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Vivienda y Salud Vivienda y salud, una cuestión fundamental. 

Msc. Eric Solera Mata, Sociólogo

Gerente de Desarrollo Comunitario,

Hábitat para la Humanidad América Latina y el Caribe.

 

La vivienda es un factor fundamental para la salud y el desarrollo de las familias y comunidades.  Para millones de personas alrededor del mundo, especialmente niñas y niños en condición de pobreza, mejorar su situación de vivienda puede marcar la diferencia entre tener una vida sana o padecer múltiples enfermedades,  entre ser escolarmente exitosos o sufrir rezago, entre prosperar o quedar atrapados en el círculo de la pobreza, entre  asegurar una vida de calidad o sufrir una muerte prematura.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo hay unos 10 millones de personas que sufren el Mal de Chagas, sobre todo en América Latina. Las grietas o huecos en las  paredes de las viviendas precarias son los principales lugares donde se aloja el  vector de trasmisión de esta enfermedad, que es un insecto llamado chinche o vinchuca.  Se ha verificado que el 30% las personas afectadas por este mal sufren alteraciones cardiacas y el 10% son afectadas por problemas digestivos y neurológicos, entre otros.  Unas 10 mil personas mueren al año por la incidencia de este mal. La OMS considera indispensable el mejoramiento habitacional para combatir el vector de trasmisión, ya que no existe vacuna.[1]

UNICEF estima que más de 400 millones de niños de todo el mundo sufren de una falta de acceso seguro a agua y saneamiento, y que la falta de agua potable contribuye anualmente a la muerte de 1,5 millones de niños menores de 5 años por diarrea. Naciones Unidas estima que si se lograra un acceso universal en el año 2015, se evitaría la muerte de 2 millones de personas en el mundo, durante la década del 2020.

En países como los centroamericanos, entre el 20% y el 40% de las viviendas tienen piso de tierra.

Este tipo de cimiento genera una alta exposición de los niños y niñas menores pequeños a infecciones por parásitos intestinales trasmitidos por el contacto con la tierra (geohelmintos), cuya gravedad no solo reside en su efecto inmediato sobre su salud y nutrición, sino también sobre su desarrollo cognitivo.  Según un informe del BID y la OPS, se estima que “los niños pierden un promedio de 3.75 puntos de cociente intelectual por cada infección por geohelmintos”.  Además, “a largo plazo  estos parásitos pueden limitar el potencial económico hasta en un 43 por ciento”.[2]

Esta breve referencia de algunos indicadores ilustra como enfermedades gastrointestinales, respiratorias, infecciosas, parasitarias e, incluso, de carácter psíquico están fuertemente asociadas a causas que tienen que ver con las condiciones de la vivienda: su iluminación y ventilación, la disponibilidad de espacio, la calidad de los materiales y la construcción, el acceso a servicios básicos, las condiciones del entorno inmediato, su capacidad de proteger de los elementos del ambiente y de la incidencia de animales trasmisores de microorganismos perniciosos.

Frente a esta realidad desafiante, Hábitat para la Humanidad está construyendo estrategias de trabajo que consideran al menos tres aspectos claves  de la vivienda: sus características físicas y funcionales, su relación con el entorno, los usos y prácticas de las personas acerca de su vivienda.  Esto nos lleva a su vez a tres ámbitos de intervención estrechamente interrelacionados: el mejoramiento material de las viviendas, los procesos de educación y aprendizaje comunitario, el fortalecimiento de la organización de las comunidades en territorios seleccionados por su problemática.

Un ejemplo de ello es el proyecto realizado en la isla de San Andrés (Colombia).  A partir de un proceso de diagnóstico y de diálogo con la comunidad, se evidenció la urgencia de responder a la alta incidencia del dengue, la diarrea y la leptospirosis.  Se atendieron mejoras habitacionales mediante sistemas saludables de captación de agua de lluvia para su potabilización y uso seguro; se mejoró la calidad y disposición adecuada de las aguas residuales, así como el alcantarillado; también se acondicionaron los espacios de cocina para el almacenamiento y manipulación segura de los alimentos.  Además se realizó todo un trabajo de educación y acompañamiento con las familias, orientado a fortalecer o transformar prácticas culturales, de manera que sean ellas mismas las principales gestoras y garantes de su salud.    Se capacitaron además, agentes comunitarios con el afán de incrementar  la capacidad de gestión comunitaria en favor de la salud y que se evite así, la dependencia de actores externos a la comunidad.

Con este tipo de proyectos se modela en la práctica, una forma de intervención que puede ser replicada no solo por otras organizaciones sino por la formulación de políticas públicas locales y nacionales, las cuales son indispensables para lograr  transformaciones más amplias y profundas en favor de la salud y la calidad de vida de las familias que sufren la precariedad habitacional.    Estamos comprometidos con este esfuerzo, porque, al fin y al cabo, este es un caso donde podemos aducir sin exageraciones…  que se trata de un asunto que puede ser de vida o muerte.    [VP1]


[2] OPS, BID et al, Un Llamado a la Acción: Hacer frente a los helmintos transmitidos por el contacto con el suelo en Latino América y el Caribe, 2011


 [VP1]Buenísimo el final!

