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Sobrevivir a lo peor (English below)

El 12 de enero del 2010, cuando se dio el terremoto, Eunide Eugene tenía cuatro meses de embarazo. Estaba en su casa en Léogâne, cuando ésta se derrumbó sobre ella, atrapándola bajo los escombros.
“Casi morí aquel día”, recordó. “Todo mundo –mis amigos y vecinos –creyeron que yo había muerto. Pero dos personas me sacaron de entre los escombros. Gracias a Dios, el bebé estuva bien”.
En Santo, Eugene se unió a cientos de sus nuevos vecinos que quedaron sin hogar. Más de un año y medio después sigue viviendo allí, cuidando a sus cuatro hijos, a tres sobrinos y a su abuela de 79 años –todos en el mismo albergue de emergencia.
Cada semana ella viaja en un “tap-tap”, uno de los comunes “buses” privados haitianos – que a menudo son pickups destartalados-, al pueblo de Malpasse, cerca de la frontera con República Dominicana, para comprar perfumes, cosméticos y productos de belleza. Los lleva a las abarrotadas calles de Puerto Príncipe, para venderlos a crédito a los vendedores ambulantes. Los miércoles, regresa para cobrar sus humildes ganancias.
El albergue actual de Eugene es terriblemente pequeño para las nueve personas que viven allí.
“No tenemos a dónde ir”, dijo ella. “No tenemos dinero, no tenemos nada”. Una nueva vivienda, dice, ayudará muchísimo a su familia, brindándoles un lugar seguro y adecuado donde vivir y dormir.
Eunide Eugene
Léogane, Haití
Surviving the worst
Eunide Eugene was four months pregnant on January 12, 2010, when the earthquake struck. She was at home in Léogâne, and the concrete house collapsed on top of her, pinning her in the debris.
“I almost died that day,” she recalled. “Everybody—my friends and neighbors—thought I had died. But two people pulled me out. Thank God the baby was OK.”
Eugene joined hundreds of her now-homeless neighbors in Santo. More than a year and a half later, she still lives there, supporting her four children, three nephews and her 79-yearold grandmother, all of whom live in one shelter.
Every week she catches a tap-tap, one of the ubiquitous privately owned Haiti “buses”—frequently just dilapidated pickup trucks—to the town of Malpasse, near the Haitian border with the Dominican Republic, and buys cosmetics, perfume and beauty supplies. She takes them to the teeming streets of Port-au-Prince, and sells them on credit to the sidewalk vendors there. On Wednesdays, she returns to collect her modest profits.
Eugene’s current shelter is painfully small for the nine people who live there.
“We have nowhere else to go,” she said. “We don’t have money, and we don’t have anything else.” The new house, she said, will help her family a great deal, giving them a simple, decent place to live and sleep.
Eunide Eugene
Léogane, Haiti

Después de un año en el campamento (English below)

“Pensé que había perdido a dos de mis hijos. Estaban dentro de la casa cuando esta colapsó”, dijo Chrisler Oibrice de 40 años y padre de cinco: Chrislanda de 14 años; Blondy de 6; Betina de 6; Féguer de 3; y Frantzo de 18 meses.
“Mi esposa y yo estábamos preparando algo para cenar, mientras Chrislanda, Blondy y Bettina jugaban afuera. Cuando comenzó el terremoto, tomé a mi esposa y salimos rápidamente sin tener tiempo de poder buscar a Féguer y a Frantzo”. Gracias a Dios ambos chicos sobrevivieron al desastre.
Con su casa en ruinas, Olibrice recogió todas los pedazos de latas, madera y plástico que encontró para construir un albergue para él y su familia. “Fue difícil vivir dentro del albergue, especialmente cuando llovía”, dijo. “Pasamos noches enteras despiertos”.
La familia pasó más de un año viviendo en este albergue inseguro, en un campamento de emergencia.
“Un día, un representante de Hábitat se acercó y nos dijo que nuestra condición era crítica”, dijo Olibrice. “Le expliqué que estábamos esperando un bebé, y que no sabíamos ni donde ni cómo íbamos a cuidar a este nuevo miembro de la familia”.
