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“Con una población mundial que ha superado este año los 7.000 millones de personas, debemos aprovechar el potencial de cada una de ellas para ayudar a los demás. Cada persona puede generar efectivamente cambios positivos. El voluntariado es importante”.
- Sr. BAN Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas
Durante este año, unas 13.900 personas voluntarias se movilizaron para realizar actividades constructivas con Hábitat para la Humanidad en América Latina y el Caribe. 1.700 más participaron en actividades no constructivas, como defensa de la causa, capacitaciones y otras. De estos más de 15mil voluntarios, unos 10.400 eran locales—personas Latinas y Caribeñas ayudando en sus propias comunidades.
A lo largo del mundo, el espíritu y la solidaridad del voluntariado está creciendo cada vez más. Jóvenes están buscando maneras de apoyar a su comunidad y así asegurar un mejor futuro. Los empresarios están respondiendo al llamado de responsabilidad social corporativo, organizando brigadas de voluntarios para trabajar hombro a hombro con las comunidades donde están ubicadas sus instalaciones. Las familias se están organizando para apoyarse mutuamente entre vecinos. Personas jubiladas también se involucran en las actividades sociales, aportando su experiencia y sabiduría.
El voluntariado es importante.
El Día Internacional del Voluntariado por el Desarrollo Económico y Social (DIV) fue adoptado por las Naciones Unidas en 1985. Desde entonces, los gobiernos, el sistema de la ONU y las organizaciones de la sociedad civil han movilizado voluntarios a lo largo del mundo con el fin de celebrar el día 5 de diciembre (worldvolunteerweb.org).
Sin embargo, la verdadera importancia de celebrar el Día Internacional del Voluntariado hoy, es lo que suceda mañana. Mejorar las vidas de familias alrededor del mundo es un esfuerzo de 365-días el año. Voluntarios Latinos, Caribeños y otros están construyendo una América Latina más solidaria.
En Haití, se siente las voces solidarias del voluntariado…
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Igual en México…
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En República Dominicana, también…
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Nicaragua… presente!
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Pronto habrán más voces solidarias. Y tú… ¿qué construirías?

Pregunta y respuesta con Joe y Hábitat (English below)

Joe Johnston es colaborador del programa de Aldea Global en Americus, Georgia, EE.UU –una de las sedes internacionales de Hábitat para la Humanidad. Todos los días, ayuda a coordinar brigadas de voluntarios estadounidenses con destino a países latinoamericanos y caribeños. Pero en esta ocasión, Joe se hizo voluntario él mismo, liderando no sólo uno, sino dos grupos de voluntarios a Haití para ayudar en la preparación del terreno para el Proyecto Carter. A su regreso, le preguntamos sobre su experiencia.
HPH: ¿Qué sabes de Haití ahora que no sabías antes del terremoto?
Joe: En realidad no sabía mucho de Haití antes de haber viajado allá. Sabía algunas cosas básicas, pero sobre todo siento que el viaje fue una experiencia que me abrió mucho los ojos. Por ejemplo, me sorprendió aprender de la falta de una red eléctrica formal o un sistema de saneamiento—aprendí cuanto carecía la infraestructura de Haití inclusive antes del terremoto. Las cosas más básicas de mi propia vida nunca han sido establecidas en Haití.
HPH: ¿Cómo impacta tu vida, tu trabajo y tus sueños el enfrentar la situación de Haití en carne y hueso?
Joe: El viaje a Haití fue una experiencia increíble. La cultura… el paisaje… la gente… todo súper lindo. Es muy doloroso ver a tantas personas que luchan todos los días solo para sobrevivir. Haití reafirmó mi compromiso a la misión central de Hábitat: brindar acceso a viviendas adecuadas y asequibles para los que más lo necesitan. La experiencia me inspiró a continuar trabajando por un mejor futuro global.
HPH: ¿Por qué fuiste a Haití, porque otros deberían seguir apoyando?
Joe: Viajé a Haití para ser parte de una solución. Tan pronto que me enteré de que Hábitat iba movilizar brigadas de voluntarios a Haití, me alisté para unirme a una. Luego del viaje, me ofrecí para liderar otra por la increíble experiencia que era. Quiero seguir siendo parte de este esfuerzo por todo el tiempo que me sea posible. Me ha motivado a compartir mi experiencia con otros y recolectar fondos para el programa de Hábitat en Haití. Estoy convencido que otros deben seguir apoyando la recuperación de Haití, como parte de la construcción de una mejor comunidad global. Los haitianos carecen de nuestro apoyo, y por mi parte, estoy listo para ayudarles a reconstruir.
HPH: ¿Cómo has visto que los haitianos son parte de la solución?
Joe: En Leogáne, vi la comunidad de Santo trabajando arduamente para construir sus hogares. Trabajaron en equipo. Hicieron cualquier cosa y toda cosa que se tenía que hacer. Nuestra brigada tuvo la oportunidad de trabajar hombro a hombro con ellos, compartiendo el sudor y la risa. Fue una experiencia muy enriquecedora. No dudo que a esta gente tendrá un futuro sólido.
Joe Johnston
Americus, Georgia, EE.UU
Q & A with Joe and Habitat for Humanity

