemplo de alejamiento de esta falacia. El gobierno atiende en colaboración con organizaciones voluntarias problemas como el de déficit de viviendas, mediante proyectos en que actúan como socios frente a un desafío común.
El Voluntariado está movido por una fuerza poderosa, el compromiso ético. Klisberg pronostica que “en una región como América Latina que siempre se ha caracterizado por estar bullente de ideales, la chispa del voluntariado puede encenderse con amplitud, porque el ambiente de fondo es propicio.”
En un estudio de la Universidad de Michigan, se encontró que entre quienes donaban había un 43% más de probabilidad de considerarse felices que quienes no lo hacían. Tal vez por eso, Costa Rica ocupa un lugar privilegiado entre los países “más felices” del continente. Esa misma apreciación de satisfacción personal la he apreciado entre los voluntarios locales y extranjeros que apoyan los proyectos de construcción de vivienda que realiza Habitat.
Está surgiendo una nueva forma de voluntariado, el Voluntariado constructor de ciudadanía y participación. Klisberg afirma que el voluntariado está en primera fila en la lucha por la ciudadanía ampliada, y que las experiencias son muy alentadoras, como la de “Villa El Salvador en el Perú, experiencia de 350.000 pobres que en base a su trabajo voluntario crearon un municipio entero, construyeron sus calles, sus escuelas, sus centros de salud, su vialidad, sobre bases autogestionarias, y lograron mejorar fuertemente las condiciones de vida básica…el voluntariado de la Villa fue decisivo. Sin la cantidad enorme de horas trabajadas de modo voluntario todo el proyecto habría sido imposible.” A medida que se consolida y amplia la experiencia, los proyectos de Habitat apuntan hacia la construcción de comunidad, que va más allá de la solución técnica que proporciona una vivienda digna.
Los logros del voluntariado en América Latina han sido reconocibles a pesar de que recién empieza a conformarse. No obstante no contar todavía con un apoyo a nivel de la educación primaria como sucede en otros lugares del mundo, resulta reconfortante observar la cantidad y variedad de organizaciones sin fines de lucro cuyos resultados descansan en el voluntariado, y que están contribuyendo significativamente en América Latina. La lista parece interminable. El lector seguramente está familiarizado por lo menos con una veintena en su propio país, y ya tal vez participa en una de ellas. Costa Rica no se queda atrás en el crecimiento, fortalecimiento y diversidad de actividades solidarias que ocupan cada vez, más tiempo y energía de sus habitantes, particularmente los más jóvenes.
El voluntariado todavía no ha dicho lo que tiene que decir en América Latina. Las palabras de klisberg son a las vez invitadoras y retadoras. Nos pregunta: ¿Es utópico creer en el voluntariado? Y el mismo responde “De ningún modo. Está en las raíces de las convicciones éticas y espirituales de los latinoamericanos” y propone un último ejemplo. “ Los Aymarás, una de las civilizaciones más antiguas del continente, distinguen entre “bienestar” que significa tener bienes materiales y “bienvivir” que significa sentirse conforme con uno mismo por optar siempre por el bien y percibir que los demás lo ven así como “una buena persona”. Plantean que el “bienestar no garantiza el “bienvivir” y que éste es un estado humano muy superior.” Considero que los colegas en Habitat, así como los amigos que comparten un esfuerzo voluntario en otras organizaciones, pueden afirmar que viven y comparte el trabajo con “personas buenas.”
Incorporar estas nuevas ideas y reflexiones, compartirlas y divulgarlas, probablemente ayudará a superar los mitos sobre el voluntariado y facilitará la multiplicación de su número donde quiera que se los necesite, y a superar con éxito las barreras que dificultan nuestro desarrollo como región.
La siguiente es una entrevista con Luis Sandoval, quien ha trabajado con muchas brigadas de voluntarios con Hábitat para la Humanidad Costa Rica. Nos comparte su opinión sobre el valor de las personas voluntarias, qué significa el voluntariado para Hábitat, una experiencia muy “Hábitat” y más.
¿Por qué es importante el voluntariado?