Hoy, Olibrice y su familia viven en un alojamiento temporal de Hábitat. Es una de las 1.250 familias que han recibido alojamientos en Cabaret, Haití, gracias al apoyo de la Agencia de EE.UU para la Oficina de Desarrollo Internacional de Asistencia ante Desastres, a través de un sub-financiamiento de “Servicios Católicos de Consuelo” (Catholic Relief Services), el Comité Metodista Unido para Ayuda (United Methodist Committee on Relief) y la colaboración de la Misión Bautista Afroamericana (African-American Baptist Mission Collaboration).
Para hacerse cargo de su familia, Olibrice trabaja diariamente en sus cultivos. Su esposa, Dieutane Joseph, de 40 años, vende lo que producen y otros productos que puedan generar un pequeño ingreso. “Hábitat lo hizo posible, y esta es nuestra mayor bendición del año”, dijo Olibrice. “No sé qué nos proveerá Dios para el futuro, pero lo único que sé es que mi esposa y yo podremos mandar a Chrislanda, a Blondy y a Bettina a la escuela en octubre”.
Chrisler Olibrice
Cabaret, Haití
After a year in the tent camp
“I thought I lost two of my boys. They were inside when our house collapsed,” said Chrisler Olibrice, 40, father of five children: Chrislanda, 14; Blondy, 6; Bettina, 5; Féguer, 3; and Frantzo, 18 months.
“My wife and I were preparing something for dinner. Chrislanda, Blondy and Bettina were playing outside. When the earthquake struck, I grabbed my wife, and we jumped outside without having time to take Féguer and Frantzo.” Thankfully, both boys survived the earthquake.
With his home in ruins, Olibrice gathered up all the metal sheeting, wood and plastic material he could find to build a shelter for his family. “It was hard to live inside it, especially when it rained,” he said. “We spent entire nights awake.”
The family spent more than a year living in their unsafe shelter and surrounding shanty.
“One day, a Habitat surveyor came to me and said that our condition was critical,” Olibrice said. “I explained to him we were expecting a baby, and we didn’t know where or how we were going to take care of this new child in our family.”
Today, Olibrice and his family live in a Habitat transitional shelter. They are one of 1,250 families to receive a shelter in Cabaret thanks to the support of the U.S. Agency for International Development Office for Disaster Assistance through a subgrant from Catholic Relief Services, the United Methodist Committee on Relief, and the African-American Baptist Mission Collaboration.
To take care of his family, each day Olibrice tends his crops. His wife, Dieutane Joseph, 40, sells what their plot of land produces and other things that can bring in some money. “Habitat made it happen, and this is our biggest luck of the year,” Olibrice said. “I don’t know what God will provide us for the future, but the only thing I know is my wife and I will send Chrislanda, Blondy and Bettina to school in October.”
Chrisler Olibrice
Cabaret, Haiti

“Estoy usando mi voz” (English below)

Frantzyse Erisma, de 28 años, es la coordinadora general de la Asociación de Solidaridad de Mujeres, un grupo que ha sido instrumental para el trabajo de Hábitat para la Humanidad en la comunidad de Santo. Erisma y sus hijas, de 6 y 7 años, son una de las familias que se mudarán de tiendas de emergencia a viviendas permanentes después del Proyecto Carter.
“Esta vivienda es muy importante para nuestra familia”, dijo Erisma. “Cuando uno ya tiene casa, solo le pueden suceder cosas buenas. Esto es muy importante”.
La casa que Erisma alquilaba se destruyó con el terremoto de enero de 2011. Ella y sus dos hijas vivieron temporalmente en una carpa de emergencia, luego se pasaron a vivir a una casa de una habitación en Léogâne mientras esperan la construcción de su nueva vivienda en Santo.
“Soy una mujer fuerte, y estoy aquí para ayudar a Hábitat y a la comunidad”, dijo. “Estoy usando mi voz”.
Frantzyse Erisma
Leogáne, Haití
“I am using my voice”
Frantzyse Erisma, 28, is the general coordinator of the Association of Women’s Solidarity, a group that has been instrumental in Habitat’s for Humanity’s work in Santo. Erisma and her daughters, ages 6 and 7, also are among the families who will be moving from tents into permanent homes after the Carter Work Project.
“This house is very important for our family,” Erisma said. “As soon as you have a house, good things can happen for you. This is very important.”
Erisma’s rented house was destroyed in the 2010 earthquake. She and her daughters lived in a tent for a while, but since have moved into a one-room house in Léogâne while they wait for their house to be built in Santo.