Joe Johnston works with the Global Village program in Americus, Georgia, U.S.A. –one of Habitat for Humanity’s global headquarters. Each day, Joe helps coordinate volunteer teams from the United States traveling to Latin American and Caribbean countries. On this occasion, however, Joe became a volunteer himself, leading not one, but two teams to Haiti to help prepare ground for the Carter Work Project. We asked Joe a few questions about what he learned.
HFH: What do you know about Haiti now, that you didn’t know before you traveled there?
Joe: Honestly, I did not know very much about Haiti before traveling there. I knew some of the basics, but most of all I feel like this trip was such an eye opening experience. I was amazed to learn of Haiti’s lack of a power grid and sanitation system, for example—that the infrastructure of Haiti was lacking before the earthquake. The things that seem most basic in my own life have never been established here.
HFH: How has experiencing Haiti firsthand impacted you, your life and your dreams?
Joe: The Global Village trip to Haiti was an amazing experience. The culture… the landscape… the people… are all so beautiful. It’s heartbreaking to see so many people struggling everyday just to get by. Haiti further cemented my dedication to Habitat’s central mission of providing decent, affordable shelter to those in need. The experience has inspired me to continue to work for a better global future.
HFH: Why did you travel to Haiti, and why should others continue to support its recovery?
Joe: I traveled to Haiti to become part of a solution. As soon as I heard that we would be sending these Global Village teams to Haiti I was ready to be a part of one. I’ve volunteered to lead another trip to Haiti because of what I experienced. I would like to continue to be a part of this effort for as long as I can. I have been motivated to share my experience and raise funds for Habitat’s program in Haiti. Others should continue to support Haiti’s recovery as part of building a better global community. The Haitians need our support, and I am ready to help them rebuild.
HFH: How have you seen the Haitian people being part of their own solution?
Joe: In Leogane, I witnessed the people from the Santo community working hard to get their homes built. They worked as a team. They did anything and everything that needed doing. Our team was able to work alongside them and share sweat and laughter. It was a very rewarding experience. I have no doubt that these people will create a great future for themselves.
Joe Johnston
Americus, Georgia, U.S.A.

Después de un año en el campamento (English below)