Voluntariado es la expresión humana de cariño por la gente y la certeza de que tomando acción hacemos la diferencia en el mundo. Un voluntario es un agente de cambio, actúa y motiva a otros a tomar acción, a involucrarse.
Voluntariado es la oportunidad de ser parte de un acto de solidaridad, es la oportunidad de dedicar nuestra persona a otros a quienes sentimos que lo necesitan.
¿Por qué el voluntariado es importante para la misión de Hábitat para la Humanidad?
Es un motor, el que personas se involucren en nuestra idea hace que esa idea se transforme en realidad y nos da validez, apoyo, nos dice que vale la pena, que hay gente que comparte esta idea o que piensa que la idea merece su esfuerzo.
Los voluntarios motivan a otros a actuar, o en último caso motivan a las personas a pensar al respecto y desearlo. Las familias se motivan y se llenan de esperanza e ilusión así como logran tener la confianza de que ellos mismos pueden colaborar. He visto muchas familias con cara de “no lo puedo creer… todas estas personas vinieron a ayudarme a construir mi casa”. Es una cara de sorpresa que se transforma en una expresión de alegría sincera muy rápida y espontáneamente. El voluntariado y los voluntarios son la parte humana de Habitat para la Humanidad, es el elemento que potencia que la humanidad sea el eje principal de toda nuestra idea.
Los voluntarios motivan a la comunidad, les enseñan, los hacen reflexionar, los maravillan muchas veces, sobre todo en zonas rurales. Los voluntarios son un evento comunitario. Los voluntarios motivan a los constructores, a los que reciben un pago por su labor que muchas veces es bajo y en condiciones difíciles y la diferencia en su trabajo y en su estado emocional es muy palpable.
Los voluntarios motivan a los coordinadores, más allá de las dificultades logísticas y algunas veces culturales, los voluntarios nos ayudan a ser mejores personas cada día.
¿Cuál es la diferencia entre el voluntariado de corto plazo y el voluntariado de largo plazo?
A corto plazo son funciones muy específicas y reducidas, en nuestro caso un voluntario corto plazo es de gran ayuda en construcción. Los voluntarios largo plazo son mucho más versátiles y son también un gran recurso. De las mayores posibilidades que veo al voluntariado largo plazo es enriquecer a la organización con personas comprometidas y ojalá con experiencia en el campo que se esté colocando.
Cuéntanos de uno de sus mejores momentos relacionados al voluntariado.
Recientemente estamos trabajando con una familia en San Isidro de Perez Zeledón, una familia de adultos mayores quienes obtuvieron el beneficio del Bono de la Vivienda del Gobierno que Habitat les ayudó a tramitar y actualmente estamos en construcción. El señor sufrió un derrame hace un año y medio, lo que retrasó el proceso. Don Mario, el señor de la casa, está postrado en una cama desde que sucedió el derrame, no hablaba mucho, no se mostraba concentrado, su movilidad es muy dificultosa, moviendo básicamente sus brazos, sin poder caminar.
Con motivo de la llegada de los voluntarios hace una semana, se movilizó a la pareja a un aposento improvisado, sin embargo don Mario sorprendentemente está muy comunicativo, logra conversar, sentado en su silla de ruedas incluso posó para una foto grupal.
La semana siguiente programamos otro grupo para ir a continuar la obra y ya la familia nos ha invitado a que a nuestro arribo vayamos directo a su casa el domingo a tomar café para compartir con los voluntarios y hacer amistad antes de iniciar la construcción. La familia actualmente viven en un cuartito que se improvisó para ellos dentro de la propiedad, sin embargo están motivados y deseosos de participar y seguir adelante.

“Esta ha sido una experiencia invaluable para mí. Aún trabajando dentro de la oficina, no directamente con las familias o construyendo casas, ha sido muy satisfactorio poder participar tras bambalinas y ayudar al equipo a salir fuera de las oficinas y hacer lo que mejor hacen: coordinar, construir, apoyar a las familiar, organizar y dar la bienvenida a los voluntarios”.