Cooperemos por el agua limpia, segura, y su uso racional

Juan Carlos Sapién, Gerente de Proyectos de Soluciones Habitacionales

Maria Luisa Zanelli, Gerente de Incidencia y Alianzas

Departamento de Vivienda y Asentamientos Humanos

Habitat para la Humanidad América Latina y Caribe

 

El 71% de la superficie del planeta es agua, el 2.5% es agua dulce, y sólo el 1% de ésta, es apta para el consumo humano[1]; si esta pequeña cuota que nos brinda el planeta sigue siendo utilizada de manera irracional y descontrolada particularmente en zonas urbanas, el agua podría no lograr una tasa suficiente de renovación frente a la demanda; o podría estar tan contaminada que sería prácticamente inútil. Mientras tanto, el agua de lluvia se desaprovecha casi totalmente en las ciudades, se transforma en aguas grises generadoras de problemas ambientales. Lograr agua limpia, segura, y su uso racional es sin duda uno de los problemas más serios que debemos enfrentar en las próximas décadas[2].

 

En el 2002[3], el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales  estableció que “El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna”, y lo define como “el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico”. En el 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas[4] reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. Reducir la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potables  es la meta 7 de los Objetivos del Milenio al 2015. Este marco ha permitido avances en la descentralización, regulación y control de servicios en la región[5].

 

En América Latina, el 21% de las viviendas urbanas latinoamericanas no tienen la infraestructura básica necesaria y un 9%  carece de agua potable[6].  Se estima que el 40% del agua tratada se pierde por un mal funcionamiento de la infraestructura, fugas[7] y usos inadecuados, mientras que las políticas tarifarias no siempre cubren los costes de operación y raramente benefician a los más pobres[8]. Guatemala, Haití, Nicaragua y Bolivia son los países con niveles más críticos de acceso a agua concentrándose de manera significativa en los barrios marginales[9] de las  ciudades.

 

Hábitat para la Humanidad – Región América Latina y Caribe HPH ALC identifica las cadenas de valor de agua y saneamiento en ámbitos locales, se involucra en educación para la vivienda saludable, tecnologías adecuadas, empoderamiento de las mujeres y grupos vulnerables para influir en mejorar la gestión del agua. Ejemplo de cómo HPH ALC está exitosamente involucrándose desde un enfoque comunitario:

 

El proyecto Varjada en Brasil, el acceso al agua fue facilitado a través de tecnologías adecuadas como la captación de agua de lluvia. Involucrando a los líderes comunitarios se identificó que el agua potable fue la mayor necesidad comunitaria. El agua no solo fue significativa para mejorar la calidad de vida, sino también para las mujeres que invertían varias horas cada día recolectando agua desde largas distancias. Una vez que se resolvió el problema del agua, las mujeres empezaron a invertir más tiempo en actividades, como la producción y venta de artesanías, incrementando sus ingresos, mejorando la calidad de sus viviendas,  invirtiendo más en la educación de sus hijos y experimentando un mayor nivel de autoestima. Además, se organizaron en una asociación, por el desarrollo de la comunidad[10].

 

En la comunidad “La Gallina”, Nicaragua  se conforman el comité de agua y saneamiento, y el comité de prevención de desastres; se forman facilitadores comunitarios para el cambio de comportamiento en agua y saneamiento, y en educación financiera; las familias son capacitadas en autoconstrucción, producción de materiales, uso y mantenimiento de la tecnología de inodoro ecológico; se informa sobre ley de Vivienda, y pasos para legalizar la propiedad; la comunidad elabora su plan de riesgos y amenazas; a través de un trabajo en alianza (gobierno nacional y local, ONG, la comunidad, el sector privado, voluntarios, agencias internacionales, y las familias) se optimizan los recursos para invertir en agua y saneamiento; con todo ello se busca expandir el alcance de la intervención en agua, saneamiento e higiene a una transformación más integral de la comunidad[11].

El agua es un factor clave en el desarrollo socio económico, la erradicación de la pobreza, la equidad social, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental.