“Pensé que había perdido a dos de mis hijos. Estaban dentro de la casa cuando esta colapsó”, dijo Chrisler Oibrice de 40 años y padre de cinco: Chrislanda de 14 años; Blondy de 6; Betina de 6; Féguer de 3; y Frantzo de 18 meses.
“Mi esposa y yo estábamos preparando algo para cenar, mientras Chrislanda, Blondy y Bettina jugaban afuera. Cuando comenzó el terremoto, tomé a mi esposa y salimos rápidamente sin tener tiempo de poder buscar a Féguer y a Frantzo”. Gracias a Dios ambos chicos sobrevivieron al desastre.
Con su casa en ruinas, Olibrice recogió todas los pedazos de latas, madera y plástico que encontró para construir un albergue para él y su familia. “Fue difícil vivir dentro del albergue, especialmente cuando llovía”, dijo. “Pasamos noches enteras despiertos”.
La familia pasó más de un año viviendo en este albergue inseguro, en un campamento de emergencia.
“Un día, un representante de Hábitat se acercó y nos dijo que nuestra condición era crítica”, dijo Olibrice. “Le expliqué que estábamos esperando un bebé, y que no sabíamos ni donde ni cómo íbamos a cuidar a este nuevo miembro de la familia”.
Hoy, Olibrice y su familia viven en un alojamiento temporal de Hábitat. Es una de las 1.250 familias que han recibido alojamientos en Cabaret, Haití, gracias al apoyo de la Agencia de EE.UU para la Oficina de Desarrollo Internacional de Asistencia ante Desastres, a través de un sub-financiamiento de “Servicios Católicos de Consuelo” (Catholic Relief Services), el Comité Metodista Unido para Ayuda (United Methodist Committee on Relief) y la colaboración de la Misión Bautista Afroamericana (African-American Baptist Mission Collaboration).
Para hacerse cargo de su familia, Olibrice trabaja diariamente en sus cultivos. Su esposa, Dieutane Joseph, de 40 años, vende lo que producen y otros productos que puedan generar un pequeño ingreso. “Hábitat lo hizo posible, y esta es nuestra mayor bendición del año”, dijo Olibrice. “No sé qué nos proveerá Dios para el futuro, pero lo único que sé es que mi esposa y yo podremos mandar a Chrislanda, a Blondy y a Bettina a la escuela en octubre”.
Chrisler Olibrice
Cabaret, Haití
After a year in the tent camp
“I thought I lost two of my boys. They were inside when our house collapsed,” said Chrisler Olibrice, 40, father of five children: Chrislanda, 14; Blondy, 6; Bettina, 5; Féguer, 3; and Frantzo, 18 months.
“My wife and I were preparing something for dinner. Chrislanda, Blondy and Bettina were playing outside. When the earthquake struck, I grabbed my wife, and we jumped outside without having time to take Féguer and Frantzo.” Thankfully, both boys survived the earthquake.
With his home in ruins, Olibrice gathered up all the metal sheeting, wood and plastic material he could find to build a shelter for his family. “It was hard to live inside it, especially when it rained,” he said. “We spent entire nights awake.”
The family spent more than a year living in their unsafe shelter and surrounding shanty.
“One day, a Habitat surveyor came to me and said that our condition was critical,” Olibrice said. “I explained to him we were expecting a baby, and we didn’t know where or how we were going to take care of this new child in our family.”
Today, Olibrice and his family live in a Habitat transitional shelter. They are one of 1,250 families to receive a shelter in Cabaret thanks to the support of the U.S. Agency for International Development Office for Disaster Assistance through a subgrant from Catholic Relief Services, the United Methodist Committee on Relief, and the African-American Baptist Mission Collaboration.
To take care of his family, each day Olibrice tends his crops. His wife, Dieutane Joseph, 40, sells what their plot of land produces and other things that can bring in some money. “Habitat made it happen, and this is our biggest luck of the year,” Olibrice said. “I don’t know what God will provide us for the future, but the only thing I know is my wife and I will send Chrislanda, Blondy and Bettina to school in October.”
Chrisler Olibrice
Cabaret, Haiti

“Estoy usando mi voz” (English below)

Frantzyse Erisma, de 28 años, es la coordinadora general de la Asociación de Solidaridad de Mujeres, un grupo que ha sido instrumental para el trabajo de Hábitat para la Humanidad en la comunidad de Santo. Erisma y sus hijas, de 6 y 7 años, son una de las familias que se mudarán de tiendas de emergencia a viviendas permanentes después del Proyecto Carter.
“Esta vivienda es muy importante para nuestra familia”, dijo Erisma. “Cuando uno ya tiene casa, solo le pueden suceder cosas buenas. Esto es muy importante”.
La casa que Erisma alquilaba se destruyó con el terremoto de enero de 2011. Ella y sus dos hijas vivieron temporalmente en una carpa de emergencia, luego se pasaron a vivir a una casa de una habitación en Léogâne mientras esperan la construcción de su nueva vivienda en Santo.
“Soy una mujer fuerte, y estoy aquí para ayudar a Hábitat y a la comunidad”, dijo. “Estoy usando mi voz”.
Frantzyse Erisma
Leogáne, Haití
“I am using my voice”
Frantzyse Erisma, 28, is the general coordinator of the Association of Women’s Solidarity, a group that has been instrumental in Habitat’s for Humanity’s work in Santo. Erisma and her daughters, ages 6 and 7, also are among the families who will be moving from tents into permanent homes after the Carter Work Project.
“This house is very important for our family,” Erisma said. “As soon as you have a house, good things can happen for you. This is very important.”
Erisma’s rented house was destroyed in the 2010 earthquake. She and her daughters lived in a tent for a while, but since have moved into a one-room house in Léogâne while they wait for their house to be built in Santo.
“I’m a strong woman, and I’m here to support Habitat and the community,” she said. “I’m using my voice.
Frantzyse Erisma
Leogáne, Haiti