Nunca antes había sido voluntaria. Lo había pensado, pero siempre estaba ocupada con el trabajo y la vida diaria. Hasta hace poco, cuando renuncié a todo eso y surgió la oportunidad de trasladarme a Costa Rica, me di cuenta que esta sería la oportunidad de relacionarme con algún tipo de ONG. También pensé de forma un poco egoísta que esta sería una gran oportunidad para conocer el país fuera de los límites de la comunidad de extranjeros a la que habíamos llegado.
Esta ha sido una experiencia invaluable para mí. Aún trabajando dentro de la oficina, no directamente con las familias o construyendo casas, ha sido muy satisfactorio poder participar tras bambalinas y ayudar al equipo a salir fuera de las oficinas y hacer lo que mejor hacen: coordinar, construir, apoyar a las familiar, organizar y dar la bienvenida a los voluntarios.
Me inspira el equipo de Hábitat para la Humanidad Costa Rica y el trabajo que realizan aquí. El grupo está dedicado a la causa, con un gran interés en las familias a las que ayudan y siempre decidido a encontrar nuevas formas de llevar esperanza a la gente, todo esto es tan contagioso que estoy aprendiendo que las recompensas son mucho más gratificantes que las siempre variables utilidades monetarias del mundo corporativo de donde vengo.
Además de todo lo anterior, mi español está mejorando. He aprendido mucho acerca de la cultura Costarricense y continúo aprendiendo sobre el país y su gente cada día que pasa.
Estoy agradecida de ser parte de una organización con este espíritu de generosidad, amabilidad y grandes niveles de energía y compromiso al equipo de Hábitat y sus partidarios.
Christine Rothdram
Costa Rica
Soy Patrick Thompson, voluntario internacional de Vancouver, Canadá. Durante los últimos seis meses, he tenido la oportunidad de colaborar como Voluntario Coordinador de Hábitat para la Humanidad Argentina. En este puesto trabajo como voluntario, ayudando a reclutar, entrenar e integrar otros voluntarios al programa y ponerlos al tanto de las prioridades de esta atareada ONG. Lo que inició como una idea hace casi un año se transformó en realidad el pasado Junio cuando llegué a Buenos Aires.
Quizás te preguntes: “¿Porqué atravesar el mundo para ser voluntario?”. Para mí fue por instinto, un fuerte deseo de ofrecer mi motivación y habilidades a una causa en la que creo: voluntariado comunitario. La inspiración para trabajar con HPHA se originó de mi propia experiencia como voluntario de Hábitat Nueva Orleans, donde trabajé mano a mano con voluntarios de toda edad y clase social. Al igual que yo, muchos fueron sacados de su zona de confort, animados por el sentimiento colectivo de que las acciones individuales pueden hacer la diferencia. Mi meta era dirigir este poderoso sentimiento hacia un puesto organizacional.
Al llegar a Argentina, me di cuenta rápidamente que el espíritu del voluntariado, a pesar de estar vivo y latente dentro de la organización HPHA, era apenas un concepto relativamente nuevo en el país. Con esto en mente, mi primera tarea fue ayudar a la organización a expandir su alcance local con la introducción de un nuevo programa para voluntarios. Mes a mes, a través de reuniones semanales y sesiones de entrenamiento, llegué a la conclusión de que este espíritu no estaba perdido si no tan sólo inactivo. Con un poco de estimulo, los voluntarios locales comenzaron a hacer valer sus puntos de vista y a desarrollar sus propios papeles dentro de los proyectos de mejoras a la comunidad de HPHA. Cada paso dado, sin importar lo pequeño que sea, ha llegado a dejar una gran huella.
El trabajo de hacer el programa de voluntarios en Argentina continúa y me siento muy privilegiado de ser la persona responsable de dar respuesta a todas las inquietudes de los voluntarios potenciales. Recibo correos electrónicos diarios de personas alrededor del mundo, todos en busca de participar de alguna manera en este proyecto. Estos mensajes me animan a seguir trabajando y me recuerdan de la gran cantidad de interés que está esperando ser llamado a la acción. Tengo la esperanza que el voluntariado comunitario continúe creciendo en lugares como Argentina, donde las necesidades son grandes y las oportunidades para actuar están vigentes.