“I’m a strong woman, and I’m here to support Habitat and the community,” she said. “I’m using my voice.
Frantzyse Erisma
Leogáne, Haiti
Entrevista › Julie T. Katzman, gerente general del FOMIN
Leer el artículo completo aquí
El FOMIN participará en la reconstrucción de Haití enfocándose en las áreas donde posee ventajas comparativas, como microfinanzas y remesas. Una red de alianzas con el sector privado ya está en marcha, dice su gerente general.
Diego Fonseca / Washington DC, Especial MicAméricas
Febrero 23, 2010
El trabajo del FOMIN para articular respuestas a la crisis humanitaria de Haití ha sido incesante desde que el 12 de enero un terremoto destruyera Port-au-Prince. Julie T. Katzman, la gerente general, creó un grupo especial coordinado por la especialista María Teresa Villanueva e integrado por expertos en microfinanzas, remesas, vivienda y desarrollo de la empresarialidad, entre otras áreas. Ellos deben generar proyectos en alianza con el sector privado para volver a poner en marcha la rueda de la economía haitiana, donde desde antes del terremoto hay 340.000 beneficiarios de 20 proyectos del FOMIN.
Katzman visitó Haití en diciembre de 2009, en un viaje de seis días junto al presidente del BID, Luis Alberto Moreno, para conocer el tipo y la evolución de esos proyectos. “Veías al Haití pre-terremoto y veías al país más pobre y frágil del hemisferio y, cruelmente, veías también una oportunidad para que el FOMIN tuviera un impacto real”, dice Katzman. “Junto al BID vimos entonces una oportunidad de enfocar nuestras intenciones, sin exclusividad, en la capitalización del norte del país, especialmente en turismo”.
Katzman regresó a Washington, DC convencida de que para eso el FOMIN debía apostar a proyectos mucho más grandes que los pequeños emprendimientos que financiaba. Eso fue precisamente lo que discutía en una reunión con 10 ejecutivos de la institución la mañana del 12 de enero. Katzman dialogó con Diego Fonseca, gerente de contenidos de MicAméricas. Estos son los extractos de la conversación.
De http://www.iadb.org/micamericas/section/detail.cfm?id=6605§ionID=SPCAL
Por Falguni Vyas
En la comunidad de Carrefour, justo en las afueras de Puerto Príncipe, lo que solía ser una cancha de futbol, ahora es hogar para 340 personas.
Más de 80 por ciento de Carrefour sufrió daños a causa del terremoto el pasado 12 de enero, el mismo que desplazó a más de un millón de personas. Aquí, las tiendas de campaña se esparcen en las aceras, las isletas de las calles y en cualquier espacio que sobre.
Sorprendentemente, dentro de estos campamentos la vida sigue normal. Escucho risas y el parloteo de la gente. Niños y niñas juegan con suiza; las mujeres cocinan las viandas del día mientras los niños juguetean. Se venden dulces y almuerzos calientes y una iglesia lleva a cabo oraciones todos los días. Con el sol caliente cayendo sobre las variadas y coloridas tiendas, estas comunidades se ven vibrantes e industriosas.
Aquí conozco a Kevvens Sineus y a su madre, Marie Lucy Sineus. Kevvens con sus 10 años, es dulce y sonriente. Su madre le está dando de comer un almuerzo de arroz y frijoles. Marie Lucy conversa con nosotros, explicando que su situación se ha complicado ya que Kevvens perdió su pierna durante el terremoto. Dice que no tenían mucho antes del terremoto y que ahora tienen mucho menos.
Miro a Kevvens y se encuentra riéndose y compartiendo chistes con sus amigos y hace a su madre reír. Él nota una gota de sudor cayendo por la cara de su madre. Él se levanta y se la limpia.
Son grandes los riesgos que presentan estos albergues temporales a las masas de gentes desplazadas. Además de preocupaciones sobre la salubridad y seguridad de estas viviendas, la temporada lluviosa, que se acerca rápidamente, demuestra cómo los albergues son un asunto crítico. Muchas de las ciudadelas se encuentran en zonas bajas, donde las inundaciones amenazan constantemente.
Los deslizamientos de tierra son otra preocupación. Puerto Príncipe está rodeado por cerros y colinas que fueron desestabilizados por el terremoto y pueden ser agravados por las fuertes lluvias.