La historia de Patty
Patty de Arcia, una chica “común” de El Salvador, preparó las maletas para viajar a Haití. ¿Cómo lo logró? Recaudando fondos de sus amigos, familiares, conocidos y desconocidos, para que a esas personas tuvieron la misma oportunidad que ella de unirse a la causa.
Volver a Voces de Haití
Patty’s story
Patty de Arcia, a “regular” girl from El Salvador, packed her bags and traveled to Haiti to help rebuild after the 2010 earthquake. How did she do it? By raising funds from friends, family, colleagues and strangers, so that they could have the same opportunity that she did to support the cause.
Return to Voices from Haiti
Por Francisco Leguizamón, D.B.A.
Hace un par de meses tuve la fortuna de escuchar a Bernardo Klisberg, ciudadano latinoamericano, que junto con Amartya Sen, premio Nóbel de Economía 1998, escribieron el libro: “Primero la gente,” el cual constituye una mirada desde la ética del desarrollo a los problemas del mundo globalizado. Como voluntario de Habitatat para la Humanidad de Costa Rica, estaba muy interesado en escuchar las palabras de un experto en el tema para luego compartirlas con mis colegas. Creo que todos los que asistimos quedamos no solo gratamente impresionados sino fuertemente motivados para promover el voluntariado en todas las formas posibles.
En efecto, durante su conferencia, Klisberg hizo una verdadera apología del voluntariado en América Latina. Sus afirmaciones, conclusiones y recomendaciones no fueron retóricas, sino cuidadosamente elaboradas con base en investigación seria. A continuación transcribo y hago un breve comentario sobre lo que él denominó las siete tesis sobre el Voluntariado en América Latina. Klisberg comienza colocándonos frente a una aparente paradoja sobre los voluntarios, “si no tienen incentivos económicos, ni actúan en el mercado, qué se puede esperar de ellos.- Según la mirada de los más ortodoxos economistas - serán marginales, y además ineficientes casi por definición.”
A partir de esta consideración, propone una forma de resolver la paradoja, mediante una mirada lúcida, poderosa, invitadora, no convencional, del rol del voluntariado latinoamericano, en su contribución al desarrollo.
El voluntariado es un gran productor de bienes y servicios sociales. En efecto, se estima que en América Latina existe un millón de organizaciones apoyadas por el trabajo voluntario, que actúan en diferentes campos: desde servicios de emergencia, pasando por necesidades básicas, medio ambiente, capacitación, hasta derechos humanos y procesos de paz. El territorio, proclive a muchos conflictos de diversa índole, constituye pues un campo fértil para el voluntariado. En Brasil, el aporte de la sociedad apoyada en el voluntariado supera el 2% del PIB. Recientemente el Presidente de Costa Rica, el Dr Oscar Arias, hizo un reconocimiento a la labor de Habitat en Costa Rica durante la ceremonia de inauguración del Proyecto Tambor, el cual, mediante la contribución de la empresa Florida Bebidas y más de mil voluntarios ayudó a resolver el problema de vivienda a damnificados del terremoto de Cinchona.
El Voluntariado es un constructor de capital social. Conforme Albert Hischaman, el capital social cuanto más se usa más crece. En sus palabras “El amor o el civismo no son recursos limitados o fijos, como pueden ser otros factores de la producción: son recursos cuya disponibilidad, lejos de disminuir, aumenta con el empleo.” Costa Rica en general, y Habitat para la Humanidad constituyen una buena demostración de la capacidad de sus habitantes para responder con vigor y presteza a sus compatriotas en situaciones de necesidad.
Es una falacia oponer Estado y voluntariado. El Estado, por definición, es considerado como el principal responsable de la atención a las causas sociales. La historia latinoamericana nos ha enseñado que esa responsabilidad no ha sido suficiente para alcanzar el propósito del desarrollo. Los países que han conseguido un desarrollo relativo mayor nos presentan un modelo en el que los esfuerzos conjuntos entre las instituciones de gobierno, y la sociedad civil organizada y apoyada por el voluntariado, contribuyeron efectivamente para alcanzar los objetivos propuestos. Klisberg afirma que la región debe superar la cultura de falsas oposiciones y prejuicios mutuos. Costa Rica constituye un buen ejemplo de alejamiento de esta falacia. El gobierno atiende en colaboración con organizaciones voluntarias problemas como el de déficit de viviendas, mediante proyectos en que actúan como socios frente a un desafío común.