Los crecientes niveles de urbanización en la región, los efectos del cambio climático, y el impacto que la ausencia del agua limpia tiene en la salud[12] llama a la acción que enfrente de manera urgente  los desafíos que implican mejorar el acceso de individuos y comunidades al agua potable y condiciones de vida higiénicas. A partir de ello, las recomendaciones:

v  Mayor cooperación y participación entre gobiernos, agencias internacionales, organizaciones no-gubernamentales, sector privado, y comunidades; pues el acceso a recursos financieros, capacitación, tecnología, políticas adecuadas son aún barreras que requieren intervención para garantizar el acceso a agua limpia;

v  Incrementar la voluntad política de los gobiernos, la gestión del agua requiere cooperación efectiva entre niveles de gobierno, garantizar el agua como un derecho humano; y el equilibrio entre las  diferentes necesidades y prioridades en la sociedad;

v  Garantizar que el derecho al agua no se limite a ofrecer infraestructuras. Existen desafíos importantes en términos de eficiencia, disponibilidad, calidad, asequibilidad y continuidad. Superarlos requiere la revisión y el perfeccionamiento de los modelos de gobernanza, gestión y financiación;

v  Desarrollar un enfoque territorial, integral , multidisciplinario considerando factores culturales, educativos y científicos en su diferentes dimensiones legales, institucionales y económico, sociales y políticos;

v  Asumir abordajes metodológicos que priorizan el protagonismo comunitario; promueven procesos educativos y de sensibilización en la prácticas concreta (formación en la acción); mejoramiento de las condiciones físicas; reducir las prácticas individuales (o incluso comunitarias) de desperdicio de agua potable; fortalecimiento de capacidad de gestión del servicio; y generación de conocimientos y propuestas para la transformación de las políticas y sistemas que inciden en la problemática.


[2] Para mayor información visitar http://www.revistaciencias.unam.mx

[3] Observación General Nº 15 sobre el Derecho al Agua http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/human_right_to_water.shtml;

[4] Resolución 64/292,

[5] Estado de las Ciudades en América Latina y Caribe, ONU Habitat 2012 p.79

[6] Un espacio para el desarrollo: Los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe, BID; p.2

[7] Debido a las fugas en las redes de distribución urbana se pierde hasta un 50%  del líquido, que equivales a 250 a 500 millones de m3 de pérdida de agua potable al año en las megas ciudades; lo que equivaldría a abastecer alrededor de 10 a 20 millones de personas más en cada gran ciudad. http://www.unesco.org/water/news/newsletter/247_es.shtml y en http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/swm_cities_zaragoza_2010/pdf/facts_and_figures_long_final_spa.pdf

[8] ONU HABITAT 2012, p. 80

[10] Para  mayor información sobre esta experiencia, escriba a: dmoraes@habitatbrasil.org.br; o visite: www.habitatbrasil.org.br

[11] Para  mayor información sobre estas experiencias, escriba a: fmatus@habitatnicaragua.org.ni; o  viste:www.habitatnicaragua.org

[12] UNICEF calcula a nivel mundial que más de 400 millones de niños sufren por una falta de acceso seguro a este recurso. La organización mundial cree que la falta de agua potable contribuye anualmente a la muerte de 1.5 millones de niños menores de 5 años, debido a la diarrea.

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Cada año, unas 10 millones de personas se mueren por la falta de agua limpia y condiciones adecuadas de salubridad. Cinco millón de niños se mueren anualmente por enfermedades de origen hídrico, y un 40 por ciento de la población del mundo carece de servicio sanitario básico.
-Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas

Salud y vivienda
Los peligros a la salud causados por condiciones de vivienda inadecuadas son universales, aunque las condiciones varían de lugar en lugar. Viviendas sobre habitadas, escaso suministro de agua y ventilación y la falta de sanidad contribuyen a la incidencia de enfermedades como el asma y el cólera. Los ambientes degradados de las áreas costeras alrededor del mundo están viendo resurgir enfermedades como la malaria y el dengue.

El suministro asequible de agua potable limpia para beber y para la higiene es una de las necesidades humanas básicas, sin embargo se encuentra fuera del alcance de mil millones de personas en el mundo que viven en la pobreza. Debido a la falta de higiene básica, 2.5 miles de millones de personas son víctimas de numerosas enfermedades causadas por la contaminación del agua subterránea y de la tierra.

Un buen espacio para llamar “hogar”
Son las simples, pero importantes mejoras, las que convierten a una vivienda en un hogar saludable y seguro. El reparar el techo o el piso de una casa, ayuda a que la familia pueda cenar junta en un espacio agradable. Una puerta que se cierre con llave permite que todos puedan asistir a un evento en la comunidad.

Un piso de cemento evita la humedad y el polvo, protegiendo contra las enfermedades respiratorias o padecimientos de la piel. Una buena ventilación en la cocina ayuda contra el asma y otras enfermedades respiratorias. Un simple espacio, adecuado para que los niños estudien, puede ser el factor clave que les permita el éxito escolar.

Con la ayuda otorgada a las familias alrededor del mundo para que mejoren sus condiciones de vida, los programas de Hábitat dan como resultado efectos positivos en la salud, alivian el sufrimiento, y crean un lugar seguro en donde todos pueden crecer.

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Leer: San Andres Saludable y una Aldea Global

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Foto cortesía de Andrés Valenciano.

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