Los albergues temporales, parte de la segunda etapa del Plan de Respuesta a Terremotos de Hábitat para la Humanidad, pueden que no sirvan como una solución permanente, pero tampoco comprometen la salud o la seguridad de familias como los Sineuses. Estas estructuras básicas tienen un esqueleto de madera y acero. Sus techos de metal y plástico ofrecen una barrera contra la lluvia y el viento.
Los primeros de estos albergues serán enviados a las comunidades de Leogane y Cabaret. Las familias que reciban estos albergues habrán limpiado sus lotes a través de programas como “dinero por trabajo” (Cash for Work).
Como parte de la fase de rehabilitación y limpieza en la recuperación de Haití, el programa “Dinero por trabajo” (Cash for Work) organiza a personas en barrios afectados y ofrece dinero como incentivo a cambio de labor en la limpieza de comunidades.
Haití tiene un largo camino que recorrer hacia la recuperación. Pero el pueblo es fuerte y comprometido. Ellos reconstruirán, y lo harán con una sonrisa.
Falguni Vyas es una especialista de mercadeo para Hábitat para la Humanidad Internacional, localizado en Atlanta.
Gracias a Felipe Gurdian por su apoyo voluntario en la traducción de esta entrada.
Compilado por Shelly Whittet
Para muchos colaboradores de Hábitat para la Humanidad, el trabajo de apoyo para Haití consiste en mecanografiar frenéticamente en sus computadoras o llevar a cabo interminables conferencias telefónicas para lograr más ayuda. Otros, oran en silencio mientras su día a día continua.
Algunos miembros de la familia Hábitat ha trabajado sin cansancio en Haití durante los traicioneros días que le siguieron al terremoto de 7.0 grados.
Con un denso polvo flotando en el aire y el suelo aun retumbando con las réplicas, viajar a Haití fue un acto de verdadera valentía y compromiso. La acción rápida del compasivo e instruido equipo, siempre dispuesto a seguir su llamado, ha empezado a pavimentar el largo camino hacia la recuperación.

Historias de Haití
“Estaba caminando por una improvisada comunidad hecha de telas, cuando una señora me preguntó si me gustaría un vaso de agua. Vi muchas cosas soprendentes, pero lo que más me soprendió fue lo agraciado que es la gente haitiana. Esa no es una historia que estoy viendo cubierta por los medios”.
—Steve Little, Hábitat para la Humanidad América Latina/Caribe
“Estoy sorprendido de la valentía de los haitianos…
“Por ejemplo, el director nacional, Claude Jeudy, presenció cómo su oficina se derrumbaba, literalmente. El se encontraba dentro del edificio cuando sucedió el terremoto. Su vida se vino abajo. Muchos de sus amigos están todavía desaparecidos, sin embargo el continua trabajando duro, ajustándose continuamente, afrontando la atrocidad diaria. La gente de Hábitat, y más aún, la gente de Haití, están trabajando para reconstruir sus vidas.
“En los campos, vimos más sonrisas que lagrimas o por lo menos, mucha aceptación. Debajo de cada edificio hay alguien que conocieron, alguien a quien amaron. Los recuerdos están en todos lados; hasta en el aire. Aún así, la gente continua. Todavía hay gente comprando, vendiendo, bromeando, amando, sobreviviendo.
“La habilidad del espíritu humano es avasalladora, hermosa y aterradora“.
—Chris Mattle, director de imagen y video para HPHI, viernes 22 de enero.
“En general, la gente que nos hemos encontrado parece estar tomando su precaria situación y la de su ciudad lo mejor que pueden. Esto, para mí, es más notable que las tensiones que se han estado reportando constantemente en las noticias”.
—Steffan Hacker, fotógrafo de HPHI, viernes 22 de enero.
“Las historias diarias se presentan a través de los sobrevivientes. Nuestro propio equipo de Hábitat en Haití ha sufrido el impacto, muchos de ellos perdieron a miembros de su familia, otros perdieron sus hogares y muchos se encuentran durmiendo en la calle sin el beneficio básico de una carpa.
“A pesar de su tragedia personal, ellos vienen cada día a la oficina con un renovado sentido de urgencia, propósito y esperanza. Lo veo en sus caras, en las mañanas cuando se juntan en la cocina para su primera taza de café. La energía del día empieza y el espíritu de camarería se respira en el aire de la nueva oficina de Hábitat en Petionville. Lo veo en sus sonrisas mientras les dan la bienvenida a los nuevos voluntarios de Hábitat que vienen de todo el mundo para ayudar a Haití a recuperarse y reconstruirse.