Patrick Thompson
Movilización Comunitaria
Hábitat para la Humanidad Argentina
Un agradecimiento especial a voluntaria Cariño Roche Garcia por traducción.
Kelsey Halena ha sido haciendo un trabajo voluntario con Hábitat en Costa Rica desde septiembre de este año. Para los próximos seis meses continuirá en su capacidad de Coordinadora del Programa de Voluntariado Internacional para América Latina y el Caribe. En la entrada siguiente, Kelsey nos ofrece una perspectiva única de cómo es vivir lejos de su hogar.
1. Utilizar la tecnología sin remordimientos
Hace unas noches estaba conversando con un amigo en Facebook sobre cómo les iba a mis conocidos en Minnesota. Al mismo tiempo, mi papá me envió un mensaje vía Skype preguntándome sobre mi día en el trabajo. Después de la cena, llamé a otro amigo vía iChat para conversar con él personalmente (tecnológicamente hablando). No hace falta decir que no estoy del todo desconectada de la vida de mi familia y amigos en casa. Sé que esto puede parecerle a algunos como que le resto tiempo a mi experiencia aquí en Costa Rica, que en vez de pasar tiempo hablando con mis amigos debería estar explorando el país. Pero esto me ha ayudado a no extrañar tanto mi hogar y alguna veces a darme cuenta lo feliz que soy de estar aquí en vez de en casa. Mientras mis amigos realizan las mismas actividades semana a semana a mí se me ha otorgado esa oportunidad única. Así que al finalizar el día, puedo escoger entre los varios medios de comunicación a mi alcance y conectarme con cualquiera, ya sea en Minnesota o en California. Por supuesto que esto no se compara con estar físicamente cerca de mi familia y amigos, pero es definitivamente más rápido y conveniente que la correspondencia por escrito que mi mamá solía mantener con su familia mientras vivía en Suiza. A ella le encanta recordarme los beneficios de la tecnología y generalmente lo hace vía Skype.
2. El tiempo no se detiene
El día que llegué a mi nueva habitación en San José, Costa Rica, un 4 de Septiembre, me pregunté cómo se me había ocurrido pensar que iba a aguantar estar aquí durante nueve meses. Me parecía demasiado tiempo, muchas cosas pasarían y yo me las iba a perder. Ahora, cuando pienso en los últimos dos meses y medio me pregunto a dónde se ha ido el tiempo. ¿Cómo puede ser que ya haya pasado casi un tercio de mi viaje? Todavía tengo muchas cosas que hacer, tantos lugares a donde ir. ¿Y los viajes que mi familia y amigos planean hacer a Costa Rica? Antes parecían tan lejanos y ahora debo comenzar a hacer reservaciones en hoteles pues ya falta poco para que vengan. Se suman las noches de cenas y conversaciones con mi familia anfitriona y aún las tardes que me quedo en casa, sin que nada aparentemente importante suceda se juntan para complementar mi tiempo aquí. Así que intento aprovechar al máximo mis fines de semana, visitando todos los lugares maravillosos que no estoy segura pueda volver a ver. Porque el tiempo no se termina pero mi estancia aquí sí. Así que cuando regrese a soportar el frio invierno de Minnesota podré recordar esos fabulosos días en San José cuando podía vestir pantalonetas cortas y camisetas en Noviembre.
3. Lo que pensé que necesitaba
Ya sea por falta de dinero o falta de acceso a tiendas – o una buena combinación de ambas, pero ya no compro cosas que no necesito. Desde que llegué a San José me he dado cuenta que las cosas que creía “necesarias” en Minnesota no lo son. ¿Las 20 playeras que guardaba en una gaveta que apenas y se podía cerrar? Me va igualmente bien con las cinco que llevo en mi única maleta. ¿Y los tres pares de zapatos iguales de diferente color? El único par que traje conmigo sigue resistiendo. ¿Por qué entonces tengo la necesidad en casa de guardar tanta cosa innecesaria, si todo lo que REALMENTE necesito cabe en una maleta? Claro, hay veces en que desearía haber traído conmigo mi secadora de pelo. O el libro que quiero leer y dejé en mi estantería. La falta de objetos ha creado mucha simplicidad en mi vida y un proceso de toma de decisiones mucho más fácil. Después de todo, ¿qué tan difícil puede ser decidir que empacar para el fin de semana, si todo lo que poseo cabe en dos bolsas? Tengo todo lo esencial y nada más que desordene mi vida.
