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El Foro, una publicación trimestral de Hábitat para la Humanidad, indaga sobre la problemática relacionada con vivienda y pobreza, describe el trabajo que Hábitat hace alrededor del mundo y ofrece un análisis a fondo de programas innovadores que abordan la necesidad de una vivienda adecuada.

Esta edición de la revista explora como Hábitat para la Humanidad y sus aliados han abordado cada fase del ciclo de gestión del riesgo de desastres, destacando los proyectos de reducción de riesgos previos a los desastres.

Adicionalmente, esta edición de El Foro desafía a las entidades de Hábitat a examinar su propia planificación para desastres.

Bajar el Volumen 19, Número 1 (5MB .pdf):
Reducción de Riesgo y Respuesta a Desastres

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Ayudando a Haití: Hacerlo correctamente
Por Julie R. Grier
Traducido por Felipe Gurdian.

El 12 de Enero del 2010, a las 4:53 p.m., yo y mi comprometido nos encontrábamos en nuestra casa en el Barrio de Tugreau en Puerto Príncipe. Tres minutos más tarde, nos encontrábamos afuera en la calle, cubiertos en polvo y rodeados por los gritos  y las llamadas de gente que surgían a través de las calles.

Haití se ha convertido en mi segunda patria; mi comprometido es de Haití y me mude aquí para estar con el, pero no paso mucho tiempo antes de que empecé a amar a Haití por sí mismo. La devastación de estos pasados días ha sido de pesadilla y me rompe el corazón. Encontrar la luz al final de este túnel tan oscuro se ha vuelto casi imposible. La única esperanza que puedo encontrar en esta tragedia es la oportunidad fugaz para un cambio positivo a largo plazo, de la misma manera que Chicago pudo reconfigurarse completamente y pudo convertirse en una gran ciudad después del gran incendio de 1871.

Es indisputable que en este momento Haití ocupa ayuda a corto plazo (comida, tiendas de campaña, agua, etc.), pero igualmente ocupa planeamiento a largo plazo para un mejor futuro.  Lo que se ocupa es sacar a todo mundo de Puerto Príncipe, arrasar la tierra y comenzar de nuevo, esta vez con planificadores urbanos y otros profesionales calificados. Puede que suene extremo, pero considere que esta ciudad va a tener que ser arrasada de toda manera. Los edificios que permanecen están casi todos construidos con un frágil concreto a base de piedra caliza y han sido irreparablemente dañados. Los restos de los edificios que cayeron contienen un sinnúmero de cuerpos que pronto se volverán una fuente de bacteria y enfermedad que ciertamente puede agravar una situación ya desastrosa. Todos estos lugares tienen que ser demolidos, quemados y los restos removidos en el interés de la salubridad y seguridad pública. No es posible hacer esto con tanta gente todavía viviendo en la ciudad.

¿Pero qué hacer con toda esta gente? ¿Cómo es posible moverlos? La solución es una respuesta de doble acción: relocalización a las provincias y la provisión de campamentos temporales a largo plazo. Más de la mitad de la gente viviendo en Puerto  Príncipe no son de esa ciudad y provienen de poblados más pequeños a través  de la isla y mantienen familiares y amigos en esas regiones.  Se puede ayudar a esta gente – ofreciéndoles transporte, y quizás ofreciéndoles dinero para que encuentren vivienda o para que inicien empresas en esas áreas. Un gran porcentaje ya han sido relocalizados y ahora viven con relativa seguridad. Otra solución tiene que ser encontrada para aquellos que si son de Puerto Príncipe; principalmente la creación de varios campamentos de refugiados en las afueras de la ciudad y a lo largo del país. 

Estos campamentos tienen que proveer, como mínimo, comida, vivienda, agua y saneamiento, servicios de salud y seguridad para sus habitantes. Tienen que ser organizados como pequeñas ciudades por planificadores urbanos, a pesar que sean de tiendas de campaña. Lo más importante de todo es que se les haga claro a los habitantes que los campamentos no son hogares permanentes y que no pueden construir sus propias estructuras en o alrededor de ellos.  Más bien sirven como vivienda temporaria mientras se lleva a cabo la limpieza y reconstrucción de Puerto Príncipe. Las personas viviendo en campamentos deberían ser contratadas como trabajadores en la reconstrucción, así no solo creando muy-necesitados trabajos, sino también ofreciendo capacitación de trabajo. Los profesionales involucrados en la reconstrucción – cuya mayoría vendrán del exterior – podrán trabajar con profesionales Haitianos, oficiales de gobierno y otros grupos relevantes, no solo asesorando, sino también educando.  Las destrezas adquiridas en la reconstrucción de Puerto Príncipe podrán usarse en las secuelas de futuros desastres, incluyendo huracanes.

No hay duda que el costo del proyecto será más caro que simplemente llevar a cabo distribuciones de comida. El proyecto asegurará un futuro para Haití. En vez de fomentar la dependencia hacia ayuda de largo plazo, la cual ha permitido los prevalentes y peligrosos sistemas de construcción y gobernación de obras públicas, este plan empoderará a haitianos a contribuir en su propia recuperación, ofreciéndoles las destrezas para el futuro. Este plan podría salvar muchas vidas al reducir los múltiples peligros de vivir en un área de desastre. Todavía más importante, este plan podría significar la diferencia entre la vida y la muerte para millones de haitianos en el futuro.

La respuesta mundial hacia la devastación de Haití ha sido abrumadora y generosa. Pero si se dirige la crisis en términos de corto plazo se le negará al país la oportunidad para una recuperación verdadera. Un sinnúmero han muerto en la tragedia; hagamos un esfuerzo para que esas vidas no hayan sido perdidas por nada. Reto a todos involucrados en este esfuerzo – las Naciones Unidas, USAID, el gobierno Haitiano, donantes y organizaciones grandes y pequeñas – a que reúnan sus recursos, individualmente y en conjunto, para iniciar estos campamentos lo más pronto posible, así asegurando la salud pública y garantizando un inicio rápido a los esfuerzos de reconstrucción.

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