“Espíritus alzándose de los escombros”.
—Dominique Rattner, vocera de HPHI en Haití, martes 26 de enero.
“Todavía hay mucho sufrimiento, gente desesperada por los recursos básicos.
“La distribución de comida y agua está mejorando, pero en toda la ciudad y áreas circundantes dañadas severamente por el terremoto, hay mucha gente aún en espera. Se necesitan con urgencia suplementos médicos. Hablé ayer con dos personas que visitaron tres hospitales diferentes y todos están trabajando con muy pocos recursos.
“Sólo espero que la situación mejore rápidamente. Cada minuto cuenta“.
—Dominique Rattner, martes 26 de enero.
“Entre los cantos de oraciones Haitianos, sobre todo cuando oscurecía y las estrellas en aquel cielo tan oscuro, mis oraciones y rosarios iban y venían sin parar; fue un encuentro mas pero intenso con Dios y podía sentir que cada estrella era una oración que hacían por nosotros, era un descanso espiritual que a pesar de sentir abandono podía al mismo tiempo sentir en el fondo en lo más espiritual de mi ser esas gotas que refrescaban mi alma; solo podían ser….sus oraciones. ¡Que Dios les Bendiga!
“Quiero pedir Paz para la gente de Haití, que se lo merece. No se imaginan lo lindos y educados, sus miradas y gestos amables quedaron grabados en nuestro corazón”.
—Susan Herrera, la nueva Directora de Finanzas de HPH ALC para Haití, en una nota escrita el 16 de enero. Herrera, su esposo y sus dos hijos habían salido Costa Rica para vivir en Haití ocho días antes del terremoto.
Por favor comparta esta dirección y mantenga a Haití en sus pensamientos y oraciones.
Compiled by Shelly Whittet
For many here at Habitat for Humanity, the work to support Haiti includes typing furiously at computers or endless conference calls to pound out details of aid to come. For others, silent prayers for Haiti happen while their day-to-day work continues.
Some in the Habitat family have worked tirelessly inside Haiti during the treacherous days after the magnitude-7.0 earthquake. With dust thick in the air and the ground still rumbling with aftershocks, travel into Haiti was an act of real courage and commitment.
The quick action of compassionate, knowledgeable staff willing to do what they are called to has begun to pave the long road to recovery.

Stories from Haiti
”I was in Haiti two days after the earthquake. Shortly after arriving, I was walking through a community of makeshift tents and shelters, doing my best to capture the the magnitude of the disaster and the astounding number of families who had been left with next to nothing.
“While walking by one of the shelters, a woman asked me if I would like a glass of water.
“I saw a lot of things that surprised me on my trip. But I was most surprised by the graciousness of the Haitian community. That’s a story I’m not seeing covered by the news.”
—Steve Little, HFH LAC Public Awareness Director, Wednesday, Jan. 20
“I’m amazed by the resolve of the Haitian people…
“As an example, the national director, Claude Jeudy, has seen his office crumble—quite literally. He was in the building during the quake. His life has been torn apart. Certainly he has friends missing. But he is working so hard, constantly adjusting, rolling with the daily awfulness. The people of Habitat, and more importantly the people of Haiti, are working to rebuild their lives.
“At the camps, we didn’t see so many tears as we did smiles, or at least acceptance. Under every building is someone they know, someone they love. The reminder is everywhere; it’s in the air. But still they go on. Still there are people buying, selling, joking, loving, surviving.”
“The ability of the human spirit is overwhelming, wonderful and terrifying.”
—Chris Mattle, HFHI manager of film and photo production, Friday, Jan. 22
“At this point I’d have to say how impressed I am with the staff of Habitat Haiti, all of whom have been affected directly and profoundly by the quake yet still come in ready to work, making plans for the organization’s immediate and long-term response. It’s inspiring.
“In fact, generally the people we’ve encountered seem to be handling their extreme situations and the condition of their city as best they can. This is more remarkable to me than the tensions that have been reported so much in the news.”
—Steffan Hacker, HFHI photographer, Friday, Jan. 22
“Every day stories present themselves from survivors. Our own Habitat staff members in Haiti have been impacted, several of them losing family members, others losing their homes, and many sleeping outside without the basic benefit of tents.