4. Siempre despierta, siempre encendida
Antes, después del trabajo, generalmente me iba a casa, encendía la televisión y apagaba todo lo demás, incluyendo mi mente. Antes de venir a Costa Rica trabajaba de niñera de tres niños de 1, 3 y 5 años. Esto realmente acababa con mi energía y lo único que quería al llegar a casa era cerrar los ojos y dejar mi mente en blanco. Mi trabajo en Hábitat para la Humanidad es completamente diferente ya que debo estar en la oficina, por lo general sentada frente a la computadora. Aunque mi cuerpo no está en constante actividad como cuando era niñera, mi mente definitivamente no tiene descanso. Entre correos electrónicos, llamadas telefónicas y conversaciones en español alrededor mío, llego a la nueva oficina, a los nuevos compañeros de trabajo y a nuevos métodos. Al final del día mi cerebro no se desconecta, como yo algunas veces quisiera. En una simple caminata de 15 minutos de regreso a casa, observo y descubro cosas nuevas cada día. Las pautas del trafico, los horarios de otros, el ambiente…las cosas cambian cada día en el transcurso de mi oficina a mi casa, pequeños detalles que nunca habría tomado el tiempo de notar en Minnesota. Una vez en casa, me espera mi mamá anfitriona quien se ha pasado el día limpiando y cocinando en espera de la llegada de su familia. Todo esto es algo que me tomó un tiempo acostumbrarme (pero no puedo decir que fuera difícil). Hasta el momento de cerrar los ojos al final del día, mi cerebro es un constante receptor, absorbiendo todo lo que se cruza a su paso, lo que me ayuda a dormir bien por las noches.
5. Soy capaz
Hubo muchas veces en que pensé que no era capaz de ir al mecánico sola porque no sabía que decirle sobre lo que estaba mal con mi carro. O cuando no hice algo tan insignificante como irme de paseo por mi cuenta durante el fin de semana, porque no creía poder planearlo y me ponía nerviosa de sólo pensar que me perdería o equivocaría en algo. Esto es lo maravilloso de ser dejada a mitad de un país extraño. Es quedarse o huir. Si mi decisión hubiera sido huir hubiera llegado justo al mismo punto, sin nunca despegar hacía algo nuevo. Así que decidí quedarme. Resulta ser que poseo un espíritu luchador y dispuesto a todo, más de lo que yo creía. Me siento a gusto con planear el fin de semana, con un nuevo trabajo, una nueva familia, un nuevo país. No puedo evitar sentirme un poco más independiente cada vez que termina un fin de semana de excursión. Pero no solamente se trata de las actividades del fin de semana. Afortunadamente, mi capacidad se mantiene durante los siete días de la semana, asegurándome que con sentido común y confianza seré capaz de mantener la lucha por esta buena causa.
Volcán Poas | Costa Rica
Un agradecimiento especial a Cariño Garcia Roche por su traducción de esta entrada.
“El Voluntariado en Latinoamérica debe ser un movimiento de cambio de los paradigmas en el que el individuo se debe empoderar, ser consciente de sus problemas y se ve enfrentado a su realidad, que junto al involucramiento comunitario se vuelve parte activa de la solución, sin duda el voluntariado en América Latina y el Caribe es un movimiento revolucionario alejándonos de esquemas paternalistas en el que se espera que el gobierno o inclusive otros de países desarrollados nos solucionen los problemas”.
Luis D. Madrid
Coordinador de Brigadas Nacionales y Aldea Global
Hábitat para la Humanidad Honduras
Argentina
Honduras
El Salvador
Chile
México
República Dominicana
Bolivia
Y tú… ¿Qué opinas?