El Voluntariado está movido por una fuerza poderosa, el compromiso ético. Klisberg pronostica que “en una región como América Latina que siempre se ha caracterizado por estar bullente de ideales, la chispa del voluntariado puede encenderse con amplitud, porque el ambiente de fondo es propicio.”
En un estudio de la Universidad de Michigan, se encontró que entre quienes donaban había un 43% más de probabilidad de considerarse felices que quienes no lo hacían. Tal vez por eso, Costa Rica ocupa un lugar privilegiado entre los países “más felices” del continente. Esa misma apreciación de satisfacción personal la he apreciado entre los voluntarios locales y extranjeros que apoyan los proyectos de construcción de vivienda que realiza Habitat.
Está surgiendo una nueva forma de voluntariado, el Voluntariado constructor de ciudadanía y participación. Klisberg afirma que el voluntariado está en primera fila en la lucha por la ciudadanía ampliada, y que las experiencias son muy alentadoras, como la de “Villa El Salvador en el Perú, experiencia de 350.000 pobres que en base a su trabajo voluntario crearon un municipio entero, construyeron sus calles, sus escuelas, sus centros de salud, su vialidad, sobre bases autogestionarias, y lograron mejorar fuertemente las condiciones de vida básica…el voluntariado de la Villa fue decisivo. Sin la cantidad enorme de horas trabajadas de modo voluntario todo el proyecto habría sido imposible.” A medida que se consolida y amplia la experiencia, los proyectos de Habitat apuntan hacia la construcción de comunidad, que va más allá de la solución técnica que proporciona una vivienda digna.
Los logros del voluntariado en América Latina han sido reconocibles a pesar de que recién empieza a conformarse. No obstante no contar todavía con un apoyo a nivel de la educación primaria como sucede en otros lugares del mundo, resulta reconfortante observar la cantidad y variedad de organizaciones sin fines de lucro cuyos resultados descansan en el voluntariado, y que están contribuyendo significativamente en América Latina. La lista parece interminable. El lector seguramente está familiarizado por lo menos con una veintena en su propio país, y ya tal vez participa en una de ellas. Costa Rica no se queda atrás en el crecimiento, fortalecimiento y diversidad de actividades solidarias que ocupan cada vez, más tiempo y energía de sus habitantes, particularmente los más jóvenes.
El voluntariado todavía no ha dicho lo que tiene que decir en América Latina. Las palabras de klisberg son a las vez invitadoras y retadoras. Nos pregunta: ¿Es utópico creer en el voluntariado? Y el mismo responde “De ningún modo. Está en las raíces de las convicciones éticas y espirituales de los latinoamericanos” y propone un último ejemplo. “ Los Aymarás, una de las civilizaciones más antiguas del continente, distinguen entre “bienestar” que significa tener bienes materiales y “bienvivir” que significa sentirse conforme con uno mismo por optar siempre por el bien y percibir que los demás lo ven así como “una buena persona”. Plantean que el “bienestar no garantiza el “bienvivir” y que éste es un estado humano muy superior.” Considero que los colegas en Habitat, así como los amigos que comparten un esfuerzo voluntario en otras organizaciones, pueden afirmar que viven y comparte el trabajo con “personas buenas.”
Incorporar estas nuevas ideas y reflexiones, compartirlas y divulgarlas, probablemente ayudará a superar los mitos sobre el voluntariado y facilitará la multiplicación de su número donde quiera que se los necesite, y a superar con éxito las barreras que dificultan nuestro desarrollo como región.





Gerardo: Hace poco más de cinco años, descubrí en mi experiencia como voluntario de Hábitat para la Humanidad México, dos cosas: uno, el gran potencial que tenemos los jóvenes voluntarios no sólo como mano de obra, sino por la iniciativa que tenemos; y dos, la gran necesidad que hay en el mundo por vivienda digna y desarrollo social.
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