“Despite their own personal hardships, they come, each day, to the office with a renewed sense of urgency, purpose and hope. I see it on their faces, in the morning as they gather in the kitchen for their first cup of coffee. The energy of day begins, and the spirit of camaraderie breathes life throughout Habitat’s new office in Petionville. I see it in their smiles as they welcome new Habitat arrivals from around the world who come to help Haiti recover and rebuild: spirits rising from the dust.”
—Dominique Rattner, HFHI media relations representative, Monday, Jan. 25
“There is still immense suffering, with people in desperate need of the basics.
“Distribution of food and water is improving, but many people are still waiting across the city and outlying areas hit hard by the earthquake. Medical supplies are still in dire need. I spoke with two people yesterday who visited three different hospitals, and all of them are working with very few supplies.
“I only hope the situation improves quickly. Every minute counts.”
—Dominique Rattner, Tuesday, Jan. 26
“I sense that people may lose interest soon and their attention will move on to other important things…
“…I really hope they’ll keep the people of Haiti in mind. There’s a lot of work to do down here, and there will be for a long time to come. The struggle has only just begun for so many families.”
—Steffan Hacker, Wednesday, Jan. 27
“In between the Haitians’ sung prayers, especially when it got dark and the stars came out in that very dark sky, my prayers and rosaries rose and fell without stopping…
…it was simply a very intense encounter with God, and I felt that every star was a prayer being sent up for us. It was spiritual support, and despite feeling abandoned, I could still feel to the depths, to the most spiritual part of my being, those drops of water that refreshed my soul, which could only be …people’s prayers. May God bless them all!
“Above all, I wish Haiti peace because it deserves it. You can’t imagine how lovely and thoughtful these people are. Their friendly expressions and gestures will remain forever engraved in our hearts.”
—Susan Herrera, Habitat for Humanity International’s new finance director for Haiti, in a note written Jan. 16. Herrera, her husband and two children had moved to Haiti from Costa Rica eight days before the earthquake.
Dominique Rattner inició su carrera de tiempo completo con Hábitat para la Humanidad Internacional de una manera no muy directa: viajó desde su hogar en Alabama hasta Atlanta, después a Washington D.C. y luego a Miami, todo para poder tomar un vuelo disponible hacía República Dominicana, a esto le siguió un viaje en bus y luego en carro hasta llegar a Haití.
Dominique arribó a Puerto Príncipe, la dañada capital del país, hoy hace ocho días, menos de una semana después del terremoto del 12 de enero, un día que normalmente hubiera sido tranquilo en su oficina del Departamento de Recursos en Atlanta. Debido a su experiencia en comunicaciones y su conocimiento de Haití, Dominique fue “prestada” al Departamento de Comunicaciones y desde su llegada a Puerto Príncipe, ha estado encargándose de los requerimientos de los medios de comunicación, siendo el vocero de Hábitat y organizando entrevistas. Rattner y el fotógrafo de HPHI, Steffan Hacker, con el cual hizo el viaje, tienen planeado su regreso para el final de la semana.
Shelly Whittet, una escritora para HPHI, estuvo intercambiando correspondencia con Rattner para comentar sobre su experiencia.
Q. ¿Puedes contarnos un poco sobre ti y sobre tu experiencia con Hábitat? ¿Y cómo es que sabes hablar Creole?
A. Me involucre con HPH en el año 2003 mientras trabajaba en Eléctricos Schneider, una de las corporaciones asociadas a Hábitat. En mi puesto de encargada de comunicaciones y luego como directora, estuve a cargo de la asociación de la compañía con HPH.
Yo comencé a vivir en Haití en 1982 cuando mi padre, estando en la Embajada Norteamericana, fue designado a Puerto Príncipe. Haití fue mi hogar hasta 1992. Habló inglés y puedo comunicarme en un Creole muy básico.
Q. ¿Cuéntanos, dónde estás viviendo? ¿Cómo consigues agua y comida?
A. Afortunadamente, fuimos bendecidos con un hotel que ya esperaba nuestra llegada – el Hotel Maximum, no muy lejos del aeropuerto. Yo venía preparada para dormir en el piso o en la calle, así que esto fue una gran sorpresa. También traje conmigo agua para tres o cuatro días y barras de granola. A partir de ayer (viernes, 22 de enero) tiendas pequeñas han comenzado a abrir de nuevo cerca de nuestra oficina de Hábitat en Petion-Ville así que ahora puedo reaprovisionarme con agua, galletas, pan, queso y fruta.