“No tienes que viajar al otro extremo del mundo para dar ayuda o hacer la diferencia. Muchos de los problemas que vemos en un país subdesarrollado los podemos encontrar muy cerca de nosotros”.
Mi nombre es Charles Adams y me gustaría compartir mi experiencia con todos ustedes. El 18 de marzo del 2009 llegué a mi lugar de destino: Asunción, Paraguay. Tan pronto como pisé suelo Paraguayo supe que mi vida cambiaría…para bien claro está.
En enero del año 2008, tuve la maravillosa oportunidad de estudiar en el extranjero, en Ghana, con mi Alma Mater, la Universidad de Elon. Mientras estuve en Ghana, fui testigo de algunas de las horribles situaciones que existían en el mundo, también llegué a comprender lo fuerte que pueden llegar a ser las personas.
Al regresar de mi viaje a Ghana, me prometí volver a África en cuanto tuviera otra oportunidad. La suerte estuvo de mi lado al concederme mi deseo en poco tiempo. Casi un mes después, mi hermana Catherine me preguntó si quería acompañarla a un viaje de misión a Kenia, Uganda y Ruanda. Inmediatamente dije que SI, sin preguntar detalles ni pedir permiso a mis padres.
Estos viajes, junto con mi interés personal me encaminaron al concepto del voluntariado o de ofrecer mi tiempo a otros. Cuando decidí ser voluntario, supe inmediatamente que quería hacerlo en el extranjero. Siempre me ha apasionado viajar y conocer tantas culturas como se pueda; hacer esto permite a las personas tener mayor conocimiento en diferentes áreas y abrir su mente a nuevas posibilidades.
Animado por esto, empecé a investigar en Internet. Eventualmente, encontré la página de Internet de Hábitat para La Humanidad Internacional y me enteré acerca del Programa Internacional para Voluntarios. Enseguida empecé a mandar varios correos electrónicos para averiguar más acerca de la posición, que era lo que tendría que hacer como voluntario y para determinar si el voluntariado era realmente lo que quería hacer. Después de pensarlo detenidamente, decidí que estaba tomando el camino correcto y haciendo lo apropiado.
Toda mi vida he tenido el deseo y la voluntad de ayudar a quienes lo necesitan. Reconozco que he sido privilegiado y he podido hacer muchas cosas en mi vida, mientras otros, desafortunadamente, no han tenido tanta suerte. El simple hecho de ir a la cocina, tomar un vaso de agua fría del refrigerador y beberlo es una tarea aparentemente simple. Sin embargo, no lo es, aunque muchas veces lo damos por sentado.
A continuación, fui convocado para venir aquí, a Paraguay y ser voluntario en el Programa de Aldea Global. Soy Asistente Voluntario de Movilización donde ayudo a planificar, organizar e implementar la logística de los viajes para los voluntarios internacionales y nacionales. Debido a que somos 2 personas en el departamento, pudimos dividir la carga de trabajo y pude enfocarme principalmente en los voluntarios internacionales. Básicamente nos encargamos de conversar con el líder o lideres de cada equipo e investigar sobre lo que el grupo quiere hacer durante su estancia. Luego, tomando en cuenta las necesidades y requerimientos, hacemos el plan de trabajo diario.
Ser parte de este programa ha sido muy emocionante, he podido hacer amigos de todo el mundo. Actualmente, tengo amigos en Irlanda, Canadá, Australia y Paraguay. También he agregado unos cuantos amigos estadounidenses a mi lista.
El tiempo que he pasado aquí me ha enseñado a sobrevivir por mi cuenta y me ha dado una nueva y profunda confianza. He sido capaz de construir una casa de la nada. Por supuesto, este proceso es fácilmente llevado a cabo cuando estás rodeado de personas maravillosas que te abren sus brazos y hogares. Regularmente se referirán a ti como el Yankee, Gringo, Americano, Norte Americano, Extranjero…del vecindario. Las personas aquí son increíblemente amistosas y cálidas lo que hace más fácil disfrutar mi estadía.
Actualmente, estoy en el proceso de organizar mis planes para el próximo año. El tiempo transcurrido aquí ha sido tan grandioso que he decidido regresar y trabajar en este país un año más. Esto me ha llevado a invertir tiempo mandando correos electrónicos a diferentes empresas y reunirme con varias personas para encontrar trabajo. Durante este proceso he tenido que valerme de las habilidades sobre negocios aprendidas en la universidad pero aplicadas a mi entorno actual. Esto significa utilizar un idioma diferente al mío, por lo tanto, si soy capaz de ir a varias empresas y entrevistarme en español, estoy seguro que cuando sea el momento de regresar a mi país y tener entrevistas de trabajo, no tendré de que preocuparme. Si puedo hacer esto en un segundo idioma, ¡hacerlo en mi idioma natal será muy fácil!
Quiero dejar claro que al decir que “esta gente abre sus hogares a todas las personas” …literalmente me refiero a que abren su puerta principal y, más específicamente, su cocina. Es IMPOSIBLE entrar a la casa de alguien sin llegar a su cocina y comer algo. No importa si acabas de comer o si vas a hacerlo después, tienes que comer algo ahí. Cuando te preguntan si quieres algo de comer, no es realmente una pregunta, es una orden: vas a comerte la empanada que te ofrecen como si tu vida dependiera de ello. No puedes ser descortés y negarte, así que cuando regresas a casa y tu familia y amigos notan tu cara un poco más gorda y un nuevo hoyo ha aparecido en tu cinturón, ¡no te preocupes!, tienes una excusa. Todo lo que tienes que decir es que estabas acoplándote a la cultura del país y no querías parecer descortés o ignorante.
No solamente he hecho nuevas amistades y mejorado la confianza en mí mismo, sino que también he aprendido a vivir verdaderamente y apreciar las cosas que tengo. He pasado un año entero viviendo únicamente con los recursos básicos y nada más. Pronto aprendes que hay tiempos bastante duros a veces, pero al final siempre se sobrevive. Por ejemplo, he pasado un año sin ir a comer a Subway, o probar las papas fritas de Chili’s, sin aire acondicionado y sin ver la temporada de football de la NFL, ha sido verdaderamente difícil pero lo he logrado. Me ha ayudado mucho el saber que mi equipo (los Redskins de Washington) tuvo una temporada muy mala, pero de cualquier manera, un verdadero fanático quiere ver a su equipo jugar aún si pierde. He aprendido una importante lección: no te sientas avergonzado por tener todas las cosas que tienes, de hecho, acéptalas, agradécelas y luego haz lo que debas hacer para dar algo a cambio.
Cuando me siento a pensar sobre el tiempo que he pasado aquí, siempre me viene a la mente el grupo que tuvimos en Julio. En Julio, recibimos a tres grupos de Aldea Global al mismo tiempo. La logística fue una pesadilla ya que tuvimos que hacer una cantidad exorbitante de planes tomando en cuenta cada pequeño detalle. Afortunadamente, pudimos arreglarlo de manera que todos los grupos pudieran trabajar en el mismo sitio de construcción. En total, habían 31 personas de Irlanda (17), Canadá (12), Australia (2). Puedo decir sinceramente que no se perdió ni un segundo con estos grupos, siempre había algo que llamaba tu atención. Pero también, cuando estás a cargo de 31 personas (algunos mayores que yo), siempre surge algo.
En la semana que trabajamos en Itapúa, Paraguay, construimos ocho casas en solo cinco días. Escogí al grupo de Irlanda por ser un equipo poco usual. De las 17 personas, solamente ocho eran originarias de Irlanda, las otras nueve venían de diferentes países: España, Zimbabue, Polonia, África del Sur, Moldavia, Austria, Vietnam, Rumania e Italia. Deben estarse preguntando el porqué de tantas nacionalidades en un solo grupo, déjenme explicarles: el líder de este equipo está a cargo de una organización que ayuda a jóvenes irlandeses en riesgo y muchas de las personas de los otros países radican en Irlanda ayudando a Fergus con su trabajo.