Q. ¿Descríbenos lo que has visto?
A. La devastación es inmensa. Desde pequeñas casas de concreto hasta grandes edificios gubernamentales cayeron deshechos al suelo. Muchas casas se han caído deslizadas desde las colinas que serpentean toda ciudad. Otras aún cuelgan precariamente desde los bordes. Es difícil explicarlo con palabras: hay grandes y pequeñas áreas llenas de carpas, algunas en campos abiertos y otras casi escondidas en pequeños claros; las familias duermen en el exterior bajo carpas improvisadas, los bebes y niños duermen cerca de las carreteras bajo sabanas sujetas apenas por largos palos. Muchos duermen en el exterior porque perdieron su hogar, otros por miedo a las réplicas.
Visité brevemente un hospital en la calle Delmas, un área devastada por el terremoto. Los pacientes estaban acostados afuera, en el piso, el corredor lleno de camas y catres – gente de todas las edades con toda clase de heridas. Esta fue una de las escenas más difíciles de presenciar.
Ahora estamos viendo camiones de reparto de agua y unos pocos camiones de basura. Ayer, los supermercados pequeños, sucursales de bancos y oficinas de transferencia de dinero comenzaron a abrir. Las colas se extienden toda una cuadra – la gente necesita desesperadamente dinero. Señoras del campo están llegando en tropel para vender su producto en las aceras (mangos, papas, clementinas (una variedad de la mandarina), pepinos, cebollas verdes, etc.) y están comenzando a surgir pequeños kioscos que venden desde champú hasta baterías. Algunas personas están barriendo sus aceras tratando de regresar a un cierto nivel de normalidad en sus vidas. He visto también gente que empieza a limpiar los lotes con escombros así como a terminar de derribar lo que queda de sus hogares. La vida económica en Haití está comenzando a tomar forma de nuevo.
Q. ¿Qué deberían saber aquellos que no están ahí físicamente, desde la perspectiva de alguien que está ahí presente?
A. Que los haitianos son unas de las personas más valientes, resistentes, amables y pacientes que he conocido en mi vida. Aún enfrentando la tragedia, no pierden la esperanza y la fe. La gente se reúne en los campos a cantar por las noches, en medio de una obscuridad total, cantando juntos como si estuvieran en un escenario, como un coro que levanta los espíritus…esto es algo que nunca olvidaré.
Trasladarse de un lado a otro en Puerto Príncipe en medio del tráfico y los escombros es un reto diario.
(Foto por Steffan Hacker – HPH Internacional)
“Muchos duermen en el exterior porque perdieron su hogar, otros por miedo a las réplicas.” -Dominique Rattner
(Foto por Steve Little – HPH América Latina / Caribe)
En los campamentos, las familias tratan de volver a la vida normal, o a lo que más se asemeje a esta.
(Foto por Steve Little – HPH América Latina / Caribe)
“Los haitianos son unas de las personas más valientes, resistentes, amables y pacientes que he conocido en mi vida.” -Dominique Rattner
(Foto por Steve Little – HPH América Latina / Caribe)
“El proceso de recuperación será largo y retador por lo que necesitaremos apoyo sostenido.” -Jonathan Reckford, CEO Hábitat para la Humanidad Internacional
(Foto por Steve Little – HPH América LAtina / Caribe)
Por favor sigan orando por la gente de Haiti y por los colaboradores de Habitat para la Humanidad que se encuentran allí haciendo lo mejor posible para ayudar bajo circunstancias cada día más desafiantes.
Dona a los esfuerzos de Hábitat para la Humanidad para la recuperación a largo plazo de Haití
Muchas buenas vibras a voluntaria Cariño Garcia por su excelente trabajo ayudandonos a traducir los artículos en estos días…



Gerardo: Hace poco más de cinco años, descubrí en mi experiencia como voluntario de Hábitat para la Humanidad México, dos cosas: uno, el gran potencial que tenemos los jóvenes voluntarios no sólo como mano de obra, sino por la iniciativa que tenemos; y dos, la gran necesidad que hay en el mundo por vivienda digna y desarrollo social.
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