En el transcurso de la semana, el grupo socializó y todos se volvieron muy buenos amigos. Para mantener el buen ambiente y llevar un poco de Irlanda a Paraguay, Fergus y algunos de “los muchachos” trajeron sus guitarras y mandolinas. Cada noche había concierto en el hotel y una nueva canción a la hora de la comida. Durante la semana cantamos las siguientes canciones: The Boxer, Take Me Home (Country Road), American Pie, The Galway Girl, Whiskey in the Jar, You Are Not Alone, Let It Be… y la lista sigue.
Además de cantar canciones (y… ¡ah claro! …construir casas), también jugamos varios partidos de fútbol. La mayoría de estos partidos eran dentro de un gimnasio y cada juego tiene su propia historia. Aunque hablo ahora de este grupo, hay por contar muchas más historias y chistes.
Quiero que sepan que cualquiera que esté interesado en ser voluntario no tienes que viajar al otro extremo del mundo para dar ayuda o hacer la diferencia. Muchos de los problemas que vemos en un país subdesarrollado los podemos encontrar muy cerca de nosotros. Me imagino que cualquiera que de un paseo por su ciudad invariablemente verá pobreza, gente sin hogar y con hambre en las calles. Muchos de nosotros hemos sido muy afortunados de tener un techo donde vivir, comida en nuestra mesa cada día y personas que nos cuidan y aman. Ser voluntario es algo que debes hacer por tu propia cuenta sin esperar recibir nada a cambio.
Ser voluntario de Hábitat para la Humanidad Paraguay ha sido una experiencia excepcional y espero que aquellos que están leyendo esto (si aún siguen haciéndolo) consideren la opción del voluntariado en un futuro. Los recuerdos, las amistades y la experiencia valen cada minuto y cada centavo invertido.
¡Gracias por tomarse el tiempo para leer mi blog y buena suerte en todos sus proyectos futuros! Reciban bendiciones desde el corazón de América del sur.
Charles (Carlos) Adams

Un agradecimiento especial a voluntaria Cariño Roche Garcia por traducción de esta entrada.
“En la organización siempre hay un espacio para compartir los talentos y mostrar el amor y la solidaridad”.
Diana Sandoval tiene 21 años, de nacionalidad colombiana, participa como voluntaria con Hábitat para la Humanidad Chile en los proyectos Nuestros Hijos Vuelven a Casa y la Escuela de Líderes, desde julio de 2009.
Para Diana su experiencia como voluntaria al conocer la vida de niños y niñas con enfermedades catastróficas y a líderes de comités que llevan años trabajando para tener o mejorar su vivienda, ha sido impactante, ver sus carencias, potencialidades, ganas de salir adelante, la ha comprometido mucho mas con estos proyectos.
“La familia para los niños y niñas es fundamental, ya que es en su interior donde ellos y ellas reciben la base de su vida afectiva y emocional, es por esto que para nuestros niños y niñas es fundamental recibir el apoyo de cada uno de los miembros de la familia para su bienestar”.
En la escuela de líderes, “Cada taller es un reto, un proceso de diálogo de saberes, es gratificante ver como los líderes participan y reflexionan respecto a sus prácticas de administración de sus ingresos en familia, a través de la experiencia de cada uno que aporta elementos importantes y útiles para la vida cotidiana, de esta forma se crean hábitos de ahorro que les permite alcanzar sus metas futuras de vivienda, uno de los aspectos más importante es que se promueve el compromiso de los líderes al tener que convertirse en replicadores del conocimiento aprendido y compartirlo a un promedio de 30 personas más de sus organizaciones”.
Diana invita a otros voluntarios y voluntarias de la region unirse a esta causa, “Es una experiencia maravillosa”, concluye Diana. “En la organización siempre hay un espacio para compartir los talentos y mostrar el amor y la solidaridad”.
Fuente: Hábitat para la Humanidad Chile
Para aprender más sobre los proyectos y el voluntariado en Chile, visita la página http://www.habitat.org/lac/quienes_somos/chile_profile.aspx.





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